“Hacia una cultura de paz desde el trabajo con adolescentes en la UAQ”

La violencia en las instituciones educativas ha aumentado en los últimos años. Estos espacios, como organizaciones complejas, la reproducen a través de su vida simbólica: valores, normas y discursos. A través de la colaboración directa con la Unidad de Atención a la Violencia de Género (UAVIG) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), se ha identificado un aumento de los casos de adolescentes señalados por ejercer algún acto relacionado con la violencia de género, lo que denota un fenómeno urgente de atender. Ante este panorama, se diseñó desde 2023 un programa de consejería como parte de una estrategia psicoeducativa para intervenir en los significados de estos actos violentos.
La atención a hombres adolescentes es una prioridad de trabajo de la Dirección de Inclusión e Igualdad de Género para la Cultura de Paz de la UAQ. Uno de los objetivos de trabajo para el año 2026 es seguir garantizando un acompañamiento a aquellos jóvenes que presenten malestares emocionales por cometer algún acto de violencia de género dentro de las Escuelas de Bachilleres. No se trata de un acto punitivo; este procedimiento constituye un enfoque preventivo en aras de fomentar cambios de conducta y evitar la reincidencia, garantizando una cultura de paz en el salón de clases.
El acompañamiento que ofrece la presente estrategia es solicitado por las instancias de la Escuela de Bachilleres o por la propia UAVIG, contando siempre con el consentimiento de padres o tutores al tratarse de estudiantes que aún no cuentan con la mayoría de edad. Es implementado por una persona formada en la Estrategia de Trabajo con Hombres de la UAQ, quien debe cumplir con un perfil específico basado siempre en una postura ética de atención. El facilitador debe evaluar conductas de riesgo, comunicar conocimientos y propiciar la reflexión crítica ante los actos de violencia ejercidos, comprometiendo al estudiante con la responsabilidad de identificar el ejercicio de su propia violencia.
Constituye una prioridad de atención reducir el malestar emocional que pueden generar estas formas de relación y, al mismo tiempo, ofrecer herramientas de resolución asertiva de conflictos. Poder intervenir en el trabajo educativo desde una perspectiva de género garantiza que los estudiantes desarrollen una autoconciencia empática sobre el impacto de sus acciones y las desnaturalicen. Muchas veces, la naturalización de la violencia es la consecuencia de estos actos; elementos como los estereotipos de género cobran gran influencia en la construcción de la masculinidad durante la adolescencia, reforzando formas de relación basadas en tratos de irrespeto e inequidad hacia niñas y adolescentes. Educar con perspectiva de género promueve que la escuela se transforme en un espacio seguro donde el respeto y la igualdad dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en la base de sus vínculos cotidianos.
Promover una cultura de paz al interior de nuestras aulas asegura la protección de nuestros estudiantes y la armonía en la convivencia de la comunidad estudiantil; representa, además, una muestra de respeto y relaciones pacíficas como garantía de nuestro trabajo diario y compromiso institucional como educadores.



