Opinión

La buena noticia de los estudiantes movilizados

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

Desde la primavera de 2012, cuando impugnaron el inminente retorno del PRI al gobierno de la República, los jóvenes no ocupaban el espacio público. Vive el país un reavivamiento del activismo estudiantil, en tres modalidades: primera, la que encarnan los estudiantes que protestan por la desaparición de 43 de sus compañeros en Guerrero; segunda, la que encarnan los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, que avanzan hacia un congreso que hará un replanteamiento profundo de esa prestigiada institución, y tercera, la que encarnan los universitarios de Querétaro, que este miércoles ejercieron su derecho al sufragio para elegir al Rector.

Iguala-Ayotzinapa ha estremecido al país y ha activado un movimiento que está pasando “de la indignación a la digna acción”, lo que implica escalar el nivel emocional y mandar destellos de su visión de país. Está por cumplir ya un mes la desaparición de 43 jóvenes de extracción humilde en una región que sintetiza el subdesarrollo en México, asolada por cacicazgos violentos que han traspasado las fronteras de todas las criminalidades. Como en tantos casos de cuyo esclarecimiento el Estado pretende desresponsabilizarse, se ha recurrido ya al expediente del “crimen organizado”, esa especie de hoyo negro a donde van todos los muertos incómodos. Varias instancias representativas de la Universidad Autónoma de Querétaro han formulado de manera expresa su exigencia de justicia y buen número de jóvenes salieron a la calle y se adhirieron al paro nacional realizado los días 22 y 23 de octubre. Lo vimos en la explanada de Rectoría, en el Patio Barroco y en el Jardín Zenea.

Mientras tanto, se mantiene el vigor de la movilización de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional. Un primer dato relevante es que la organización estudiantil impidió que el gobierno federal le impusiera sus tiempos y orientó su energía a una transformación estructural de esa institución en la que se forman 160 mil jóvenes y que vive la solidez de sus 80 años. Es muy probable que, producto del congreso que pronto se instalará, se definan los términos de su autonomía. El caso IPN sugiere una pregunta muy sencilla: ¿cómo organizarían el mundo los jóvenes si tuvieran esa potestad? Al menos imaginémoslo por un momento, y sigamos con atención este caso que seguramente mostrará de qué son capaces.

La tercera modalidad de movilización estudiantil, menos vistosa pero no por ello menos relevante, ha fluido por los cauces institucionales, pues la participación estudiantil en una decisión significativa, como lo es la elección de Rector, está reconocida en Querétaro por las normas institucionales. Mientras la gran mayoría de universidades resuelven la designación de sus autoridades al margen de los estudiantes, mediante consejos o juntas de gobierno, en la Universidad Autónoma de Querétaro vivimos las últimas semanas un proceso que involucró a 32 mil universitarios. Se inscribieron tres candidatos, entre ellos el actual rector, a quien la ley orgánica le reconoce derecho a continuar por tres años más. El debate y las 23 presentaciones directas en todas las unidades académicas (13 facultades, la escuela de bachilleres y campus y planteles en buena parte del territorio estatal) permitieron que la comunidad universitaria deliberara sobre las prioridades de la institución en los siguientes tres años.

Cada uno de los candidatos obtuvo lo que merecía, lo que construyó al frente de sus respectivas responsabilidades. El rector en funciones recibió un amplio reconocimiento a su trabajo al obtener la votación mayoritaria (68 % de alumnos y 76% de maestros). Con esa fortaleza y esa legitimidad, sobre todo tratándose de un rector que hace tres años entró en escena desde la disidencia, podrá consolidar la dirección que imprimió a nuestra casa de estudios. Este ejercicio, es importante decirlo, también permitió medir la insatisfacción mediante la opción de voto en blanco que fue, en el caso de maestros, de 3.9 por ciento, y en alumnos de 8.2 por ciento. El promedio de participación fue de 73.2 en maestros y 66.9 en alumnos, muy por encima de la media nacional en elecciones constitucionales. Este ejercicio no sólo contribuye a que la autoridad universitaria no se despegue del ánimo de los jóvenes, sino que en sí mismo constituye una experiencia de democratización de la vida pública.

La movilización de los jóvenes, en estas tres modalidades (es decir, en los modelos Ayotzinapa, Politécnico y Querétaro), figura entre las escasas buenas noticias de la temporada.

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