Opinión

Iglesia católica, el muro de la hipocresía.

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

PARA DESTACAR: Después del anuncio del presidente Enrique Peña Nieto sobre la iniciativa para que el matrimonio civil igualitario sea una realidad, la iglesia católica irrumpe. Tiene derecho, como todos, a la libertad de expresión, incluso la expresión hipócrita. “Reiteramos nuestra convicción, basada en razones científicas, sociales y religiosas, que la familia, célula de la sociedad, se funda en el matrimonio de un hombre con una mujer” declara un comunicado de la misma.

Vivimos porque imaginamos que vivimos. En nuestra mente fluyen mundos de signos a los que atribuimos virtudes para luego hacernos sus contribuyentes. Hay algo peor cuando obligamos a otros a contribuir en mundos imaginarios nuestros, mundos relativos y efímeros en los que nos movemos con relativa y efímera comodidad.

Nuestra imaginación inventó dioses y luego les otorgó vida propia. La imaginación alienada, esquizofrénica, en un nivel de fina sutileza, no logra romper esa dualidad artificial.

El presidente Enrique Peña Nieto anunció una iniciativa que modificará –esperemos- el artículo 4 constitucional y el Código Civil Federal para garantizar el matrimonio igualitario entre adultos de todo el país.

En claro juego cooperativo republicano, el Poder Ejecutivo pretende impulsar el criterio del Poder Judicial (Suprema Corte de Justicia de la Nación), para que las personas puedan contraer matrimonio sin discriminación por motivos étnicos, de nacionalidad, discapacidad, condición social, religión, género o preferencias sexuales. La tarea que sigue corresponde al Poder Legislativo con todo y su deliberación incierta.

(Artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.)

La iglesia católica irrumpe. Tiene derecho, como todos, a la libertad de expresión, incluso la expresión hipócrita.

Pocas horas después del anuncio presidencial, en un comunicado de prensa que demuestra una saludable capacidad de reacción, la Conferencia del Episcopado Mexicano expresó: “Los Obispos de México valoramos todas las propuestas y acciones que promuevan el reconocimiento y protección de los derechos de todos y el deber que cada persona tiene de respetar la dignidad de los demás”.

Los obispos “reconocemos que es prioritario evitar toda discriminación”.

A partir de ahí el comunicado empieza a tejer finamente con hilo hipócrita.

El comunicado remite inmediatamente a  la DECLARACIÓN DEL CONSEJO DE PRESIDENCIA Y DE LAS DIMENSIONES FAMILIA Y VIDA DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO RESPECTO AL DICTAMEN DE LA SUPREMA CORTE” (18 de junio de 2015)

Ponen, los obispos, el siguiente epígrafe: “Los cristianos obedecen las leyes establecidas, pero con su vida las sobrepasan. (Carta a Diogneto, V, siglo II)”

¿Qué declaran?:

-Reiteramos nuestra convicción, basada en razones científicas, sociales y religiosas, que la familia, célula de la sociedad, se funda en el matrimonio de un hombre con una mujer, que por su capacidad procreativa garantizan la supervivencia de la sociedad

 

-Consideramos que la sentencia de la Suprema Corte, además de romper con esta sólida tradición jurídica y el bien social que custodia, contraviene los principios del federalismo y la razón de ser de los diversos códigos civiles, que pretenden responder a la realidad concreta de cada entidad federativa y su pluralidad, lo que debe reflejarse en las acciones de los jueces.

-La Iglesia sostiene que el matrimonio solo puede celebrarse entre un hombre y una mujer, y defiende este valor para el bien de las personas y de toda la sociedad.

-La discriminación es una distinción injustificada, que en este caso no se da (negritas mías), ya que el matrimonio siempre ha sido entre personas de diferente sexo, hombre y mujer. No corresponde al Estado crear nuevas formas de matrimonio, porque ya no sería matrimonio, sino otro tipo de unión.

Las contradicciones están a la vista, no se resuelven con rollo denso y cansador, racionalizando en sentido freudiano para ocultar verdades.

Las contradicciones se resuelven, la iglesia lo sabe bien, con manotazos de poder, enviando contingentes dóciles a cazar brujas.

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