Opinión

Formas opuestas de ser optimistas frente al cambio de Gobierno Federal

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

¿Qué sucedió finalmente con la ceremonia de entrega de estafeta que tantas expectativas despertó en la ciudadanía y tantos temores suscitó en la clase en el poder? (Escribo antes de ese día). En realidad, esto no es tan relevante. Lo relevante viene ahora.

 

“Allá arriba” hay tanto miedo al pueblo, que los gobiernos saliente y entrante necesitan armarse hasta los dientes para que la rabia popular no los alcance. Parte de esa protección implica no ver ni oír, como enseñó Salinas de Gortari (poder tras el trono de los gobiernos prianistas). Por eso, enormes y fuertes vallas, con policías bien pertrechados (y llenos de miedo), suelen rodear los actos en los que los poderosos toman decisiones contra el pueblo.

Otra forma de protegerse es adelantarse al supuesto ataque que vendrá, tarde o temprano, como venganza por parte de los más lastimados.

Esto lo explica muy bien Eduardo Galeano en su cuentito “El arte de mandar”: Un emperador muy preocupado porque nadie lo temía (y “sin temor no hay respeto”), consultó a su consejero principal. Éste explicó: “falta castigo”. El emperador sorprendido lo negó, pues él mandaba ahorcar a todo aquel que no se inclinara a su paso. El consejero le advirtió: “Pero esos a quienes castigas, son los culpables; si sólo los castigas a ellos, sólo ellos sentirán miedo”. El emperador pensó y pensó… y llegó a la conclusión de que su consejero tenía razón, así que le mandó cortar la cabeza. La ejecución ocurrió en la plaza principal del imperio, y el consejero (inocente) fue el primero de una larga lista.

Quienes vivieron el terror de Atenco, durante el gobierno de Peña Nieto, entienden que un ignorante con poder y con miedo es altamente peligroso (en especial cuando se sabe repudiado por la mitad de la población). Así que lo que nos espera no parece mejor; ni parece haber razones suficientes para el optimismo, por más que el nuevo Presidente insista en llamarnos despectivamente “escépticos”; por más que alegue que nos dará la sorpresa de que un olmo sí puede dar peras. Es decir, que un priista, hijo político de poderosos corruptos, nacido y crecido entre algodones y espejos, de pronto puede convertirse en inteligente y sabio estadista, capaz de comprender la compleja y grave realidad que vive nuestro país agonizante. No sólo eso, que este priista puede volverse de pronto, además, competente, experimentado y astuto estratega, capaz de reconocer las verdaderas intenciones de los buitres que asechan, disfrazados de prometedores inversionistas extranjeros y revertir sus efectos.

No obstante necesitamos, urgentemente, encontrar razones para el optimismo. Esto no es sólo asunto de salud psíquica; es una responsabilidad social. No le conviene a la esperanza, que quienes discrepamos con el Gran Poder, seamos descartados socialmente como “aves de mal agüero”.

Nuestras razones para el optimismo, sin embargo, son radicalmente opuestas a las que nos demandan ser “proactivos” y aceptar de buena gana y sin chistar, las patrañas de la globalización neoliberal, el mensaje de despedida de Calderón que cree que por su gobierno México es hoy más fuerte, o las que nos proponen todos esos comerciales que prometen felicidad a cambio de comprar cosas, negando la realidad y ocultando sus mañas (“Destapa la felicidad y compártela con tus amigos”).

Podemos incluso ver con optimismo la dramática noticia de que “México es el penúltimo lugar en reducir la pobreza en América Latina”, pues pone en evidencia (si no a los poderosos, sí a nosotros, pueblo) que las estrategias de total y acrítica sumisión a las políticas neoliberales, seguidas por los gobiernos mexicanos, no sólo han sido un soberano e irresponsable fracaso, sino han resultado contraproducentes.

Ya hemos visto demasiado hacia el Norte (a Europa y a Estados Unidos). El Norte no sólo es el espacio geográfico sobre el ecuador, sino un modo de comprensión, derivado del capitalismo.

Es impostergable que cambiemos la dirección de nuestra mirada. Una buena opción hoy es el Sur. El resto de Latinoamérica cuenta con mayor cohesión e identidad social y ofrece mayor visión de futuro que la misma Europa en bancarrota y llena de indignados. Varios gobiernos del Cono Sur pugnan por construir un proyecto político-económico alternativo, más cercano al pueblo. El Sur avanza también como una nueva perspectiva epistemológica, alternativa al capitalismo.

Otro motivo para el optimismo, indudablemente lo sigue dando el movimiento #YoSoy132, que no pierde la esperanza; resuelto a ser “piedrita en el zapato” de Peña Nieto; empeñado en detener y dar marcha atrás a la reforma laboral y en democratizar a los medios.

Ojalá lo consiga. Si no, no importa tanto. La experiencia y el sentido de vida que ganamos en esa lucha (gracias a quienes participan en ella), sí que vale la pena.

“¿Quién dijo que todo está perdido?, yo vengo a entregar mi corazón.”

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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