Opinión

Espiritualidad pragmática

La búsqueda de la verdad parte siempre de la ignorancia para luego, muy pronto, ignorar que ignoramos proclamando nuestros ensayos de interpretación como verdades incontrovertibles.

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

El papa vino a lo suyo, y lo suyo es la espiritualidad pragmática, la del cálculo político, la diplomacia y la inteligencia emocional. Si algún cambio provocó, sucedió ahí en la experiencia religiosa individual. Nada masivo, nada estructural. Eclesiastés.

No me cuento entre los que esperaban un pronunciamiento del papa Francisco respecto al tema de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, símbolo –ni más importante ni menos que otros actos aterradores- del dolor y el sufrimiento y de la complicidad entre el crimen organizado y el poder político. Otros tantos exigían una condena enérgica contra la pederastia clerical y los abusos sexuales encubiertos por la Iglesia.

Era claro que para los que esperaban tales pronunciamientos, si no se daban, y no se dieron, el resto de los temas carecerían de interés sin merecer mínimas consideraciones y análisis.

Los fines que perseguimos los seres humanos no son homogéneos, no tenemos la misma opinión ni hacemos el mismo uso, por ejemplo, de la libertad, la felicidad, la igualdad, la justicia. El telón de fondo es la gran diversidad de interpretaciones que le imputamos al mundo y luego, en un acto de ilusionismo, aseguramos (y creemos como si nada) que tal imputación no es otra cosa que la mismísima realidad.

Incapaces de pactar y respetar los pactos, de conceder para prevenir la destrucción de bienes comunes y tejidos sociales, triunfa el entusiasmo fragmentado de los ideales. Mientras más duros más frágiles, menos generosidad colectiva.

En el reino del deseo llamado capitalismo, no se puede tener todo lo que se desea, ni en la práctica, ni en la teoría, dijo algunas veces Isaiah Berlín. Afanarse en un solo ideal que se cree único y verdadero para la humanidad, siempre conduce a la violencia, y luego a la destrucción y al derramamiento de sangre. La inteligencia sucumbe al dogma a veces sin saberlo, sin querer saberlo otras tantas.

La justicia siempre ha sido un ideal de la humanidad, pero hoy mismo tenemos cuatro o cinco grandes sistemas erigidos en distintas definiciones de justicia. La búsqueda de la verdad parte siempre de la ignorancia para luego, muy pronto, ignorar que ignoramos proclamando nuestros ensayos de interpretación como verdades incontrovertibles.

Al perseguir los valores humanos “universales”,  se soslayan compromisos, equilibrios, lentos procesos, medidas para evitar sufrimiento ajeno.

Dice Berlín: Te doy tanta libertad a cambio de tanta equidad; tanta expresión individual a cambio de tanta seguridad; tanta justicia a cambio de tanta conmiseración. Lo que quiero decir es que algunos valores chocan entre sí.

Estar convencido de que existe una solución para todos los problemas humanos, de que somos capaces de concebir tales soluciones desemboca en la creencia de que solo hay que aplicarlas, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. La violencia emerge, invade, ocupa incluso los pensamientos de los ecuánimes.

El sermón:

El papa fue duro con las élites y la (su) corrupción: “La experiencia nos demuestra que, cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”; “Adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan sólo para mí o para los míos. Es tener el pan a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida…”.

(Marcos 10:5: Y los discípulos se asombraron de sus palabras. Pero Jesús respondiendo de nuevo, les dijo: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios. Ellos se asombraron aún más, diciendo entre sí: ¿Y quién podrá salvarse?)

(ver Isaiah Berlin: Mensaje al siglo XXI)

@rivonrl

 

 

 

 

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