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Extractivismo cultural de la Muñeca Lele

Divulgación/ Facultad de Filosofía

Las indígenas del centro de Querétaro cargan sobre su cuerpo la fatiga de jornadas interminables y, aun en el descanso, sufren el asedio de las autoridades que persiguen su sola presencia en el espacio público. No obstante, el discurso institucional contradice esta realidad, pues de acuerdo con el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, la declaratoria de protección de la “Muñeca Lele de Santiago Mexquititlán es un paso muy importante para la protección del trabajo de las artesanas otomíes, lo que impulsará el desarrollo de las comunidades de esas zonas y su retribución económica”. Sin embargo, la supuesta protección está hoy puesta en duda tras las acciones que el propio gobierno ha tomado contra los artesanos que venden sus productos en las calles del centro.

En una segunda contradicción, el Gobierno del Estado de Querétaro ha elegido a la Muñeca Lele como embajadora cultural de la entidad: a través del comunicado No. 023 de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y con la difusión del Grupo Televisa, se promocionó el recorrido internacional de una Lele gigante por Shanghái, Sídney, Londres y Chicago. Se trata de la misma muñeca que se vende desde Monterrey hasta Chiapas, ensalzando la imagen del producto como orgullo de identidad nacional. Pero como en la clásica casa mexicana, la puerta de afuera no cuenta lo que pasa adentro: mientras la muñeca recorre el mundo, las y los artesanos que la crean son dejados de lado, invisibilizados en la cadena de valor que ellos mismos generan.

Por si esto fuera poco, desde 2019 se han presentado múltiples intentos de registro de la marca por sujetos sin relación alguna con la comunidad hñähñu, entre ellos se encuentran Rogelio Francisco Maximiliano de Guanajuato, quien pretendía patentarla para el uso de su imagen en artículos de piel; además de unos cuantos individuos de la elite queretana que hicieron lo propio para su reproducción mercantil. La que sí logró registrar la marca con ayuda del gobierno fue una empresa más grande ubicada en Santiago Mexquititlán, pero se ha denunciado trabajo mal pagado y un mal uso de los apoyos dados por el gobierno a partir de su registro. De esto da cuenta en una investigación ampliamente documentada el maestro en Estudios Antropológicos en Sociedades Contemporáneas de la Facultad de Filosofía de la UAQ, Eduardo Wrooman.

Este antropólogo también evidencia cómo el Poder Ejecutivo del Estado de Querétaro se convirtió en una de las primeras instancias en recurrir al extractivismo cultural, logrando en el 2020 registrar la marca de la muñeca para, en teoría, impulsar actividades que ayuden a su publicidad, organizar festivales y actividades culturales, recaudaciones para beneficencia y “para terceros”.

Al mismo tiempo, las artesanas hñähñus se han visto obligadas a uniformar su trabajo para poder competir en un mercado que les exige abandonar las formas tradicionales de elaboración para cumplir con los estándares externos. Según documenta Wrooman en su tesis de maestría, han cambiado la calidad de las telas en función de los precios de un mercado que no controlan.

Wrooman llama la atención sobre la presencia de la Muñeca Lele en cadenas como Liverpool y H-E-B, donde el producto que se vende no proviene de las artesanas de Santiago Mexquititlán, sino de manufacturas chinas que, según documenta el investigador, llegaron a deshacerse por la baja calidad de su producción. El mismo autor documenta cómo el Estado actúa como “intermediario monopolista” que se apropia del excedente: las instituciones estatales, las empresas con licencia y el sector turístico son quienes se benefician, no las comunidades indígenas creadoras.

Los artesanos saben que la publicidad se refleja en ventas, pero a esa escala no pueden competir, ya que no tienen máquinas ni cientos de trabajadores. Lo que sí tienen son diseños únicos y el valor del tiempo invertido en cada pieza. Y es precisamente eso lo que se pierde cuando la estandarización se impone: en la búsqueda de uniformidad se invisibilizan los nombres de creadoras específicas y los procesos artesanales originales de cada una.

Recientemente, la Muñeca Lele, el sustento de muchos hogares hñähñu, estuvo presente un fin de semana en “Querétaro en Los Pinos”, un festival de sabores y tradiciones “bien queretanas”, en una colaboración entre el gobierno estatal y federal para promover la identidad del estado. Los creadores del patrimonio, artesanos y artistas hñähñus son bienvenidos en Los Pinos, pero no en su propio centro, cuando son escondidos de la vista del turista, algo falta. Mientras las y los artesanos indígenas son expulsados de las calles, el indio muerto permanece inmóvil, cubierto de bronce, convertido en monumento, folclor y ornamento para una ciudad que celebra su imagen al mismo tiempo que rechaza su existencia.

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