Opinión

Estado policiaco versus educación reflexiva

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

En una investigación muy conocida en el campo de la didáctica, “La edad del capitán, el error matemático” (1985), Stella Baruk demuestra que, en ciertas condiciones de enseñanza formalista (o “domesticadora”, diría Freire), a mayor escolaridad, se cometen más errores y parece disminuir la capacidad de razonamiento o sentido común.

El error matemático aparece consistente, cuando a una amplia muestra de estudiantes de primaria se le propone un falso problema (por ejemplo: “en un barco hay 180 cabras, 130 vacas y 87 borregos; ¿cuál es la edad del capitán?”). Los chicos examinados, sin reconocer el absurdo, presentan conductas irracionales como sumar o restar los números implicados, para dar alguna respuesta.

Dicha investigación inspiró muchas otras (incluido un ejercicio que yo misma realicé con niños de 5º de primaria), en las que variaban los planteamientos, pero no los resultados. Los investigadores concluyen que hay una influencia “decisiva” de la enseñanza alienadora, sobre la concepción que tienen los alumnos de la aritmética, como “un juego rígido con reglas artificiales y sin conexión con la realidad”. La escuela domesticadora acostumbra a los estudiantes a realizar actividades sin sentido, sólo por responder a la autoridad de sus maestros. En otro contexto, Alberto Merani, psicológo argentino, reporta un caso similar: Una niña muy pobre, descalza y andrajosa recita en un aula deprimente: “Argentina es el país más rico de América, primer productor de plata y granos. ¡Qué orgullo me da mi país!”. La chica no reconoce ni su propia miseria, ni la que la rodea, no sólo por su temprana edad, sino por la educación que recibe.

Guy Brousseau, especialista en didáctica de las matemáticas encuentra que el tipo de relaciones que se establecen entre profesores y estudiantes (contrato didáctico) condiciona lo que los últimos aprenden. Un contrato didáctico autoritario y formalista genera aprendizajes muy distintos a otro, que impulsa la reflexión crítica.

La alienación no se resuelve necesariamente con una mayor edad ni con mayores niveles de escolaridad. Diversos expertos en economía, como Paul Krugman o Kaushik Basu, denuncian cómo sus colegas (incluso premios Nobel) se enredan en sofisticados algoritmos sin reconocer algo tan simple como que la excesiva concentración de la riqueza en un polo social, provoca hambre en el otro.

Una educación reflexiva requiere que los profesores mismos lo sean, que dominen su materia, que sepan cómo son los procesos de aprendizaje de los chicos y las dificultades que enfrentan; requiere además de un diseño didáctico muy cuidado, capaz de ofrecer a los alumnos situaciones desafiantes, adecuadas a su nivel cognitivo.

Esto implica tiempo de estudio, preparación y libertad para poder adecuar la enseñanza a las condiciones específicas de los estudiantes, pero, sobre todo, que maestros y alumnos logren entablar una muy buena comunicación.

¿Cómo lograrán promover un aprendizaje significativo los profesores, tan saturados, asediados, agredidos, y aterrados por un Estado tan tirano como el nuestro?; ¿cómo conmoverán a esos niños, a quienes la escuela resulta tan ajena y anodina, por las condiciones tan precarias, alienantes y violentas que padecen, dentro y fuera de ella?

Pasma la noticia del empleo de 6 mil policías federales para controlar un examen de docentes en Guerrero (¡3 agentes por maestro!).

¿Qué saben de educación, Nuño Mayer u Osorio Chong, como para imponer su reforma, a fuerza de tan brutal aparato? ¿No tendría este hecho que llevar forzosamente a la reflexión de que algo anda mal en su estrategia? La indignación y la protesta, en este contexto son signo de salud, no de necedad.

Quienes dirigen el sistema escolar (en cualquier nivel), y aceptan tal represión, revelan: o que están aterrados, o tan alienados como esos chicos, que no logran reconocer el sinsentido de los falsos problemas, o que son tan perversos, que no dudan en mentir (como han denunciado varios expertos), ni en destruir a millones de mexicanos, que están siendo afectados por tan torpe reforma.

Cualquier opción resulta altamente preocupante.

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