Opinión

Frente al proceso electoral, la otra convocatoria (1)

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis@hotmail.com

En mi artículo anterior comentaba que una de las tareas fundamentales de la educación consiste en promover la lectura de la realidad. En esta lectura es fundamental hacer un análisis detenido de los acontecimientos, no sólo para comprenderlos, sino para redirigirlos hacia algo mejor.

¿Cómo comprender hoy los tiempos electorales y qué podemos hacer al respecto?

Muchos, enojados ante el circo mercantil de las campañas políticas, alegan que “todo está mal”, que “todos son iguales” y “que nadie hace nada”. El pesimismo extremo, que se cuela entre esas expresiones absolutas, abona la percepción de fatalidad y la consiguiente inmovilidad social (convenientes al Gran Poder); no deja espacio al pensamiento analítico e ignora los importantes esfuerzos que realiza gran cantidad de individuos y organizaciones, para cambiar las condiciones que nos oprimen.

Además, tales expresiones de desánimo son aprovechadas por el PRI, en sus  comerciales políticos (sic), para hacer ver a sus adversarios (sin distingos), como “amargados” o “conflictivos”. Dichos comerciales, imitan a los de Cocacola, contra los “amarguetix”: (sentimientos desagradables, personificados por manchas negras, greñudas y malhumoradas), que se esfuman al enfocar las cosas buenas que tenemos: “Bajó el recibo de la luz; las escuelas ya son de tiempo completo, y hasta le dieron una tablet a mi niño…” (Sólo un “amarguetix” focaliza los altísimos costos y el crecimiento de la desigualdad, que semejantes “regalos” implican para el pueblo).

Otro tipo de pesimistas, autonombrados “radicales” alegan que la forma de “castigar” al Gran Poder es no votar o anular la boleta, para mostrarle, que el pueblo está harto de sus marrullerías y corruptelas. En la práctica, lamentablemente esto terminará por favorecer al PRIAN, porque son precisamente los enojados quienes tiran la toalla y se retiran de la contienda. ¿Cómo esperar que los políticos soberbios, insensibles, corruptos y voraces aprendan semejante lección, sólo porque la gente anula su boleta? Sobre la abstención, ya lo advierte el INE con su anuncio cínicamente excluyente: “quien no vota, no existe”. (¿Acaso quienes votan, existían antes del proceso y existirán después de dejar la casilla?).

La discusión en torno a la disyuntiva de votar o no votar sigue, pues, en todo su apogeo, lo que permite reflexionar mejor qué nos conviene más.

Por fortuna crece la convocatoria delos promotores de la Nueva Constituyente, decididos a luchar por refundar nuestra nación. Con este movimiento, los procesos electorales oficiales dejan de ser relevantes, y es imperativo trascenderlos, pues México necesita una amplia y sólida organización popular, capaz de instaurar, en todos los espacios posibles, una democracia real.

Originalmente este movimiento parecía apuntar al abstencionismo o al voto nulo, lo que generaba desazón y serios conflictos con quienes han decidido votar por la oposición al PRIAN, (en especial, por Morena). Hoy, después de muchas asambleas populares en diversos estados del país, dicho movimiento ha dado un giro importante, hacia el reconocimiento de las diversas y complejas condiciones que tiene nuestro país.

Así, la propuesta de la Nueva Constituyente implica respetar las distintas opciones que tome la gente enojada, según sus condiciones particulares, porque lo relevante no son las elecciones del INE, sino la organización popular, en una lógica radicalmente distinta a la dominante.

Algunos pueblos, como los “caracoles” zapatistas, en Chiapas, pueden darse el lujo de cerrar las puertas al INE porque, desde hace muchos años, vienen decidiendo sus asuntos más relevantes, en asambleas comunitarias. Cherán, en Michoacán, logró un resolutivo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, para que no entren los partidos políticos a su territorio, y sus representantes, electos en asambleas comunitarias, sean reconocidos oficialmente, según el principio de usos y costumbres.

Otros grupos en pequeños municipios rurales, en cambio, no están tan organizados como para establecer un sistema democrático independiente, pero sí como para impulsar sus propios candidatos, ganar las elecciones, y controlar a sus representantes, en pro de las necesidades o intereses de sus comunidades. En esos espacios, no votar o anular el voto, implicaría colocarse en desventaja frente a quienes detentarán el poder formal.

En grandes ciudades, como Querétaro, aún no tenemos las condiciones necesarias y suficientes para lograr lo que Cherán. Así que habremos de diseñar una estrategia distinta.

Si reconocemos que las elecciones no son tan importantes, pues lo realmente importante es la organización popular, ¿por qué no votar, acá, por el partido rival al PRIAN, con mayores posibilidades para ejercer un contrapeso en el Congreso?

A los abstencionistas o “anulistas” podrá parecer un tanto ilusa esta propuesta, sin embargo, estamos sumidos en la incertidumbre.

Abstenerse o anular la boleta contribuyen indefectiblemente a fortalecer la aplanadora “prianista” y debilita los esfuerzos de otros disidentes. Votar por la resistencia, en cambio, abre dos posibilidades: 1) que las cosas sigan igual y que los representantes, pretendidamente disidentes, se corrompan y traicionen al pueblo (como sucedió con el PRD “chuchista”); o bien, 2) que los candidatos de oposición, que accedan a cargos públicos, se sumen como aliados de la Nueva Constituyente y contribuyan, desde donde estén, a fortalecerla, así como a frenar la rapacidad y el autoritarismo del grupo dominante.

En síntesis: si participamos, podemos perder; si no participamos, ya perdimos. (Continuará)

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