Opinión

Historia de Mundiales

Por: Salvador Rangel

Existen eventos que llaman la atención mundial, que convocan a millones de telespectadores, y a la memoria vienen las escenas del asesinato de Jonh F. Kennedy, el viernes 22 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas.

Los anuncios del nombramiento de los papas católicos también capturan la atención de millones de televidentes, pero hay que reconocer que son noticias de uno o dos días, y poco a poco se desvanece el interés por las transmisiones.

Los Juegos Olímpicos son otro foco de atención mundial, principalmente la inauguración y algunas disciplinas, pero hasta ahí.

Sin embargo el Mundial de futbol adquiere otra dimensión: el día de la inauguración y, al menos en México, el país casi se paraliza cuando la Selección juega. Los políticos, que no desaprovechan para darse baños de pueblo, hacen instalar pantallas gigantes en plazas públicas, visten la playera de la Selección y se mezclan con el pueblo, algunos exageran los gestos de emoción, hacen declaraciones y felicitan a los jugadores en caso de que éstos ganen o empaten; si pierden, guardan silencio.

Pero detrás de estas manifestaciones de júbilo, de alegría, de escaparate para intereses políticos futuristas, existen historias que el tiempo hace que se olviden, o bien, la euforia del momento no las vuelve pertinentes.

Innumerables son los recuerdos de jugadores que tuvieron al mundo en sus pies o en sus manos al anotar un gol o detener un tiro o un penal.

Vienen las fotos, las entrevistas, la historia del jugador, los posibles contratos millonarios en equipos de fama mundial. Pero como todo en la vida, poco a poco se olvidan de él y, como dice la canción, “otro ocupa tu lugar”. Las noticias son así; se vive con lo maravilloso del día; mañana habrá otra noticia que ocupe las ocho columnas.

Y ahora que se celebra por segunda ocasión el Mundial en Brasil, los recuerdos del primer Mundial -en 1959- vienen a la mente. Cómo olvidar la final entre la selección anfitriona, Brasil, y la selección de Uruguay, cuando nace el término “maracanazo”; la final se jugaba el 16 de julio de 1950 en el recién inaugurado Estadio de Maracaná, Brasil jugaba en su casa, en su estadio nuevo, qué faltaba que perder; nada, pero el balón es redondo y gira para cualquier portería… Y el guardameta brasileño, Moacyr Barbosa, no detuvo un tiro de Ghiggia; Brasil perdió 2-1 e hizo que todo un país llorara, hasta un fanático se suicidó. Si a once minutos de que el partido terminara el empate continuaba, Brasil se alzaría con la Copa. Pero el destino tenía preparada otra jugada para Barbosa. Hay quien dice que Barbosa murió dos veces el 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná. Y el 8 de abril del 2000, entre pobreza y olvido, dejó el mundo.

Otra muerte “mundialista”, la de Andrés Escobar, seleccionado colombiano en 1994, quien anotó un autogol en el encuentro con la selección de Estados Unidos, lo que significó la eliminación de Colombia. Alguien no olvidó lo que consideró una afrenta nacional y decidió hacer justicia por propia mano: el 2 de julio de 1994, en la ciudad de Medellín, el defensa Andrés Escobar Saldarriaga fue asesinado. Tenía 27 años de edad.

El gran jugador brasileño Mantel Francisco dos Santos, “Garrincha”, quien en su infancia padeció poliomielitis, razón por la que tenía la pierna izquierda más grande que la derecha. Participó en tres campeonatos mundiales: Suecia 58, Chile 62 e Inglaterra 66. Fue campeón mundial en el 58 y el 62, con la selección en la que estuvieron Didi, Zagallo y Pelé. Su paso por los canchas ocurrió de 1953 a 1972. Finalmente, el alcohol lo acabó; murió pobre el 20 de enero de 1983.

Y dicen que aquí, en el Mundial de México 86, se inventó la “ola”, pero también surgió un personaje destacado: “la chica chiquitibum”, atractiva mujer, la española Mar Castro, modelo de 25 años que anunciaba una marca de cerveza, que se convirtió en una referencia del Mundial del 86.

Y de estos recuerdos, los nostálgicos se quedan con la imagen de “la chica chiquitubum”.

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