Opinión

Hacia una amplia Unidad Patriótica por el Rescate de la Nación

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

La Universidad Autónoma de Querétaro ha tenido recientemente importantes iniciativas (por parte de diversos actores), que dan cuenta de un esfuerzo por responder a su lema: “comprometida con la sociedad que le da vida”.

Una de ellas ha sido la entrega del premio internacional, denominado “Hugo Gutiérrez Vega”, a reconocidos intelectuales, comprometidos con las causas populares: Fernando del Paso (2010), Miguel León Portilla (2011), Elena Poniatowska (2012) y –el pasado 22 de noviembre de 2013– a Raúl Vera López, auto nombrado “cuarto obispo rojo” –después de Hélder Cámara, Sergio Méndez Arceo y Samuel Ruíz–.

Hay que tener cuidado con los premios pues “halagan la vanidad y lo sitúan a uno en cierta desventaja”, dijo una vez Fernando del Paso. Los premios vulneran la subjetividad frente a los demonios del narcisismo, en especial, cuando el premio se llama como uno, y ese uno es quien lo entrega.

Sin embargo, hay que reconocer también que en una sociedad como la nuestra, entregar un premio internacional a quien se ha distinguido por su trabajo con los “desarrapados”, en franca oposición a la ideología dominante, fortalece la reflexión y autoconciencia de dignidad popular: Esos premios contribuyen a mostrar que es falso que quienes cuestionan al perverso sistema vigente lo hacen simplemente por “vísceras”, “inadaptación”, “resentimiento”, “mediocridad”, o “resistencia al cambio”.

Los críticos más sólidos del capitalismo voraz están siendo distinguidos internacionalmente por su profundo conocimiento de la realidad actual (o, si se quiere, por su excelencia intelectual).

En su discurso de recepción, Raúl Vera no se mordió la lengua; fue directo y agudo en sus señalamientos, haciendo a un lado la tramposa consigna de que “los curas han de ser neutros, no políticos”. Pero ¿puede alguien realmente ser neutro?, ¿no es, acaso, la “neutralidad” el disfraz que oculta la complicidad con los detentadores del poder?

El obispo de Saltillo se curó en salud, recordando la autodefensa que hiciera el otrora obispo de Cuernavaca, Méndez Arceo: “No estoy hablando de marxismo, sólo del Evangelio”.

Raúl Vera recordó, en su relato autobiográfico, a las personas que más influyeron en su forma de comprender la realidad y en su toma de postura por el pueblo más dolido: desde su inteligente madre, hasta la comunidad lésbico-gay, pasando por los indígenas, campesinos, mineros, obreros, maquiladoras, migrantes, prostitutos, desaparecidos y otros grupos vulnerables con los que trabajó muy de cerca y de los que recibió sus más importantes lecciones de vida. Así, hizo notar que los pobres constituyen, no el 53% que reconoce el Coneval, sino más del 75% de la población, según Julio Boltvinik, reconocido investigador del Colegio de México, especialista en estadística.

En síntesis, Vera hizo una denuncia inteligente, muy dura y muy valiente del capitalismo salvaje, que cosifica y mercantilizar a las personas; las enajena, explota, esclaviza, prostituye, desaparece, tortura y destruye. En cambio manifestó su compromiso con el movimiento de liberación, que se viene gestando a través de la historia:

De lo que se trata es de rescatar la dignidad humana, contribuyendo a que cada persona, sea cual fuere su condición, se convierta en sujeto, es decir actor de su propia existencia, y no simple objeto, movido al antojo del poder. Esto significa trabajar por desarrollar la conciencia crítica del mundo en que vivimos, reflexionando sobre las causas que nos llevan a estar como estamos; en otras palabras, hacer un análisis profundo de la realidad.

Para finalizar, el obispo Vera lanzó una importante invitación para integrarnos a la Unidad Patriótica por el Rescate de la Nación (UPRN), frente amplio que trasciende las luchas partidistas. En ella participan más de 170 organizaciones en, al menos 15 estados de la república (http://www.jornada.unam.mx/2013/10/11/opinion/023a2pol), además de reconocidos intelectuales como Pablo González Casanova o Miguel Concha, entre muchos otros.

Este movimiento es abiertamente antípoda del Pacto por México y sus reformas estructurales, que darán –si lo permitimos– el tiro de (des)gracia a nuestro país.

¿Cómo pueden integrarse a este movimiento los ciudadanos “comunes”?

Retomo una sugerencia de John M. Ackerman, muy sencilla y pertinente (http://www.jornada.unam.mx/2013/11/25/opinion/020a1pol): “En vez de donar nuestro mínimo ahorro al financiamiento del circo mediático del Teletón o a los redondeos ‘altruistas’ de los grandes consorcios, sería de mayor provecho canalizarlo hacia iniciativas de autogestión informativa en comunidades, barrios, escuelas y centros de trabajo”; al pago de fotocopias, impresiones de internet y distribución de artículos fundamentados; al intercambio en las redes electrónicas, a la conversación reflexiva; así como a la edición de nuevos medios comunitarios, para contrastar la información mediática “sumamente distorsionada y parcial”, con la de las fuentes críticas y la experiencia directa, que ve su alrededor con profundidad.

“Convirtámonos en promotores de la pluralidad informativa y el debate, construyendo de manera lenta y sistemática una nueva sociedad (…) El cerco mediático no se romperá solo o sin fuertes resistencias. Pero la generalización de acciones de autogestión informativa constituirá un paso definitivo hacia la liberación de las conciencias y la eventual e inevitable derrota histórica de los aparatos ideológicos de la oligarquía dominante”.

Corre la voz

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