Opinión

Historia Marvel Comics

Por: Omar Arcega E.

twitter.com/Luz_Azul

 

“Incluso el pasado puede modificarse; los historiadores no paran de demostrarlo”.

Jean Paul Sartre

 

Una vez más el pasado nos alcanzó, nos cimbró y polemizó a México, me refiero a la idea de traer los restos de Porfirio Díaz a territorio nacional. Inmediatamente se formaron dos  bandos: los promotores de la propuesta y los que las rechazan.

Hace 5 años, con motivo del bicentenario de la independencia y del centenario de la Revolución Mexicana discusiones parecidas se suscitaron con múltiples personajes. Más allá de los casos concretos es necesario reflexionar porqué nos conflictuan  los protagonistas y hechos de nuestra historia.

Una de las posibles respuestas es que nos hemos formado en un infantilismo histórico, es decir todo lo vemos en blanco y negro, simplificamos la complejidad de nuestras personajes históricos en las categorías de héroe o villano. Esto es fruto de un condicionamiento antropológico y de las circunstancias históricas. Lo primero tiene que ver con el ejercicio de nuestra mente por reducir lo enmarañado a algo simple y lo segundo, está relacionado con la necesidad de legitimar a los que detentan el poder. En el caso de Porfirio Díaz, esto es muy claro, los triunfadores de la Revolución Mexicana necesitaban presentarse como los salvadores de la patria para ello necesitaban un ente del cual salvarla: Porfirio Díaz. Fue así que se borró de un plumazo el que haya sido un héroe de la intervención francesa, de los logros económicos y de conformación de un sistema político alcanzados durante su régimen.

Tras varias generaciones educadas en el rechazo del Porfiriato no es extraño que según consulta Mitofsky sea considerado el segundo peor villano de México tan solo por debajo de Antonio López de Santa Anna. Esto explica porque la resistencia a todo lo que suene a una reivindicación de su persona. Pero al mismo tiempo llevamos décadas de un revisionismo histórico sobre su régimen, esto ha generado dos bandos que ahora se manifiestan en la esfera pública: unos lo consideran héroe y otros alguien nefasto. Lo grave es que ninguna de los dos extremos busca un punto medio.

Debemos abandonar el infantilismo histórico en el que nos han educado, para los científicos sociales es indispensable librarse de este condicionamiento, es necesario generar una conciencia de que los personajes de la historia nacional actuaron de acuerdo a las circunstancias de su época, tomaron decisiones con base en la visión del mundo que llevaban a cuestas. Al pasar de los años algunas de sus acciones tuvieron consecuencias más positivas que otras, eso es innegable, pero en su momento y contexto ellos las consideraron las mejores. Fueron simplemente seres humanos que actuaron bajo una premisa: hacer lo que consideraron correcto.

Es necesario impulsar proyectos de revisión que purifiquen la influencia de las tendencias ideológicas, los que detentan el poder siempre tienen la tentación de reescribir la historia para legitimarse y por otro lado los historiadores también cargan el peso de sus condicionamientos.

Si observamos el mundo con estas gafas abandonaremos maniqueísmos estériles y nos libraremos de fantasmas ideológicos que solo entorpecen las oportunidades y desarrollo de las naciones. La historia de un pueblo no es un comic de Marvel, es un complejo entramado de decisiones y acciones realizadas por seres humanos llenos de complejidades.

No tiene sentido pelear por el pasado. En último caso debemos asumirlo, cada etapa histórica hizo de nuestro país lo que hoy es. Eso sí debemos conocer la historia para no volver a cometer los mismos errores. El pasado solo debe servirnos para entender nuestro presente, pero sobre todo para proyectar el futuro, los pueblos que olvidan esto están condenados a lamer sus heridas eternamente.

 

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