Opinión

Inconsistencias, contradicciones y alternativas en el hacer político

Si algo tenemos los humanos es que somos inevitablemente contradictorios e inconsistentes: dudamos, cambiamos de opinión; nos mostramos a veces muy decididos y luego titubeamos; nos entusiasmamos por una causa y prometemos dar lo mejor, y poco después descubrimos que estamos sujetos a diversos condicionamientos que nos impiden responder (la familia, el trabajo, la falta de recursos, las enfermedades imprevistas…) Por otro lado, nos quejamos de que “todo está mal”, “nadie hace nada”, “todos son iguales” (sic), y a la vez tachamos de “conflictivos” o “díscolos”, a quienes se animan a “hacer algo”.

Uno de los asuntos vitales, en el que somos especialmente inconsistentes y contradictorios, es la política. La simple mención de esa “asquerosa palabra” provoca que cierta gente deje de leer textos como éste.

Da prestigio autonombrarse “apolítico”. Sin embargo, los “apolíticos” también se lamentan de que “ya no hay valores”, de que ya no se enseña civismo en la escuela o de que ésta no logra contener la anomia de los chicos.

La política pierde su significado profundo, cuando se reduce mañosamente a las contiendas electorales y se asocia con toda esa gente que alcanza puestos de poder y traiciona al pueblo.

La política está tan desprestigiada, que quienes se dedican “profesionalmente” a ella, retuercen el lenguaje, para diluirla. Así, hablan de “ciudadanizarla”, o de “proponer candidatos ciudadanos”, como si hubiera políticos que no son ciudadanos o ciudadanos que no son políticos. Ante el desprestigio de los partidos, se inventan los “candidatos independientes”, lo que genera nuevas confusiones, pues pareciera que la corrupción es inherente a todos los partidos y sólo a ellos.

Como si auto declararse “ciudadano” o “independiente” generara pureza. (El tremendo escándalo de la empresa Oderbrecht muestra la falsedad de esa pretensión). Además, nadie es realmente independiente; todos requieren un soporte social. ¿Quién sostiene a los “independientes”? eso queda en la opacidad; (excepto, claro, la indígena, vocera del CNI-EZLN).

Pretender eliminar a los partidos políticos, por otro lado, ANTES de haber construido (o al menos planeado estratégicamente) una estructura alternativa, nos regresa en la historia, a tiempos en que reinaba el caos de tendencias. Pero para construir una nueva estructura, es preciso que la gente se interese por la política. Pero ¿cómo lograr que se interese?

Aunque la palabra no se mencione, basta con que la invitación “huela” o “suene” a política, para que el interlocutor se desconecte.

En una estupenda “Feria-foro de organizaciones de la sociedad civil” (que tuvo lugar recientemente en la UAQ), una señora respondió horrorizada: “¡Ay, no, eso suena a política; no me interesa!”, cuando le propuse participar en algún conversatorio sobre lo que sucede en nuestro país, (de la Nueva Constituyente Ciudadana Popular).

Sabemos, por el “Informe País sobre la (mala) calidad de la ciudadanía en México”, del profundo desinterés que tienen, especialmente los jóvenes por ese tema. Sin embargo, estamos condenados a ser políticos, por el solo hecho de ser humanos (Aristóteles). Y es que la política atraviesa todas nuestras formas de relación con los otros.

Bertolt Brecht señaló, contundente: “El peor analfabeto es el analfabeto político… no sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos, que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”. El “apolítico” que se abstiene, deja libre el camino a quienes buscan despojar a los demás.

Si no podemos evitar ser políticos (porque somos humanos), al menos debiéramos asumir esto con inteligencia y ponerlo a nuestro favor.

A quienes detentan el poder les conviene enormemente, que el resto de la ciudadanía se vuelva “apolítica”, porque así tendrá las manos libres y garantía de impunidad. El contrapeso de un partido, o “frente opositor”, que esté en la misma lógica (de servirse sólo a sí), no le sirve al pueblo para nada.

El contrapeso debe venir, entonces, del pueblo mismo, desde TODOS los espacios posibles. Esto implica, al menos dos tareas: 1) rescatar a la democracia del rincón electorero al que fue confinada y desplegarla en sus otras múltiples formas alternativas, como auténtica forma de vida; 2) obligar a los partidos “de izquierda”, a interactuar sistemáticamente con la población, no sólo para escuchar sus demandas, sino para formarla políticamente; para que aprenda a leer críticamente su realidad, para que se empodere y participe en la construcción de su propio proyecto de nación.

Sobre la primera tarea: esfuerzos de articulación de organizaciones sociales, que trabajan en la construcción de múltiples propuestas alternativas, como el de las que participaron en la feria, arriba mencionada, animan la esperanza. Conviene multiplicarlos.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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