Opinión

La barbarie que nos merecemos

Por: Jorge Antonio Torres Anaya

 

…en la medida que somos el resultado de generaciones anteriores, también somos el resultado de sus aberraciones. Pasiones y errores; no es posible liberarnos completamente de esta cadena…Todo hombre o pueblo necesita, según sus metas, fuerzas y necesidades, un cierto conocimiento del pasado… Friedrich Wilhelm Nietzsche

El mexicano promedio hoy en día adolece del reblandecimiento o desvanecimiento de ciertos elementos necesarios y complementarios entre sí. De entre ellos la conciencia social, la conciencia histórica y la conciencia crítica parecen ser completamente determinantes en su falta para comprobar que nos merecemos el país que tenemos de acuerdo a nuestra actitud como mexicanos.

Es principio de octubre y se ha terminado el “mes patrio”, donde más de uno habrá abusado del tequila, de la gastronomía nacional y de José Alfredo Jiménez. Se grita “¡Viva Mexico!” entre matracas y banderas, cobijados por el sentimiento de nación (inducido, sea dicho de paso) que poco a poco va diluyéndose hasta llegar al 30 de septiembre, donde cada uno vuelve a convertirse en un individuo con metas únicas ajenas a lo que como sociedad podría buscarse. Se debilita el tejido y la conciencia social, borrándose del interior de los mexicanos. ¿Dónde queda el sentimiento de vitalidad del “Viva México”? Y peor aún, ¿dónde quedó México? No me extraña que justamente para el interés personal de los políticos el trabajador mexicano sea mejor en lo individual que en lo colectivo, y que por lo tanto sea bueno ofrecerle un empleo en donde se le pague sólo por las horas que como individuo solitario realice. No le pide solidaridad, porque sólo tiene que ver por su futuro, no por el de los demás como colectivo.

El mexicano tiene un calendario bien establecido. En diciembre empieza el maratón Guadalupe-Reyes, seguido de las espera a la Semana Santa y aguantar un mes para el Día de Muertos. Y sin embargo este sistema cíclico de las festividades parece no incluir el verdadero recuerdo sostenido del costo de ciertas fechas, llegando al olvido de la remembranza dolorosa de algunos días significativos para la construcción del mexicano. Mucho empeño se invierte al tratar de concientizar a la gente sobre el 2 de octubre cuando el discurso general (y no sólo el gubernamental) es de completo desconocimiento al valor del Movimiento del 68. Aquellos que lo vivieron conscientemente van siendo olvidados y los jóvenes son inmersos en la desfachatez del mundo del consumo salvaje. ¿Dónde cabe el recuerdo de la cultura social del pasado cuando se tiene lo “vintage” para aparentar?

Hace un par de años (o menos) los medios voltearon a ver a la filosofía moribunda en las aulas de la educación media-superior. Hoy la trampa no se extiende sólo desde las esferas de decisión de los organismos gubernamentales de educación, sino desde una sociedad que distribuye un individualismo parasitario, donde el ciudadano de cualquier edad no está para criticar su entorno en tanto que no violente su estatus individual. ¿Por qué criticar al sistema si para el fin de semana tengo lo suficiente para hacer lo que quiero? Entonces al joven le venden la prosperidad de las fiestas de sábado por la noche, con el alcohol por las nubes y los autos. Y al empleado, la sencilla tranquilidad de la casa de interés social a 30 años con crédito. Se evita la crítica presente y futura con pequeños bienestares que ilusionan y mantienen el miedo a la vez: idea de pertenencia, de solvencia económica y estabilidad que pueden perder de un momento a otro si cuestionan el estado de las cosas.

La reforma laboral, que de ahora en adelante es un estigma en la frente del mexicano, pasó porque no tenemos conciencia social, ni histórica, ni crítica. ¿Cómo pedirle a una nación que muestre inconformidad y crítica si no es capaz de ser consciente de su ser social y de su historia? Si de verdad el “2 de octubre no se olvida”, podremos decir que puede haber una esperanza de rescatar la conciencia social-histórica-crítica (aunque parezca que en México “no se aprende en cabeza ajena” y no hemos sido capaces de ver el futuro que nos espera en la experiencia del pueblo español). De lo contrario México parece exigir la barbarie para despertar.

Además opino que se debe de respetar la libertad de expresión en los medios de comunicación, legislarse adecuadamente sobre los derechos indígenas, evitar que los grandes capitales se involucren en nuestras elecciones y dejar de disfrazar el fraude electoral desde los medios. #YoSoy132.

@AntonioTorresA

antoniotorresanaya@gmail.com

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