Opinión

Justicia e historia

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

Con tres implacables epígrafes, Gerardo Laveaga presenta su más reciente novela:

1) Las leyes son como las telas de araña: aprisionan a los pequeños y a los débiles. Los ricos y poderosos, sin embargo, las rompen cuando quieren. (Anacarsis, si­glo VI a.C.)

2) Quien pueda utilizar la fuerza, no tiene necesidad de acudir a litigios. (Tu­cídides, Historia de la Guerra del Pelopo­neso, 1:77) y

3) En las cues­tiones humanas, las razones del derecho inter­vienen cuando se parte de una igualdad de fuerzas. En caso contrario, los más fuertes determi­nan lo posible. Los débiles lo acatan. (Ibid., V:77)

Tucídides es­cribió cercano el año 400 antes de Cristo. La novela de Laveaga se ti­tula Justicia, se terminó de imprimir en mayo de este año y lo publica la editorial Alfaguara.

“Mientras el jefe de gobierno –se lee en la contraportada– dirige un discurso en un parque de la ciudad de México, alguien descubre el cadáver de una estu­diante de secundaria. Le han torcido el cuello y, sobre su uniforme, han escrito la palabra puta. Por el momento en que ocurre, la noticia adquiere cariz nacional y las autoridades prometen dar con el responsable… así sea fabricándolo.”

Nada nuevo bajo el sol, dirán algunos. Sin embargo, es un machacador recorda­torio de la realidad real, de las intimida­des de nuestro sistema de justicia en ge­neral y particularmente el penal. Sistema que, como su nombre lo indica, involucra a los centros de reclusión, las corporacio­nes policiacas, los agentes del Ministerio Público, los abogados litigantes, los tri­bunales de justicia, los jueces, los minis­tros de la Suprema Corte, los centros de enseñanza del derecho, los profesionales de las ciencias sociales… Y a nosotros.

2500 años fueron ayer, Anacarsis y Tu­cídides siguen campeando (y urbanean­do).

Eric Hobsbawm

Sostenía que “la injusticia social toda­vía debe ser denunciada y combatida”, ya que “el mundo no va a mejorar por sí solo”.

Miraba con recelo y criticaba acremen­te lo que etiquetaba como “marxismo fundamentalista”. Fallecido hace poco más de un mes, Hobsbawm afirmaba que la teoría original de Marx “consiste en un análisis del capitalismo y de sus tendencias, y a la vez en una esperan­za histórica, expresada con una pasión enormemente profética y en términos de una filosofía derivada de Hegel, del eterno anhelo humano de una sociedad perfecta, que se alcanzaría a través del proletariado.”

Sin embargo, dicha originalidad, al pa­so de las décadas, transitó hasta desem­bocar actualmente en un “marxismo en recesión”. Aconteció el desmoronamiento traumático, “traumático no solamente para los comu­nistas sino para los socialistas de todas partes, aunque sólo fuera porque, con todos sus evidentes defec­tos, había sido el único intento real de construir una sociedad so­cialista.”

Es sorprenden­te –dice Hobs­bawm– la fragi­lidad mostrada por los regímenes comunistas, pero atendiendo a las causas afirma que dichos regímenes habían sido diseñados como doctrina para una selecta minoría de líderes y activistas, no como una fe para una conversión universal como el catoli­cismo romano y el islam. Esta caracterís­tica sola tendía a despolitizar a aquellos que se encontraban fuera de la esfera en la que se precisaba una ideología.

Una tesis para considerar con seriedad: “no podemos prever las soluciones de los problemas a los que se enfrenta el mundo en el siglo XXI, pero para que haya algu­na posibilidad de éxito deben plantearse las preguntas de Marx, aunque no se quieran aceptar las diferentes respuestas de sus discípulos.”

No siempre es lo más útil encontrar las respuestas a los problemas que nos pre­ocupan, sino poder desarrollar la capaci­dad para formular nuestros propios inte­rrogantes. En este sentido, la aportación de Eric Hobsbawm es verdaderamente insoslayable y constituye un auténtico arsenal de enseñanzas, para marxistas y no marxistas.

Final

¿El concepto de izquierda sigue tenien­do sentido hoy día? ¿El conjunto de con­vicciones que defiende está sumergido en la opacidad y convoca a sumarse? ¿Dónde está la realización de sus metas, dónde la justicia anhelada? ¿Se puede afirmar que alguna idea de izquierda vaya a conse­guir modelar el futuro próximo?

¿Es la izquierda el envoltorio que gurda la verdadera sorpresa del panorama polí­tico-cultural de principios del siglo XXI? ¿Es la derecha el verdadero contenido? Promete felicidad y bienestar para todos.

rivonrl@gmail.com

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