Opinión

Justicia: el colapso y la vergüenza

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

 

Una mujer, una balanza, los ojos vendados y una espada. Son esos los elementos de una de las alegorías más hieráticas con la que se representa a la justicia en el mundo. El aire monárquico de las cortes y los despachos de los jueces lucen bien ese adorno. Ahí lo podemos ver en la portada del más reciente informe del presidente del Tribunal Superior de Justicia de Querétaro. Un precioso adorno cuyo tono bronceado destaca más la vergüenza en que, en los hechos, se ha convertido la justicia.

Podrá decirse que la inoperancia de la justicia es un mal de todo el orbe, y hasta podría citarse, por recordar algo muy reciente, al vicepresidente del Estado boliviano, que ha admitido que en su país la justicia, además de ser una vergüenza, apesta como apesta algo podrido. Podríamos alegar también que no es un mal privativo de nuestra ínsula del bajío, pues hasta el propio arzobispado de México ha proclamado a la justicia mexicana como una “vergüenza internacional”.

Recuerdo al sociólogo Carlos Dorantes, allá por finales del siglo pasado, insistiendo en la urgente necesidad de ponerle el foco a la justicia. Que la ciudadanía sepa cómo funcionan los resortes que mueven la maquinaria de los juzgados y que sus sentencias no parezcan revelaciones divinas. ¿Cómo son electos los jueces y magistrados? En la más oscura de las tenebras. ¿A quién responden? No a la ciudadanía, por supuesto. ¿Cómo construyen sus razonamientos? ¡Sabrá Dios! ¿Qué ojos hay sobre el continente inhóspito de las averiguaciones previas? No los ojos ciudadanos, desde luego.

Cuatro datos del colapso y la vergüenza en nuestro país.

Uno. Según un estudio oficial de 2015, integrado con metodología supervisada por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, por falta de confianza hacia las autoridades, en México sólo se denuncian 7 de cada 100 delitos cometidos en el territorio nacional. Y 9 de cada 10 delitos que se cometen en el país quedan impunes. Por este mérito, en la más pulcra de las desvergüenzas, México bien podría llamarse Impunilandia.

Segundo dato. El Programa Nacional de Procuración de Justicia del Gobierno de la República ha tenido que admitir otra vergüenza: de entre los pocos delitos que constan en expediente y por los que se ha dictado orden de aprehensión, el cumplimiento es demasiado pobre. De cada 100 órdenes de aprehensión sólo se cumplen 32. Datos de la primera mitad de 2015 mostraron que el cumplimiento había caído a menos del 20 por ciento. Si la justicia debe ser pronta y expedita, ahí está la medalla en el pecho de la justicia. En 2013, el tiempo promedio para integrar una averiguación fue de 247 días, demasiados; al año siguiente pasó a 273 días, y en 2015 subió a 280.

Tercero. De acuerdo con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, en las prisiones de México no están los criminales poderosos; están hacinadas de delincuentes menores. Y no sólo eso, 65 de cada 100 penales del país operan bajo control del crimen organizado. Ahora que volvió el jefe del cártel de Sinaloa al Altiplano, es absurdo que en el centro del debate esté una actriz de la farándula local, en lugar de que se debatan las complicidades que hicieron posible la fuga del capo, incluyendo sus tentáculos en Querétaro; o que se debata la connivencia entre el capo y los militares, según insinúa el actor que lo entrevistó, o que se debatan los mecanismos de lavado de dinero que el narcotraficante ha confesado.

Y el último dato. Un corte a octubre pasado, difundido por la Secretaría de Gobernación, evidenció que a sólo seis meses de que venza el plazo legal para la implementación del nuevo sistema de justicia penal, hay un atraso de más de 95 por ciento. El estado que lleva el mayor avance de implementación es Nuevo León, con un vergonzoso 4.5 por ciento. La mitad de los estados del país acusa un avance de 2 por ciento. La reforma constitucional estableció que los juicios que el próximo 18 de junio no sean orales serán declarados inconstitucionales, según ha advertido Gobernación. ¿Cómo le van a hacer? Como siempre, tratarán de resolverlo con reformas, declaraciones de banqueta  y boletines de prensa.

Aquí tenemos una radiografía rápida de la justicia en México, armada con datos de fuentes oficiales. Razón tendrá, y mucha, de sobra, el salmista para interrogar a los responsables de la justicia: ¿pronunciáis en verdad justicia?, para enseguida acusarlos: “Antes bien, en el corazón maquináis la maldad”. Por eso, como si se tratara de un remordimiento, la Constitución General de la República repite en 121 ocasiones esa bendita palabra. Casi el equivalente a una mención por artículo.

Ahí seguirán los profetas recordándonos que el Estado de Derecho es todo lo contrario del Estado absolutista, “caracterizado por la ausencia de libertades, la concentración del poder y la irresponsabilidad de los titulares de los órganos del poder.” Lo que estamos viviendo es, justo eso, la negación del Estado de Derecho. Eso, y el mareo estadístico del colapso y la vergüenza.

 

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