Opinión

La ciencia miente, la ideología más

Punto y Seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

UNO

Una excelente ironía de la tendencia del aspirante a científico –o de científico consolidado-, es creer que sus investigaciones tienen que dar cuenta hasta de los últimos detalles del fenómeno, de la cosa que estudian, sin percibir que la ciencia abstrae y simplifica. Una forma ingeniosa de reducir, de comprimir, por tanto, una forma ingeniosa y mágica de mentir.

La ironía que ofrezco es de Jorge Luis Borges:

«Del rigor en la ciencia

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
Suárez Miranda: Viajes de varones prudentes,
libro cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658.”

Nos está vedado evocar con exactitud la realidad, material o no.

Nuevamente Borges hace que Ireneo Funes escape a esa lógica, él, Funes, es capaz de rememorar las vetas de un libro que sólo vio una vez, las nubes australes del 30 de abril de 1882, ocupa un día entero recapitulando, justamente, un día entero y descarta, en forma maravillosa, un sistema de codificación que pueda describir cada piedra, cada perro, cada pájaro por considerarlo extremadamente ambiguo y general.

No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico “perro” abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente).

DOS

Lo que sin respeto, casi con irreverencia, se llama gobernante, es una plaga que aflige la vida de nuestras sociedades. Un gobernante de cualquier nivel, incluso de cualquier organización privada o social, es un cuentista que gana su salario gesticulando, con desplantes y frases hechas y mucha maña para tener cautivado al reducido círculo en que se toman las decisiones “importantes”.

 

¿En qué momento se trasladó el protagonismo de los individuos comunes al del gobernante?

 

Es la historia milenaria de una ley, la ley de hierro de la oligarquía. Pero ¿en qué momento?

 

Es posible que dicha ley se haya escrito mucho antes de que la evolución natural produjera humanos.

 

Muchos aceptan la idea de que el México es lo que es por Enrique Peña Nieto o el estado de Querétaro por José Calzada. No es así, pero la manera de desplegar sus talentos o la falta de ellos hacen que las virtudes sociales se iluminen o se pierdan en la obscuridad.

 

No comparto, pero trágicamente ahí está, la omnipresencia que han adquirido estos gesticuladores por antonomasia. Su éxito se debe al coro y a la ley de hierro, que hace prescindibles a las masas.

 

En México se han convertido, además, en los únicos catalizadores de los sueños transfigurados en nuevas promesas. El destino social depende, en buena medida, de los caprichos y concesiones de un cúmulo de gobernantes que han entendido un rasgo de nuestra cultura para utilizarlo a su favor, esto es, la auto celebración de ínfimos triunfos que opacan nuestras más comunes decepciones.

 

Los gobernantes que celebramos en un tiempo impermanente son, con excepciones, unos dictadores que gozan de una impunidad deslumbrante.

 

Dirigen sus cotos con un liderazgo coercitivo que empata con la idiosincrasia del pueblo mexicano: humillan, gesticulan para esconder su inefable visión de las cosas, destruyen sueños, acaparan gloria, maltratan, atacan, amenazan, discriminan y, en el mayor de todos los despropósitos, insinúan ser víctimas del hierro con que han matado tantas ilusiones.

 

La salud del país es directamente proporcional al protagonismo de los gobernantes: Cuanto mayor su protagonismo, menor la salud nuestra.

@rivonrl

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