Opinión

Fiesta Brava en Querétaro

Poir: Daniel Muñoz Vega

Tengo en mis manos una serie de documentos mecanografiados por mi abuelo paterno acerca de la historia taurina de Querétaro. Mi abuelo, quien se llamó Eliseo Muñoz Guevara, dedicaba parte de su tiempo a investigar la historia de la fiesta brava en la ciudad. Son relatos comienzan narrando la primera corrida de toros que hubo en Querétaro, que según estos escritos, se llevó a cabo en 1690 y fue organizada por Juan Caballero y Osio con motivo de los festejos religiosos de la Virgen de Guadalupe. Aquella corrida se llevó a cabo en la plaza de toros “El Recreo”, misma que estaba ubicada a poca distancia del templo de San Francisco. Considero un error del destino que aquellos documentos estén en mis manos, debido a que no soy aficionado a los toros y soy de los que está en contra de las corridas; sin embargo, valoro estos documentos por el contenido histórico de la ciudad de Querétaro.

La afición taurina es un legado de la familia paterna. Tres tíos (Eliseo, Sergio y Armando Muñoz Lámbarri) pertenecieron a la cuadrilla de niños toreros denominada “Los Chicos de Querétaro”. Aquella cuadrilla de niños, entre ocho y 12 años de edad recorrieron gran parte de México y de Sudamérica toreando. Bajo este contexto, mi padre fue gran aficionado, de hecho mi hermano mayor fue bautizado en la capilla de la plaza México; fui varias veces con mi papá a la plaza Santa María y a la plaza México a diferentes corridas. Después de años de afición taurina, hoy a ningún nieto de mi abuelo le interesa la fiesta brava, y a los que les podría llegar a interesar son unos auténticos villamelones que poco saben de toros.

La fiesta brava ha dado de que hablar últimamente en Querétaro, estamos frente al eterno debate entre aficionados a los toros y defensores de los derechos de los animales. Este debate toma cada vez más forma desde que en 2010, el parlamento de la comunidad autónoma de Cataluña decretó prohibir las corridas de toros a partir de 2012. Algo tan perteneciente a España no le tiene por qué pertenecer a Cataluña. La fiesta brava es seña cultural de España, los catalanes encontraron en la prohibición de las corridas de toros, una expresión separatista.

Argumentos van y vienen en contra y a favor de la fiesta brava. En Querétaro, los legisladores decretaron declarar a la tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial de Querétaro en diciembre pasado; diputados que nada saben de toros, decidieron salvaguardar a la fiesta brava como parte de las diferentes manifestaciones culturales de la ciudad. En el debate del respeto a la vida animal, no podemos entender que un espectáculo donde se matan animales sea considerado como patrimonio cultural. Más bien, el decreto legislativo parece ser un guiño al mismo gobernador, quien es aficionado a la fiesta brava, y a los propios empresarios taurinos. Eso nada tiene que ver con alguna intención de preservar la cultura de Querétaro.

El tema taurino es materia de un amplio debate. Entiendo perfectamente a los verdaderos aficionado a los toros, a la gente que verdaderamente sabe de toros, entiendo su afición mas no la comparto. Dice el guionista y cineasta mexicano Guillermo Arriaga: “Me gustan los personajes que tienen pasión, no podemos olvidar la etimología de la palabra pasión; la palabra pasión es padecimiento. Yo soy cazador, si reflexiono sobre la cacería, es una cosa horrible, terrible, es matar animales hermosos; perseguirlos hasta darles muerte, pero es una pasión, es un padecimiento, lo padezco y no lo puedo evitar. Lo he querido evitar y no puedo”. Lo dicho por Arriaga, puede ser un argumento más para el torero, para el que se enfrenta al toro, que para el aficionado a las corridas de toros. El aficionado busca en las corridas de toro una forma de entretenimiento y no concibo pasar un rato agradable viendo cómo se mata a un animal y más aquí, donde la “queretanidad” más conservadora, asiste a los toros como un ejercicio de pertenencia a la élite. Gente que va a los toros para hablar por teléfono desde su barrera de primera fila, gente que nada sabe de toros, que van en forma de pasarela a gritar “oles” y sacudir pañuelos blancos sin saber por qué, son por estas manifestaciones que los diputados declararon Patrimonio Cultural Inmaterial a las corridas de toros, qué estupidez.

Creo que las asociaciones defensoras de los derechos de los animales tienen argumentos muy válidos para promover la abolición de las corridas. He pensado de forma seria que hasta el día que yo me haga vegetariano, tendría argumento sólido para promover una medida así, ya que en los mismos rastros donde procesan carne para nuestro consumo, no procuran la dignidad del animal que nos vamos a comer. Aplaudiría el día que se prohíban las corridas, claro; sin embargo, considero que es por conciencia como la gente tendría que entender que no podemos encontrar entretenimiento, arte, cultura, en masacrar a un animal como parte de un espectáculo.

{loadposition FBComm}

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba