Opinión

La clínica hoy: A propósito de la visita de Rodulfo a nuestra Universidad

Por: Fernando López España

Los tiempos han cambiado, eso no es nuevo; todo el tiempo y quizás a lo largo de todos los tiempos eso se ha dicho. Lo nuevo quizás sean las demandas con las que a diario, en nuestro quehacer como psicólogos, nos encontramos. Lo nuevo son las manifestaciones subjetivas que, ya sea en ámbito privado o en el institucional, se presentan a través de las quejas, que eventualmente devienen demandas, y que en ocasiones parecieran estar fuera de lo esperado; ajenas a los modelos aprendidos a lo largo de nuestra formación como psicólogos en la transmisión, el estudio y adopción de los modelos “clásicos” con los cuales, en principio, puede o debiera hacerse aprehensible la experiencia que acontece en la práctica psicológica orientada desde el psicoanálisis.

Es también común escuchar, de algunas voces ingenuas y otras no tanto, que promueven el uso de “terapias breves”, que el psicoanálisis está obsoleto, pasado de moda, fuera de lugar en tiempos en los que la eficacia es medida por la velocidad y menor esfuerzo exigido para aquel que demanda algún tipo de servicio, no sólo en el ámbito de la psicoterapia o servicios psicológicos, sino en cualquiera en el que pueda ser ofrecido.

Lo cierto es que en ocasiones, las cuales no son excepcionales, los profesionales quizás sin decirlo, temiendo ser juzgados por su falta de capacidad, pero sobre todo los estudiantes menos sometidos al “que dirán de lo que hago”, en la medida en que se encuentran en un periodo de formacióny por tanto menos obligados a detentar un conocimiento asegurado y sin fallas en su articulación, dan cuenta de la falta de correspondencia entre lo que en las aulas se suele decir –a partir de la lectura de los textos teóricos fundamentales y pilares del psicoanálisis– y lo que en su experiencia acontece.

En la actualidad, es común escuchar que los niños y los adolescentes, ya no son los de antes y que ya no tienen la misma relación con la autoridad que padres y abuelos solían tener: “No respetan nada”, “los padres y maestros ya no tienen autoridad sobre ellos”, “estamos en la época de la caída de los ideales y de la inexistencia de la ley”, sea del carácter que sea; religioso, político o jurídico.

La familia ya tampoco es la misma. Estábamos acostumbrados a la configuración tradicional: madre, padre, e hijos. Resulta pues, que llegan a la Ceseco (la Central de Servicios a la Comunidad de nuestra Universidad) niños no sólo de madres solteras, sino de padres también solteros, de abuelos que se hacen cargo de ellos, sin que por ello sustituyan o vengan al lugar de los padres (su función y condiciones no son las mismas), y más comúnmente, niños de padre y madre divorciados, con sus respectivas parejas, que tampoco los sustituyen y además con hermanos producto de matrimonios anteriores o posteriores a su familia de origen.

En este sentido, quizás convenga a la manera en que invita Ricardo Rodulfo (psicoanalista argentino, profesor y autor de diversos libros sobre psicoanálisis y trabajo clínico con niños, quien continuamente se da a la tarea pensar y repensar el psicoanálisis y la experiencia a la que da lugar) proceder a un inventario de los conceptos, principios y preceptos del psicoanálisis, interrogarlos, ponerlos en tensión y cuestionarnos acerca de su pertinencia, no ya del cuerpo teórico y metapsicológico, sino en el interior de la práctica misma y en la posibilidad de responder a partir de ellos a las demandas y problemáticas que hoy en día se nos presentan.

Se trata entonces, no de renunciar al psicoanálisis en pro de lo nuevo, sino a su tradición o, mejor dicho, tradicionalismo, en donde los tiempos ya no son los de la tradición, ni de lo moderno; sino de lo postmoderno e incluso lo hipermoderno. No se trata de desechar lo que durante tanto tiempo sostuvo al psicoanálisis con respuestas efectivas y distintas a cualquier otra disciplina, sino lo que de él ya no resulta operativo.

Se trata de que aquel que ejerce una práctica clínica, esté a la altura de la época y sepa dar respuesta a las problemáticas que se le presentan, abriéndose continuamente a la interrogación en lo que a su práctica se refiere y al marco epistemológico en la que ella se sustenta.

Se trata de que no se olvide que su razón de ser no es una escuela o la mejor puesta en forma de los conceptos psicoanalíticos, sino los pacientes que lo consultan en una época que Ricardo Rodulfo muy atinadamente, con la agudeza que lo suele caracterizar, define como la de “los tiempos de la retirada de las oposiciones”, en su libro “Padres e hijos”, que en el mes de mayo del presente año vendrá a presentar junto con Marisa Punta Rodulfo, a la Facultad de Psicología, campus Querétaro y San Juan del Río, de nuestra Universidad.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba