Opinión

Gasolinazos y saqueos

Kevyn Simon Delgado

PARA DESTACAR: Todas las manifestaciones sociales son una respuesta a la crisis social en la que estamos inmersos. La pregunta que muchas personas se hacen ahora es: ¿Reculará el gobierno ante la rotunda negativa de la ciudadanía a aceptar el aumento del precio de la gasolina?

El más reciente “gasolinazo” del 1 de enero ha desatado la indignación de la ciudadanía, así como una serie de protestas a lo largo y ancho del país. Respuesta comprensiva ante la agresión del gobierno contra la ciudadanía, contra la soberanía, contra México. Cuando creemos que el país no puede estar peor, los políticos del PRI, del PAN, del PRD y sus satélites nos demuestran lo contrario, sin embargo, siempre queda la organización. “La desobediencia civil –dijo Martin Luther King- está justificada frente a una ley injusta y cada uno tiene la responsabilidad moral de desobedecer las leyes injustas”.

De entrada, llama la atención la respuesta del gobierno y en particular de Enrique Peña Nieto ante el hecho. Durante los primeros tres días, al presidente le dio un ataque de amnesia y alegó no recordar que él hubiera prometido que la reforma energética daría como resultado una disminución al precio de la gasolina por primera vez en años. Inmediatamente fue balconeado con el comercial que circuló en el 2015 afirmando lo antes señalado arriba de una camioneta, mientras, supuestamente, recorría el país. Recuperado del espasmo, rectificó y señaló que el aumento al costo de la gasolina era un mal necesario y que incluso compartía la molestia y el enojo de la ciudadanía ante el mismo.

Evidentemente esto lo dice desde un punto de vista muy lejano a cómo lo vive la mayoría de la población. Recordemos que apenas en diciembre pasado la “clase política” se auto otorgó un jugoso bono de fin de año y siguen contando con vales para la gasolina, es decir, que de sus sueldos de cientos de miles de pesos no gastan un solo céntimo en gasolina, cuando la mayoría de la población gasta más en este hidrocarburo que, incluso, en alimentos.

Básicamente viven en otro México, uno sin crisis económica. Se les olvida que en el país hay un alto porcentaje de la población que vive en condiciones de pobreza, desde un 49 hasta un 70 por ciento, dependiendo cómo se le mida. Un pretexto de lo más absurdo que ha surgido fue el de comparar el precio de la gasolina de varios países, afirmando que en México su costo es de los más económicos del mundo, pero una vez más se les olvida comparar el nivel de ingreso económico con el que se paga esa gasolina, en México, no es ningún secreto, se gana muy poco en relación a la cantidad de horas trabajadas, en comparación a los países europeos e, incluso, países latinoamericanos.

Por supuesto, también llama la atención la postura del PAN y del PRD, partidos que se limpian las manos y alegan no tener nada de culpa en el aumento. Se le olvida al PAN que el aumento paulatino a la gasolina inició de manera constante desde el sexenio de Felipe Calderón y se le olvida al PRD que también apoyó la reforma energética, la cual en parte es responsable de esta situación.

Esto se explica porque, en las últimas cuatro legislaturas, por lo menos, un sólido 40-50 por ciento de los diputados federales representan, en realidad a intereses privados, así como a la ineptitud del gabinete de Peña Nieto, donde varios de sus secretarios han reconocido no saber hacer su trabajo.

Por otro lado, en respuesta al saqueo del petróleo se desataron saqueos a centros comerciales en varios estados del país, los cuales, han señalado muchos, responderían más a una estrategia del propio gobierno para generar miedo y criminalizar las protestas que se han desatado por el alza al costo de la gasolina, esto con el fin de disminuir el nivel de las manifestaciones y justificar una posible intervención de los cuerpos de seguridad estatal.

Sin embargo, también se han dado otro tipo de protestas, como bloqueos en carreteras, marchas, tomas de casetas, etc. Aunque claro, los saqueos -o supuestos saqueos- se han llevado los reflectores. Aquí en Querétaro, el jueves 5 de enero, se vivió una histeria colectiva propiciada por una falsa alarma de saqueo en el mercado Escobedo y la calle de Corregidora, la que movilizó a la policía y orilló a los comerciantes a cerrar momentáneamente sus negocios. En cambio, otros puntos de la ciudad, también mercados, como el Josefa Ortiz de Domínguez, “La Cruz”, sí reportaron intentos más serios de posibles saqueos, no llegando a mayores. Los rumores, exagerados por naturaleza, llegaron a hablar de balaceras, personas heridas y secuestradas.

En otros estados ha habido de todo: movilizaciones de campesinos en Michoacán y Sonora; de taxistas en Veracruz; choferes de tráiler en Yucatán; transportistas en Baja California y Quintana Roo; barzonistas en Chihuahua; PRD y Morena en Jalisco y Nayarit; gasolineros en Colima; ONG’s y ciudadanos en todo el país. Todas ellas una respuesta a la crisis social en la que estamos inmersos. La pregunta que muchas personas se hacen ahora es: ¿Reculará el gobierno ante la rotunda negativa de la ciudadanía a aceptar el aumento del precio de la gasolina?

 

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