Opinión

Futbol…el distractor

Por: Salvador Rangel

Existen temas en los que resulta difícil ponerse de acuerdo y en no pocas ocasiones terminan en conflicto. De esos tópicos se pueden mencionar tres: religión, política y futbol, no necesariamente en ese orden; hay pasión, fanatismo y cada quien cree tener el don de la infabilidad, de ahí el conflicto.

El futbol es política, de eso no hay duda, en la designación de las sedes se busca alianzas entre países que voten por determinado lugar; se hace lobismo, y duda no hay que hasta corrupción, pero como no se puede demostrar, queda con el beneficio de la duda. Países que gastan fortunas en la edificación de estadios-palacios dedicados al dios futbol, carreteras, infraestructura de seguridad, aeropuertos, todo en aras de la gran fiesta del balompié mundial.

Con antelación se hacen reservaciones de vuelos especiales, hoteles, recorridos turísticos, donde la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) otorga las franquicias y, naturalmente, lleva una gran tajada.

La FIFA es un gobierno que no tiene fronteras, a su presidente lo reciben en todas partes del mundo, desde primer ministros hasta dictadores, y todos buscan el favor de ser sede de un Campeonato Mundial de futbol.

Los negocios prosperan, se otorgan permisos para hacer playeras, para usar el logo, para la trasmisión de la inauguración y la final; y qué decir de los juegos en que participa la selección de cada país. Prácticamente se detiene el reloj y casi todas las actividades, como si en juego estuviera el honor nacional. En ocasiones a discreción y en otras en claro permiso, escuelas, oficinas públicas y privadas tienen puestos los ojos en cada jugada. Los fanáticos, y también los villamelones, se aprenden los nombres de los jugadores locales y del equipo contrario, por difícil que sea su pronunciación. Se hacen pronósticos con toda clase de sapiencia, pero sobre todo con el corazón, así que no falta quien diga que la Selección de México ganará el primer partido, perderá por razones obvias con el país anfitrión y de menos empatará su tercer partido; en total, cuatro puntos, para perder en la siguiente ronda y acabar con el sueño de millones de mexicanos.

Los seguidores de la Selección vestirán la camiseta oficial o una pirata a la hora de los partidos y, de ganar, acudirán a celebrar en una plaza pública.

Y precisamente en esos días, jueves 12 y viernes 13, se discutirán las leyes secundarias de la reforma energética en la Cámara de diputados, para aprobarse en lo oscurito. Al respecto hay dos opiniones: a quien le agrade el futbol no se perderá transmisión alguna para escuchar y ver lo que apruebe la mayoría, por inconveniente que sea para los intereses nacionales, existen compromisos políticos y habrán de cumplirlos, aunque no sea lo mejor para México. Y quien tenga interés en el futuro de México, verá las decisiones que se tomen en las leyes secundarias, pero al igual que en el futbol, como espectador, y no podrá cambiar nada.

Bueno, hasta ahí la euforia y decepción nacional. Pero en Brasil no todo es futbol. Se han realizado manifestaciones del pueblo, del que no asistirá a los estadios, de los desempleados, de los sin casa que ven cómo pasa el dinero para la construcción de hoteles, estadios, etc., y para ellos… nada.

Se prevé un gran operativo de seguridad en hotel donde se hospedarán las selecciones nacionales, caminos, estadios y todo lugar donde se pueda organizar manifestaciones.

En la ciudad de Sao Paulo y Río de Janeiro salieron a las calles para protestar por el incremento a las tarifas de los autobuses, y el gobierno -ante la magnitud del problema- dio marcha atrás por el riesgo de que el descontento tomara mayores proporciones.

Y los grupos opositores preparan manifestaciones para solicitar incremento salarial y amenazan con huelgas; los ojos del mundo están puestos en Brasil y es el momento de manifestar las carencias, el problema de la corrupción, la falta de trabajo.

Y expresidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, afirmó que no teme a las protestas que se realicen durante el Mundial y criticó a los jóvenes que lideran las protestas y los tachó de no saber el por qué protestan.

Y los nostálgicos se acuerdan del “maracanazo” en 1950, cuando Brasil perdió la Copa ante Uruguay; ojalá que no haya nuevo “maracanazo” por estallido social.

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