ColumnistasDestacadasEducación alternativa: ¿acierto o error?Opinión

Exámenes estandarizados versus evaluación formativa, ¿contradicción insalvable?

Los exámenes y otras formas de evaluación escolar siempre han generado debates. Por eso vale revisar la historia y analizar lo que está detrás.

Los primeros exámenes surgieron en China, s. VII, para seleccionar a funcionarios del gobierno. En Occidente aparecieron como catecismos, para enseñar la doctrina cristiana (Astete y Ripalda, 1618). Un catecismo es un “compendio simple de lo que un cristiano debe saber y cumplir para salvarse”; una forma de instruir que implica memorizar preguntas y respuestas sencillas. Esta técnica resultó tan efectiva que pronto se convirtió en guía básica para enseñar las asignaturas escolares.

En México, los catecismos se utilizaron toda la Colonia y se tradujeron a varias lenguas indígenas.

En el siglo XIX, con la Revolución Industrial y el tránsito de la educación elitista a la de masas, aparecieron las “pruebas comunes”, como requisito para ingresar a las universidades, no solo miembros de la nobleza, sino quienes demostraran ciertos méritos. Luego proliferaron para medir el rendimiento escolar y disminuir el caos que había entonces. También se usaron para ubicar a personal del ejército en diversos puestos.

En los últimos 100 años, aprovechando el desarrollo tecnológico cada vez más avanzado, se han ido sofisticando hasta llegar a las conocidas pruebas de opción múltiple.

Aunque hoy nos rasguemos las vestiduras “por lo atrasada que está la educación”, “porque los gobiernos de la 4T desmantelaron al Instituto Nacional de Evaluación” y “porque volvimos a reprobar PISA”…, hay que decir que los exámenes estandarizados han servido a la meritocracia para justificar “científicamente” la jerarquización, el castigo y la exclusión de los “ineptos”, induciendo la falsa creencia de que, a mayor sobrecarga de trabajo o mejores calificaciones, mayores probabilidades hay de ascender en la escala social.

El miedo que esto provoca incide en reducir la enseñanza a la preparación de exámenes, mediante guías simples de pregunta-respuesta que se compran en cualquier papelería. En el fondo prevalece la lógica catequística: “Memorizar todo lo que se debe saber (según los diseñadores del examen) para salvarse”.

Desde el inicio del s. XX, la mayoría de promotores de escuelas “nuevas”, “activas” o “alternativas” vienen denunciando esto, y proponiendo en cambio la evaluación formativa. John Dewey (1922) señaló: “Esta preocupación mecánica e industrializada por los promedios y porcentajes subordina la educación y las estructuras sociales a la lógica clasificadora de inferioridad y superioridad”.

El currículum oculto (o lo que se enseña sin decir nada) tras la forma tradicional o neoliberal de aplicar exámenes, conduce a la soberbia de algunos, a la humillación, sentimientos de inferioridad y envidia de otros, a la corrupción o “necesidad” de hacer trampa por pavor a quedar en evidencia o ser excluidos, etc. Por eso “las calificaciones son siempre un error y nunca consiguen el objetivo buscado”.

La NEM buscó superar todo esto, promoviendo también la evaluación formativa, al reconocer: “que niñas y niños son seres activos y pensantes, que gustan del trabajo, los desafíos, el esfuerzo y la disciplina, si estos tienen sentido; que la memoria es valiosa solo si se vincula a la vida; que a nadie le gusta que lo controlen, humillen, castiguen, le manden autoritariamente o actúen como robot; que todos queremos tener éxito y los fracasos recurrentes inhiben o destruyen el entusiasmo” (C. Freinet). Sin embargo, a la vez, la NEM sigue sometida a la OCDE y a sus exámenes estandarizados.

¿Cómo resuelve tal contradicción la educación popular alternativa, que busca “educar para la vida”?

Habrá que reconocer que los exámenes son parte del sistema dominante y no pueden simplemente evadirse, pero tampoco deben estar por encima del saber pedagógico.

Más que desecharlos, pueden emplearse en la evaluación formativa para provocar reflexión crítica, analizando colectivamente su estructura, su utilidad, origen y consecuencias.

Esto hicieron los estudiantes de la Escuela de Barbiana en Italia, quienes compartieron su experiencia en “Carta a una profesora”, obra que todo docente crítico debiera conocer y debatir.

maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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