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Falacias y desafíos de la educación para la paz III

La pacificación de los pueblos, barrios, familias o escuelas no se consigue simplemente con discursos, recomendaciones, acuerdos o manuales educativos…, dirigidos a los individuos para que “tomen conciencia”, sino construyendo espacios seguros, donde las personas sean y se sientan incluidas, tratadas con respeto, aceptadas tal cual son, escuchadas y atendidas.

En todo el mundo la escuela se concibe como “espacio privilegiado para impulsar una cultura de paz”. En la historia de la pedagogía, grandes educadores han sido reconocidas-os por construir comunidades de paz en medio de guerras. ¿Cómo lo lograron y por qué a nosotros nos resulta tan difícil, a pesar de vivir “sin guerra” (en el sentido estricto)?

Más allá de lo que señalan los teóricos de la reproducción -en el sentido de que “la escuela es reflejo inevitable del sistema y mientras no cambie éste, poco puede hacerse”- conviene revisar qué desata incidentes de violencia en escuelas concretas o cómo se organizan las que logran superar pacíficamente los inevitables conflictos.

Por trabajar en educación básica y Normal y participar en la Red de Educación Alternativa por más de 30 años, pude reconocer esto en muchas escuelas públicas y privadas de México y el mundo.

Algunas dificultades para educar en la paz pueden ilustrarse con una situación de efecto dominó, en una sola clase que presencié en un grupo de 5º de primaria:

Pepe, entusiasta practicante normalista, que intentó probar ciertas técnicas para promover la paz, se encontró un día con que la maestra titular (madre soltera), faltó a clase por atender un llamado urgente de la escuela de su hija, quien agredió a una compañera. Antes, “la víctima” se había burlado “cruelmente” de ella pues “su papá la abandonó”. En realidad, éste tuvo que emigrar, para mejorar las condiciones familiares, pero nunca se supo más de él.

La directora de la escuela a la que llegó Pepe, sintió alivio. Ya no tendría que atender al grupo sin maestra y podría resolver, no sólo su arduo trabajo burocrático, sino la falta de agua de varios días y la bomba de la cisterna que se quemó.

Pepe sabía que en su grupo de 40 alumnos había un chico con autismo y se preparó muy bien para organizar pequeños equipos. Entonces surgió otra dificultad: los mesabancos eran muy pesados y difíciles de mover en un aula tan pequeña. Pidió a los alumnos que salieran, mientras él y cinco ayudantes lo apoyaban para el nuevo acomodo. Con esto, el aula perdió espacio para circular y las-los alumnos debieron saltar sobre las bancas para volver a sentarse.

Pepe, sin desanimarse, hizo un buen encuadre y propuso conversar sobre la pregunta: ¿Qué haces en casa para promover la paz? (del manual SEP “Eduquemos para la paz en las escuelas”). Los equipos charlaban alegres, aunque no sobre el tema, que parecía muy abstracto. De pronto una chica comenzó a llorar amargamente, al recordar cómo su madre le gritó por haber descuidado a su hermanita, recién nacida, mientras ella iba de compras: “Por mi culpa, mi papá le pegó a mi mamá, cuando llegó en la noche bien borracho”. Varios intentaron acercarse para apapacharla y comentaron que viven lo mismo en su casa. El llanto asustó al chico con autismo, que empezó a gritar.

Después del recreo otra alumna se enfrentó enfadada con una compañera, pues encontró en el baño una leyenda obscena, acusándola de que “le bajó al novio”. Pepe aprovechó el conflicto para vincular el tema de la paz, con los del respeto y del amor, pero el tiempo terminó y propuso revisarlo al día siguiente.

Esto no fue posible. Pepe llegó tarde pues el autobús que solía tomar no pasó y tuvo que esperar un “Uber”. La directora lo suspendió “por no dar la cara” ante algunas madres de familia que la acusaron por “dejar solo a un inexperto que causó desorden y ventiló problemas familiares”.

Escenas similares surgen en muchas escuelas, NO por irresponsabilidad del profesorado, sino por condiciones estructurales que lo rebasan.

¿Cómo promover la paz en el marco de la NEM sin recuperar la historia y sin prever ni atender tales condiciones?

(Continuará).

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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