Opinión

Inseguridad, impunidad y urgencia de un cambio de enfoque

Los medios comerciales, contribuyen a la crispación social, metiendo cizaña y agravando la xenofobia: “los queretanos somos buenos, los migrantes son delincuentes”. Así la gente se llena de miedos, desconfía de todos y prefiere encerrarse en su casa.

Por:María del Carmen Vicencio Acevedo

Metamorfosis-mepa@hotmail.com

 

Algunos queretanos andan últimamente muy consternados. Después de compartir el sueño complaciente de Calzada Rovirosa y Loyola Vera (de que éramos, casi casi, el mejor estado del país, el de mayor crecimiento, el más pacífico, el de las más flamantes relaciones internacionales…), de pronto se enteran de ese gato encerrado, que muchos otros queretanos ya conocíamos desde antaño: Querétaro también es inseguro, sufre de corrupción y padece un índice muy alto de impunidad, como ahora devela el informe del CESIJ, Centro de Estudios sobre Impunidad y Justicia de la Universidad de las Américas de Puebla (IGI-MEX, 2016), publicado recientemente.

Sabíamos de la violencia e inseguridad, desde hace tiempo, porque ahí donde vivimos pasan muchas cosas que no se ven desde las hermosas zonas residenciales, donde habitan quienes deciden por nosotros, protegidas como burgos feudales, para evitar el roce con “la chusma”.

Sabíamos de la impunidad, porque el pueblo se pasa la vida intentando ser escuchado por sus autoridades sin lograrlo, cuando es agredida o estafada por todo tipo de truhanes prepotentes, que alardean el “nadie me tocará”, por sus nexos con funcionarios poderosos. Después de muchos años de insistir, sin resultados, la gente termina naturalizando la violencia y la podredumbre en que vive, para no sentir el dolor.

Sabíamos de la inseguridad y de la impunidad, no sólo por experiencia directa; también porque varios de nuestros amigos trabajan en hospitales, son agentes policiacos, choferes de pudientes, o “ni nis”, que todo lo ven y escuchan.

¿Será que de pronto, con el nuevo gobierno, la cosa empeoró? o ¿será que el anterior era tan opaco, que muy poco salía a la luz?

Cada mandatario entrante, no importa su partido, alegará que el anterior “dejó un cochinero”, y una deuda enorme; que por eso no puede atender las nuevas demandas sociales, pues otra vez no hay presupuesto. Si aumentan las cuentas de la delincuencia, el nuevo gobierno lo negará, alegando que, más bien, aumentó la transparencia de su gestión.

Los medios comerciales, por su parte, contribuyen a la crispación social, metiendo cizaña y agravando la xenofobia: “los queretanos somos buenos, los migrantes son delincuentes”. Así la gente se llena de miedos, desconfía de todos y prefiere encerrarse en su casa. Si alguna vez es consultada, repetirá que el peor problema, donde vive, es la inseguridad y propone colocar videograbadoras por doquier, para atrapar delincuentes. Dirá también que denunciar no sirve; que más vale evitar conflictos y no meterse en política.

Así, nos enredamos más y más en esa patológica espiral, que termina por volver realidad lo que tanto temíamos, como narró García Márquez, en su “Presagio”.

¿Así es como queremos vivir? ¿Quién puede gobernar sabiamente ciudades “macro”, tan desquiciadas como es hoy la capital queretana?

Si realmente interesa frenar la violencia en Querétaro, habrá que hacer muchas cosas, como invertir la lógica de distribución del erario, para priorizar una  profunda atención a los suburbios más pobres, oscuros y marginados. El suficiente alumbrado público en todos los rincones hará innecesario el gasto en videograbadoras; garantizar que todos los menores estén en la escuela, gocen de opciones saludables de recreación y deporte y se apropien de los espacios públicos, los alejará de la televisión y de la tentación de delinquir. Escuchar a la población y promover su organización en CADA localidad, empoderando sus iniciativas y modos de producción (en vez de privilegiar al gran comercio), hará menos importante el uso de helicópteros asusta-delincuentes. Llevar trabajo, salud, belleza a los espacios más feos y sucios, aliviará el alma de los resentidos.

Si realmente interesa enfrentar los problemas de impunidad, habremos de constituir inéditos organismos ciudadanos (sin sueldo), independientes de la cúpula gubernamental y de los partidos políticos, apoyados por expertos también independientes (bien pagados) o de instituciones públicas de nivel superior, con autoridad, para llamar a cuentas a quienes la población señale de corruptos o delincuentes (en especial a los de cuello blanco).

La triste y polémica elección de los nuevos miembros de la Comisión Estatal de Información Gubernamental (CEIG), que pudo haber sido germen de ese organismo independiente, resultó un fiasco más, al subordinarse a los criterios de la partidocracia.

 

 

 

 

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