Opinión

Juárez, Calles y Salinas

Por Salvador Rangel

En la historia los nombres de ciertos personajes se unen, tienen algo en común, en este caso Benito Pablo Juárez García, Plutarco Elías Calles y Carlos Salinas de Gortari, los tres Presidentes de México, se identifican por las leyes entre el Estado y la Iglesia.

Juárez al expedir la Leyes de Reforma, que limitaron el poder económico, político y social de la Iglesia, quien siempre había mantenido fuero, propiedades, registro de casamientos, fallecimientos y además era la religión oficial, no aceptó tal desacato y de manera velada provocó la Guerra de Reforma o de los tres años, 1858-1861.

Sin embargo la Iglesia se sobrepuso a este cisma y se adaptó al cambio, pero de ninguna forma renunció a expresar opiniones políticas y manifestar preferencias por candidatos presidenciales y acercamientos con el Presidente de la República.

No fue, sino hasta el gobierno (1924-1928) de Plutarco Elías Calles, cuando el 21 de febrero de 1925 con el auspicio de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) se funda la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, las relaciones Estado-Iglesia eran tensas. Calles se proponía reglamentar e imponer fielmente la Constitución. En 1926 exigió a todos los gobernadores la inmediata aplicación del artículo 130 constitucional, lo que provocó clausura de escuelas de religiosos, expulsión de sacerdotes extranjeros, manifestaciones a favor y en contra.

El 2 julio de 1926, en el Diario Oficial se publica la Ley Calles que reforma el Código Penal e incluye delitos relativos a la enseñanza confesional y de cultos. El artículo 19 hace obligatoria la inscripción oficial de los sacerdotes para que ejerzan su ministerio.

Este conflicto derivó en la Guerra Cristera 1926-1929: se calcula que costó la vida a 70 mil personas y la emigración de cerca de 200 mil. El viernes 21 de junio de 1929 en el gobierno de Emilio Portes Gil, termina el enfrentamiento Estado-Iglesia, no se aplicará la Ley Calles y las iglesias se reabren al culto.

De nueva cuenta las relaciones Estado-Iglesia entraron en una nueva etapa, tratando de curar heridas por la guerra civil.

Manuel Ávila Camacho, Presidente de México (1940-1946) se declara católico y la Iglesia regresa a la vida pública con nuevos bríos, discrecionalmente no se aplicó el artículo 3º constitucional y las escuelas confesionales impartían (imparten) clases de religión.

Después el Presidente (1970-1976) Luis Echeverría Álvarez visitaría al Papa Pablo VI en el Vaticano.

Y en enero de 1992 se aprobó la iniciativa del Presidente Carlos Salinas de Gortari, para reformar el artículo 130 constitucional, con el propósito de adecuarlo a las condiciones en que se desenvolvía la Iglesia en el entorno social y político del México actual.

También se modificó el artículo 5º que prohibía el establecimiento de órdenes monásticas y el 27 que permite que las asociaciones religiosas tengan capacidad para adquirir, poseer o administrar los bienes que sean indispensables para su objeto.

Y ahora en 2012, tres de los cuatro candidatos presidenciales, Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, quienes hace poco se confesaron ante el poder terrenal del vicepresidente de Estados Unidos, ahora acuden a escuchar misa en León, Guanajuato, oficiada por el Papa Benedicto XVI, es decir presentan sus respetos al poder espiritual. Aunque el poder de la Iglesia es más terrenal que espiritual.

Y es curioso, el candidato presidencial del Partido Nuevo Alianza, Gabriel Quadri, no asistió ante el representante del poder terrenal ni del espiritual, no le habrán avisado, o la maestra no le dio permiso.

Y los nostálgicos que ven que la Iglesia cada día tiene más fuerza, se quedan con las santas, proféticas y evangélicas palabras que expresó el obispo Onésimo Cepeda a las puertas de la Basílica de Guadalupe, en 2010: “En México el Estado laico es una jalada”.

rangel_salvador@hotmail.com

 

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