Existir en Voz Propia: Reflexiones Sobre la Visibilidad Trans

Cada 31 de marzo el mundo conmemora el Día Internacional de la Visibilidad Trans. Es una fecha que, a diferencia de muchas otras dentro del calendario de los derechos humanos, no nació del duelo sino de la afirmación: fue creada en 2009 por la activista Rachel Crandall precisamente para contrarrestar la ausencia de espacios dedicados a celebrar la vida y los logros de las personas trans, no solo a llorar sus pérdidas.
Esa distinción importa. Porque hablar de visibilidad trans no es únicamente hablar de cuántas personas se atreven a mostrarse tal como son; es hablar de las condiciones que una sociedad -y una institución- construye o destruye para que esa existencia sea posible, digna y plena.
Ser visible no debería ser un acto de valentía. Y, sin embargo, para millones de personas trans en el mundo, y en México, salir al mundo con el nombre propio, con el cuerpo habitado, con la identidad reconocida, sigue implicando un riesgo real. Riesgo de rechazo familiar, de violencia en espacios públicos, de exclusión del sistema educativo y del mercado laboral, de invisibilización dentro de los propios sistemas de salud. Nuestro país ocupa, de manera persistente, uno de los primeros lugares mundiales en crímenes de odio contra personas trans, la mayoría de ellas mujeres trans racializadas y en situación de vulnerabilidad económica.
Frente a ese contexto, la universidad no puede permanecer neutral. La Universidad Autónoma de Querétaro tiene la responsabilidad -ética, institucional y comunitaria- de ser un espacio donde la diversidad no sea tolerada sino genuinamente reconocida. Donde una persona trans pueda ser nombrada correctamente en el aula, en los documentos, en los pasillos. Donde los trámites administrativos no se conviertan en obstáculos que violenten la identidad. Donde existan rutas claras de acompañamiento cuando la discriminación ocurre.
Visibilizar es también escuchar. Escuchar las trayectorias de quienes han tenido que negociar su existencia en espacios que no fueron diseñados pensando en ellas, ellos y elles. Escuchar no para consumir el testimonio del otro como objeto de curiosidad, sino para dejarse interpelar, para que esa escucha modifique algo en quien escucha y en las estructuras que habitamos juntes.
Desde la Coordinación de Diversidades y Disidencias Sexuales seguimos apostando por una universidad que construya cultura de paz desde el reconocimiento de las diferencias. Porque una comunidad universitaria que aprende a nombrar bien, a mirar sin reducir, a acompañar sin tutelar, es una comunidad más libre para todas las personas que la conforman, no solo para quienes históricamente han sido excluides.
Este 31 de marzo, que la visibilidad no sea solo un gesto simbólico. Que sea el inicio -o la continuación- de una conversación honesta sobre qué tipo de universidad queremos ser.
Porque la visibilidad cobra su sentido más profundo cuando se ejerce en colectivo, en diálogo, en presencia mutua.
*Coordinadora de Diversidades y Disidencias Sexuales, DIIGEPAZ – UAQ



