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Ese mar de fueguitos que brilla en “la era de la estupidez”

Este fin de año es distinto a otros. El ambiente se satura de ruidos, que dan cuenta de una múltiple colonización. Ya no sólo participa la eurocéntrica -importada del medio oriente- que trajo a “Abya Yala” la mirada cristiana, con su relato del Niño Dios y su buena nueva de que la humanidad sería guiada por el amor (“incluso a los enemigos”). Ya no sólo participa la colonización del mercado que desplazó aquella historia de Belén por la del Santa Clos; ese señor vestido de rojo, rodeado de renos, duendes y monos de nieve, con su “magia” de convertir al aguinaldo en regalos y que destapa “la chispa de la felicidad”, que sólo Coca-Cola puede dar.

La colonización más poderosa hoy es la de las pantallas. Ya no importa tanto si compramos o no, pues “todo mundo” puede monetarizar sus videos en las redes; basta con conseguir muchos “likes”. Lo que importa ahora es que la gente se entregue acríticamente a esa tercera guerra mundial, que pulveriza a la humanidad en rabiosos partidarios de derecha, de izquierda o del “centro neutral”; que enfrenta a todas, todes, todos, tod@s, todxs, tod8s, contra todas, todes, todos, tod@s, todxs, tod8s en el más feroz individualismo; una guerra en la que cada facción denuncia las múltiples contradicciones de las demás, sin reconocerlas propias.

En esa guerra, la verdad pierde valor para abrir paso a la más burda libertad de mentir, y el principio de autoridad se derrumba, cuando una y otra vez quedan al descubierto esos gobiernos (de cualquier partido) que participan de la delincuencia organizada; que ocultan cajas chicas; que traicionan; que agreden a quienes estorban por ser pobres (y más fáciles de doblegar); que simulan democracia, cuando en los hechos se someten a las decisiones del gran capital…

En este río revuelto, mucha gente busca a qué aferrarse; vuelve la mirada hacia sus líderes, sacerdotes, profesores, sin lograr orientación, pues la mayoría parece también confundida o enfrascada en sus propios conflictos. Las heroínas o los héroes televisivos se vuelven entonces sus principales referentes. Con ellos aprenden que, en este mundo tan desigual, el vano esfuerzo por progresar justifica la transa de quienes fueron excluidos, y la búsqueda de justicia da paso al revanchismo.

La colonización de las pantallas lleva a olvidar que somos sujetos sociales y pensantes. En esta amnesia, se debilita la capacidad organizativa para detener los múltiples saqueos de que venimos siendo objeto, desde hace varios siglos. También flaquea la convicción de que podemos construir otro mundo distinto al que está estallando.

En este contexto, la insistente advertencia en las redes de que nos encontramos en la “era de la estupidez”, puede llevar a la rendición ante la “evidencia de esta realidad que se nos impone”. Más vale voltear hacia otro lado, ignorar lo que sucede, entregarse a la evasión y no sufrir.

Sólo cuestionando ese sentido común dominante, lograremos reconocer (como hizo E. Galeano, citando a aquel hombre de Neguá, Colombia), que, en medio de este panorama tan negro, hay en el mundo: “un montón de gente, un mar de fueguitos y cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y chicos y de todos los colores. Hay gente de fuego sereno que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros, arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

En este mar de fueguitos brillan personas y organizaciones -no abstractas, sino vitales, con las que interactúo cotidianamente- que no sólo están convencidas de que otro mundo es posible, sino que practican múltiples formas creativas de construirlo, de relacionarse, cuidándose mutuamente y cuidando a la naturaleza.

Por ellas podemos sentir agradecimiento y esperanza en que el 2026 será mejor.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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