Opinión

¡Feliz rebeldía y próspera resistencia 2017! I

María del Carmen Vicencio Acevedo / metamorfosis-mepa@hotmail.co

PARA DESTACAR: Peña Nieto llama cínicamente a la ciudadanía a la “unidad y paz nacional”. Solo un idiota podría pedir al pueblo que se una a su clase gobernante, cuando esta lo ha traicionado tan groseramente.

El título de este escrito corresponde a una tarjeta de año nuevo de Tadeco, A.C. (Taller de Desarrollo Comunitario, en Guerrero). La felicitación, impresa sobre una hermosa imagen tipo zapatista (una indígena armada y embarazada, mirando hacia el mar y parada sobre caracoles de fuego), da pie al texto: “La esperanza, el amor, la realización y la paz, solo se logran en un mundo sin capitalismo”.

Mensajes como este parecen decir que la digna rabia (opuesta al berrinche o al esbirro vandálico) no solo se manifiesta como protestas multitudinarias o bloqueos carreteros, sino como puertas que se abren hacia nuevos caminos promisorios.

Por su parte, al inicio de este enero, el Congreso Nacional Indígena reiteró que “Es el momento de los pueblos de pasar a la ofensiva. Tiempo de que la dignidad gobierne”… “Vamos por todo, no tengan duda”, para reconstruir a los pueblos y al país en su conjunto, de las ruinas que ha dejado el sistema capitalista, y para impulsar un “cambio pacífico y radical con un gobierno centrado en la ética”. “El CNI va por verdad y justicia para Ayotzinapa; por respeto para la Madre Tierra; por vivienda digna; salarios justos; salud completa y gratuita; educación libre, gratuita, laica y científica; por la autogestión y la autonomía; por las ciencias y por las artes”…

Son muy claros, certeros, contundentes y de gran importancia los pronunciamientos del CNI-EZLN. Sin embargo, se requiere algo más que formular una propuesta general y lanzar una candidata indígena a la presidencia de la República (no independiente, sino sostenida por muchas comunidades), para lograr sus propósitos.

Se requiere de condiciones y una inteligente estrategia (que habrá que construir), para que sus planteamientos sean escuchados, comprendidos y apoyados por buena parte de la ciudadanía, y para trascender lo que lograron en 1996, como zapatistas, cuando se hicieron visibles.

He aquí el problema que enfrentan las resistencias en México frente a la Hidra Capitalista: hay excelentes diagnósticos, mucho enojo y pasión, claridad en los fines, pero ante el imperio neoliberal (que cuenta con el poder económico, político y militar) es harto difícil construir el camino y la agenda que lleven al triunfo revolucionario.

Entre las dificultades para organizarse se encuentra el exceso de ruido dogmático; la incapacidad de escuchar a quien piense distinto. Así, no es impertinente la preocupación de que la candidatura del CNI dividirá aún más a las izquierdas, de lo que ya están, pues cada grupo magnifica los defectos del otro (igual que con los partidos políticos, que sólo fragmentan a la población).

En el extremo opuesto del roto tejido social, Peña Nieto, en su mensaje de año nuevo, ante tantas protestas, se ve impelido a “justificar” el gasolinazo y llama cínicamente a la ciudadanía a la “unidad y paz nacional”. Solo un idiota (palabra que significa encerrado en sí mismo y sin contacto con la realidad) podría pedir al pueblo que se una a su clase gobernante, cuando esta lo ha traicionado tan groseramente.

Muchos otros ruidos los genera la propia población mediante múltiples mensajes, en redes sociales, en los que resulta difícil distinguir qué es verdad y qué mentira. Lo más común (y curioso) es que un mismo usuario comparta ideas, altamente contradictorias entre sí: videoclips sentimentaloides tipo Walt Disney, audios o imágenes que generan miedo, cadenas de oraciones, convocatorias a boicotear no pagando impuestos, o a cooperar con el Teletón, o a no comprar en grandes centros comerciales; manifiestos de la Coparmex, o de militares retirados que gritan ¡vivas! a Cárdenas y a Zapata, y de “independientes” de todo color…

Tal diversidad puede generar reflexión, aunque también emociones que pululan del enojo al miedo (o viceversa), a la necesidad de evasión o protección, así como la ilusión de que basta con reenviar mensajes críticos, para contribuir a que México resuelva sus gravísimos problemas.

Entonces, para que las resistencias logren hacer, no solo visibles, sino significativas, necesarias, viables y (hasta) atractivas sus propuestas revolucionarias, así como capaces de mover a las mayorías, se enfrentan a tres problemas que habrá que superar: 1) El violento o seductor poderío del Estado. 2) La confusión, la enajenación y el rechazo de la gente a caminos contrarios a los que la sociedad de mercado les ofrece. 3) Sus propias contradicciones internas o “insalvables” con otros colectivos anticapitalistas que también luchan por el Buen Vivir de todos los pueblos y todas las personas.

¿Cómo lograr el acuerdo entre dichas resistencias?, ¿cómo superar, sobre todo, la segunda y tercera dificultades, arriba planteadas?, son preguntas que aún no encuentra respuesta. El tema merece mayor atención.

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