Opinión

La carrera hacia ningún lugar

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano / rivonrl@gmail.com

PARA DESTACAR: Originalmente ‘La carrera hacia ningún lugar: Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro’ tenía el título ‘En marcha hacia el colapso’. Giovanni Sartori quería expresar que estamos avanzando en medio de la tontería y la extravagancia costosa.

Originalmente el libro tenía el título ‘En marcha hacia el colapso’, Giovanni Sartori quería expresar que estamos avanzando en medio de la tontería y la extravagancia costosa, pero sin ninguna idea ya de cómo seguir siendo tantos, demasiados. Finalmente terminó por titularlo ‘La carrera hacia ningún lugar: Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro’, editado por Taurus. De cualquier forma, sugiere Sartori entre esos dos títulos, que el lector escoja.

El hombre no es un mineral, ni siquiera un vegetal. Se ha dicho que es un “bípedo implume”.  No sé a quién se le ocurrió la idea, pero no importa… a mí me gusta porque nos recuerda que el hombre es un animal raro.

Casi todo nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico consiste en “palabras abstractas”… cuyo significado no se puede reconducir ni traducir en imágenes. Ciudad todavía es “visible”, pero nación, Estado, soberanía, democracia, representación, burocracia, etcétera, no lo son; son conceptos abstractos, elaborados mediante procesos mentales abstractos, que designan entidades construidas por nuestra mente.

Ni la política como estructura de un Estado ni la disciplina nunca hasta que se inventó la democracia liberal.

Todo el saber del ‘Homo sapiens’ se desarrolla en un mundus intelligibilis (de conceptos y de constructos mentales) que no es en modo alguno percibido por nuestros sentidos. La televisión y el mundo de internet producen imágenes y borran conceptos, así atrofian nuestra capacidad de entender.

Mostrar a un desempleado no hace entender en modo alguno por qué existe el desempleo y cómo afrontarlo. Del mismo modo, mostrar a un preso que sale de la cárcel no explica la libertad, la visión de un pobre no explica la pobreza y la visión del enfermo no explica la enfermedad.

La política era solo fuerza: la fuerza de quien era o se convertía en el más fuerte.

La política fue la fuerza a discreción del más fuerte, del más poderoso, hasta que se inventó la democracia liberal, que es, precisamente, el producto del pensamiento abstracto que comprende sin ver, digamos con los ojos cerrados.

A mediados del siglo XX… empezaba a haber generaciones de jóvenes que nunca habían pasado hambre, ni una guerra y menos revoluciones, es decir ninguna experiencia auténtica, en carne propia, de violencia y muerte. Eran también, y quizás justo por eso, generaciones idealistas, fácilmente convertibles al perfeccionamiento democrático.

 

El alma no está en el espermatozoide

Para los católicos y para la iglesia el embrión, desde el momento mismo de la concepción, hay vida humana. De ahí se deduciría que el embrión es sujeto de derechos. Ahora bien, nadie discute que el embrión es vida. Una piedra no tiene vida, pero todo lo que nace, se desarrolla y muere es vida. Las plantas son vida, los animales son vida.

¿Cuál es la diferencia entre la vida de una rosa o la de un mosquito y la vida humana? Desde un punto de vista biológico, el genoma del chimpancé es 99.5 por ciento igual al del ser humano. Sin embargo, la diferencia entre un chimpancé y el Homo sapiens es inmensa. ¿Por qué el embrión del humano está protegido y el del chimpancé no?

Si lo que debemos proteger es la vida, entonces “de esa vida y nada más” existen miles de millones de especies y variedades. Si lo que nos interesa es la protección de la vida humana, debemos establecer cuál es la vida humana y qué es lo que la hace serlo.

La iglesia sigue pidiendo a los juristas católicos y a los biólogos católicos que suscriban la tesis de que el embrión ya es un ser humano. Pero quien lo suscribe lo hace como creyente, no como jurista o como científico. Porque esa tesis es racionalmente insostenible.

De nuevo ¿Cuál es la diferencia entre cualquier vida y la vida humana? En el pasado la respuesta era el alma, el alma es lo que determina el ser del hombre. Pero hoy ya nadie se acuerda del alma, la Iglesia ya casi nunca habla de ella. La omisión es sorprendente.

 

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