Opinión

Filosofía para las masas, y el mercado negro de los libros

Catálogo Público

Por: Carlos A. García Calderón

@cgarca_a

Johanna Schopenhauer vendía cientos de novelas cursis, era una celebridad. Su hermano el afamado filósofo, sólo consiguió quizá tener tres lectores; incluido su perro, llegó a vender un total de 120 ejemplares, en cuarenta años, de la primera edición de “El mundo como voluntad y representación (Thomas Bernhard)

Hace un par de meses, en los puestos o kioscos de periódicos, empezaron a circular libros clásicos de filosofía, bajo el sello españolde Editorial Gredos. Hacia el 2001, la misma casa editorial había puesto en circulación textos clásicos griegos y latinos a un bajo costo, también teniendo como punto de venta los puestos de periódicos, con el garante de que algún lector de periódicos, fuese también un lector de filosofía.

Quizá cuando realizamos una lectura traducimos, y entre tanto nos transformamos en intérpretes de un texto,  que plasma una voz, al menos  un sonido. Por otro costado el pasaje de una lengua a otra conlleva a homologar signos escriturales y en ese esfuerzo y tensión del traductor,  que se enfrenta al lenguaje y a otra lengua, se produce una perdida ante la imposibilidad de encontrar  una palabra, un signo cercano, o una emulación parecida, pero jamás la palabra exacta.  Cabe recalcar que la editorial Gredos, precisamente se volvía un referente dentro del mundo filosófico, en castellano, por sus cuidadas ediciones  y por el trabajo alrededor de sus  traducciones.

La versión del traductor inaugura un texto, entre tanto un sentido, la traducción siempre será otro texto, la traducción es un relevo, una secuencia del texto original. La traducción siempre será importante, ya que establece un referente, que deviene un elemento fundamental de la tradición, la difusión de la filosofía depende en buena medida de que exista una traducción.

Recordemos la importancia de la traducción  de José Gaos de Ser y Tiempo de M. Heidegger, publicada en (1951) o el trabajo titánico de Wenceslao Roces y la primera versión en nuestra lengua de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, que apareció en las librerías en (1966) o los veinte años que tardo Pedro Ribas en su versión de la Crítica de la Razón  del filósofo de Königsberg, y quizá cabe señalar la obra de Julio Pimentel y sus versiones de Cicerón, y las imprescindibles versiones de Virgilio que realizó Rubén Bonifaz Nuño, la traducción siempre es otro libro. Siempre se necesitan filósofos y difusores de la filosofía, también se necesita que los libros lleguen a los ojos de los lectores.

Sócrates hablaba; Platón escribía y transcribía la voz de su maestro, el aliento  y el hablar quizá sea uno  de los primeros artificios teratológicos y racionales de la cultura occidental, quizá Platón lo traducía al momento de modular haciendo un fade out a la voz de su maestro y matizar esos fonemas en escritura, quizá como señalo Jaques Derrida “Sócrates fue el primer pensador del libro.”

Las traducciones que se han realizado de la Grecia Antigua,  quizá como replicaba Jean Bollack “son textos que son de todos pero a la vez de nadie”, precisamente por los efectos de traducción, entre tanto La Odisea, ya no pertenece a Homero, sino al naufragio que es la existencia misma,  Si recordamos que el  intento de los enciclopedistas era diseminar el conocimiento, de una manera accesible para el ciudadano que se trataba de formar, se repartían en la calles folletos con extractos de lo publicado en la Enciclopedia, de esta manera y precisamente a partir de la lectura, se trataba de generar una sociedad “racional” y que en nuestros días denominaríamos “informada”. Es muy curioso, que con el arribo de estos textos filosóficos que han llegado a las esquinas  y circulan por las calles, casi al estilo Socrático, se ha generado una demanda por conseguir los mismos, especulaciones en grupos de Face Book  y por supuesto un mercado negro en el ciber- espacio, donde se rematan dichos libros, a un costo mayor de la oferta inicial, por otro costado al fallar la distribución y encarecer el arribo de los libros, a los puestos de periódicos, los voceadores se transforman en personas non gratas, por no conseguir el libro que seguía dentro de la colección. A la vez, son como una especie de dealers que ofertan a Kant a escondidas, Descartes se ha vuelto  inconseguible, Nietzsche fue la oferta de lanzamiento, los nombres de Rousseau, Aristóteles, Séneca,  llegaran a las manos del mejor postor.

La filosofía siempre ha permanecido al margen de los grandes escaparates literarios, los catálogos de las casas editoriales, tienen un breve y a veces casi nulo número de publicaciones filosóficas, los libros de filosofía, nunca han sido best sellers a pesar de ser multicitados, como el caso del Libro de los pasajes de W. Benjamin o los Diálogos de Platón.   Ahora; con los libros-digitales, el acceso a la bibliografía se ha vuelto casi infinita, sin duda alguna, dicha accesibilidad ha generado que el lector digital, busque poseer el libro físicamente.

La filosofía ha salido a las calles, ha dejado las aulas, tal vez Sócrates se encuentre pleno, en la ataraxia, donde se vislumbra la mortalidad.

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