Opinión

Fidel Castro, entre la objetividad y la pasión

Por: Kevyn Simon Delgado

PARA DESTACAR: Castro pertenece a esa generación de insurgentes casi míticos qud persiguieron un ideal de justicia para sus respectivos pueblos, lanzándose en una lucha a contracorriente con la esperanza de transformar el mundo donde se les explotaba y discriminaba.

“Fidel, Fidel, ¿qué tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él?” se escuchó en las calles del llamado tercer mundo y en las trincheras de los pueblos en lucha por su liberación nacional durante décadas. El paso del tiempo ha consagrado a Fidel Castro Ruz como un monumento viviente del siglo XX, por su obra y pensamiento.

Fidel el nacionalista, el heredero de las ideas de José Martí, el guerrillero, el revolucionario, el héroe, el solidario, el internacionalista, el dictador, el dirigente del asalto al Cuartel de Moncada, el sobreviviente del desembarco del Granma, el estratega de la lucha en la Sierra Maestra, el líder triunfante en La Habana, el objetivo de cientos de atentados contra su vida perpetuados por la CIA, el defensor de Cuba ante la invasión de playa Girón, el aliado de la Unión Soviética, el dispuesto a todo durante la crisis de los misiles, el que le hizo frente a diez administraciones estadounidenses, el testigo de la debacle del bloque socialista, muchos son los episodios y los rostros que hacen de la figura de Fidel Castro una de las más amadas y, a la vez, una de las más odiadas de América Latina desde mediados de los cincuenta del siglo pasado hasta la actualidad, recién cumplidos sus noventa años.

Algo que no se puede negar es que su biografía es una de las más interesantes y trascendentales de nuestra historia contemporánea, sin embargo, para muchos resulta complicadísimo abordarla de manera objetiva, debido a todos los claroscuros que conforman a dicho personaje y a las pasiones que desata el parteaguas latinoamericano que representó la Revolución Cubana.

Desde que los “barbudos” –como se les nombró- del movimiento 26 de Julio tomaron el poder en con las armas en la mano el 1 de enero de 1959, con grandísima figuras como Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara, destronando al dictador Fulgencio Batista, hasta nuestros días, en las que “el primer territorio libre de América Latina” se desvive en mantener su proyecto socialista en un contexto global neoliberal y posmoderno, en el cual no cabe la construcción del “hombre nuevo”, ni la lucha por la utopía proletaria de Marx y Lenin.

Históricamente, Fidel Castro pertenece a esa generación de insurgentes casi míticos, como el sudafricano Nelson Mandela, el vietnamita Ho Chi Minh y el congoleño Patrice Lumumba, quienes entre tantos otros, persiguieron un ideal de justicia para sus respectivos pueblos, lanzándose en los años posteriores de la Segunda Guerra Mundial en una lucha a contracorriente con la esperanza de transformar el mundo donde se les explotaba y discriminaba, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética –para muchos de ellos el ejemplo a seguir o de menos, el aliado natural- y Estados Unidos.

Fidel y muchos líderes guerrilleros, así como intelectuales y progresistas de todos los sectores sociales, sinceramente creyeron que el comunismo era la etapa a alcanzar, magno proyecto que acabaría con la injusticia, el racismo y la pobreza perpetuadas por el imperialismo, fase superior del capitalismo.

Líder del Partido Comunista de Cuba hasta hace diez años, cuando dejó el poder, dándole paso a su hermano y compañero desde el asalto al Moncada, Raúl Castro, dirigió a su pequeño país de cien mil kilómetros cuadrados y once millones de habitantes con una política de gran potencia internacional, influyente en decenas de países en Centro y Sudamérica, el Caribe y África, donde se le reconoce su ejemplo como uno de los mayores libertadores del mundo, como ha sucedido en el nuevo milenio, principalmente, en gobiernos de izquierda de Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina y Uruguay, abanderados del “socialismo del siglo XXI”, en el que conjugan las ideas de muchos políticos del continente como Simón Bolívar y el propio Fidel Castro.

Por supuesto que paralelamente a los conocidos e innegables logros de Cuba en materia de educación, salud y deporte, están las cuestionables censuras a la libertad de expresión, de asociación y tránsito, manifestándose sus políticas con las constantes crisis migratorias de sus ciudadanos, quienes buscan llegar a realizar el “american dream”, precisamente dentro de las fronteras del enemigo, así como en la represión a los disidentes cubanos, los cuales aspiran a tener una democracia en los términos estadounidenses.

Proféticamente, Fidel dijo en su momento a modo de broma, que las relaciones con los Estados Unidos mejorarían solo hasta que este país fuera gobernado por un presidente afroamericano y la Iglesia católica fuera encabezada por un Papa latinoamericano. Cumplidos los requisitos y, sobre todo, cambiado el contexto mundial, el desbloqueo económico de Cuba parece inminente, así como la permanenciadel gobierno revolucionario, el cual, a pesar de las constantes sentencias de muerte que se le levantaron a lo largo de su reciente historia, se mantiene otorgando muchas lecciones sobre el devenir de nuestra América Latina, escribiéndose otra página de la historia que, al final, como él mismo afirmó, lo juzgará.

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