Hugo Zemelmanen “Borders, pensadores de frontera”

La construcción de un pensamiento que se ubique frente a su realidad inmediata y proponga la resolución de conflictos fuera de los marcos rígidos de la teoría científica, es, quizá, la mayor aportación de Hugo Zemelman. En el episodio de “Borders. Pensadores de frontera” correspondiente a abril y que tuvo lugar en su sede habitual, el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de la Facultad de Filosofía de la UAQ, ésta fue una de las ideas que se esgrimieron en torno a la figura de este teórico de Latinoamérica.
Desde una búsqueda incansable por generar un saber alcanzable desde todas las trincheras del conocimiento y por todos los sujetos susceptibles al mismo, Zemelman se posiciona como una de las voces a la vanguardia y aboga por derrumbar el mito del conocimiento clásico, luchando desde el espacio que hay entre la tinta y las aulas por la creación de un conocimiento crítico, pragmático y colectivo que ayude a derribar los bordes invisibles del pensamiento académico.
Esta movilidad del pensamiento y la fuga en la rigidez de una teorización clásica es la que nos permite plantarnos frente a la autodeterminación como sujetos y nos posibilita para construir saberes que se moldeen alrededor de los problemas inmediatos, generando, a su vez, un espacio de cooperación entre la realidad y la teoría. Es así como lo enuncia Gustavo Ángel García González, quien rescata desde una mirada a contraluz del trabajo de Zemelman, la posibilidad de generar un acercamiento que logre adaptar y moldear el pensamiento académico a las necesidades y aflicciones de la realidad.
Es esta posibilidad de adaptación la que dota de una dimensión esperanzadora al pensamiento teórico de Zemelman quien busca, como lo menciona Margarita Espinosa Blas, profesora e investigadora de la Facultad de Filosofía, recuperar la idea de un futuro utópico como algo realizable y plausible mediante la reconstrucción de un saber académico que coopere con la construcción del futuro y se adapte, desde una visión de su presente inmediato, a las necesidades de comprender su panorama histórico desde la visión de los sujetos que la construyen.
De esta forma, las ideas de Zemelman tocan una fibra sumamente humana en el quehacer académico al plantear futuros construidos sobre el entendimiento de las circunstancias y el devenir histórico, buscando incesantemente el nacimiento de personas capaces de tomar el futuro y hacer de él un momento capaz de funcionar en cualquier instante.



