Opinión

¿La causa es el otro?

Perspectiva 2013

Por: Sergio Centeno García

Como resultado de una formación deficiente en la infancia en la cual se enseña al niño a no decir la verdad, pues cuando por ejemplo, por su inquietud e hiperactividad rompe algún objeto cuando nadie lo ve y después se le pregunta quién lo ha roto, si el niño contesta que él fue, es castigado enseguida, y así, aprende rápidamente que no es muy conveniente decir la verdad.

La gran mayoría de hombres y mujeres de nuestro tiempo aprendemos a evadir la realidad y con no menos frecuencia, la verdad. Aprendemos a evadir nuestra responsabilidad ante el problema. En todas aquellas actividades en las cuales se interrelacionan hombres y mujeres, es regla general que cuando ocurren situaciones de conflicto se culpen unos a otros. Es decir, cuando de problemas entre humanos se trata, todo mundo enuncia: “fuiste tú”, “ella tuvo la culpa”, “él es el culpable”, “si ella fuera diferente” o “si él fuera diferente”, y un largo etcétera.

Desconozco cuántos años hace de esto, pero lo cierto es que cuando de asumir responsabilidades se trata, sobre todo cuando algo no ha salido bien, cuando las cosas marchan mal, se recurre siempre a culpar al otro: el papá dice que la mamá es la del problema, la mamá dice lo mismo. Los hijos culpan a los padres de que no los comprenden, los padres a los hijos de que no los obedecen. El novio dice que la novia no entiende las cosas, la novia que su pareja no la apoya y no la comprende y así invariablemente.

Me explico: cuando surge un conflicto interpersonal y se recurre a poner en el otro (a) la causa del mismo, en ese momento se cierra la posibilidad de darle solución, pues si el esposo dice que es la esposa la causante del problema y la esposa dice que es él, ¿cómo habrán de hacerle si ambos se aferran a poner el origen del conflicto fuera de ellos mismos? La mente simplona recurre siempre a esta fantasía: “lo importante es el diálogo, la comunicación”. Pero esto es totalmente improcedente cuando ambas partes están seguras de que nada tienen que ver en el origen o causa del problema.

Como quiera, el asunto es que tanto unos como otros se echan la culpa, abandonando así la posibilidad de colaborar en algo para la solución del problema, pues nadie puede cambiar a otro y si la causa del conflicto se pone afuera, es imposible atacarla.

En lo que toca a la educación escolar, al menos en el Nivel Medio Superior, esto es también aplicable: los maestros se quejan de que los alumnos no ponen atención, que no saben, que no aprenden, que traen muchas deficiencias del grado anterior y que así es imposible enseñarles; y los alumnos por su parte, dicen que los maestros son muy estrictos, que les dejan mucha tarea, que no saben explicar, que no saben enseñar, que no se les entiende, etcétera. Con esto, se rompe de inmediato un elemental principio pedagógico: El maestro debe tener confianza en que el estudiante es capaz de aprender, y el estudiante debe estar seguro de que el maestro sabe y es capaz de enseñar.

Sin embargo, lo que cotidianamente sucede es lo contrario, pues un maestro que reprueba a muchos en su clase asume siempre que son los alumnos los que no aprenden o no ponen de su parte, y los alumnos dicen que son los maestros quienes los reprueban. Ante esto, lo único que procede para lograr la solución al problema es que tanto maestros como alumnos asuman su propia responsabilidad, y entonces, que el maestro como adulto acepte, reconozca y comprenda que si muchos alumnos reprueban en su clase, es porque es él y sólo él el que está fallando, el que está teniendo errores en su desempeño docente y sobre todo en sus estrategias didácticas, más cuando se trata de maestros, como la mayoría de los universitarios, que no han tenido una formación inicial como docentes. Y por su lado los alumnos que como adolescentes por lo menos comprendan, que son ellos quienes han reprobado, a quienes les ha faltado un mayor desempeño y poner mayor interés en sus clases.

Sólo de este modo, estarán puestas las bases para darle solución al problema de la reprobación y de la deserción escolar, la cual, es particularmente significativa en el nivel medio superior.

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