La CNTE y su muy escasa representatividad

Quienes conocemos al magisterio nacional ya sabíamos, desde hace muchos años, que la CNTE no es más que una corriente minoritaria al interior del SNTE. Y no por ruidosa aumenta su escasa representatividad.
Desde el año pasado la CNTE apostó muy alto, le apostó a algo para lo que no tienen, ni nunca han tenido, ni la representatividad de la inmensa mayoría del magisterio, ni la fuerza, ni la extensión geográfica como para hacer una huelga nacional.
El año pasado pararon, en todo el país, 82 mil maestras y maestros. Este año fueron 88 mil, sólo 6 mil más que en 2025. El SNTE es el sindicato más grande de América Latina pues agrupa a un millón 600 mil integrantes. Al convocar a una huelga nacional la CNTE exhibió, para quien lo quisiera ver, sus propias limitaciones. Esas y esos 88 mil representan apenas el 5.5 por ciento del magisterio nacional de la educación pública. El SNTE está conformado por 61 secciones sindicales de las cuales la CNTE sólo detenta la representatividad en cinco (dos en Chiapas, una en Oaxaca y dos en Zacatecas), es decir, en apenas un 8 por ciento de las secciones.
En esta ocasión la CNTE quiso también representar a las y los trabajadores federales. Pero no le salió. Las y los trabajadores federales activos suman 3.2 millones de personas, por lo que los 88 mil de la CNTE sólo representan a un 2.7 por ciento de ese universo.
La CNTE tampoco representa a las y los trabajadores afiliados al ISSSTE (4.4 millones). Sus 88 mil representan apenas el 2 por ciento. ¿Y el otro 98 por ciento qué?
Tampoco geográficamente la CNTE es representativa del magisterio nacional. Tanto en 2025 como en 2026 sólo en dos, de los 32 estados de la república, se puede hablar de paro (en Oaxaca y en Zacatecas, en donde este año el paro alcanzó alrededor del 90 por ciento de las y los afiliados al SNTE). Que paren sólo dos estados no significa que se trate de un paro “nacional”. En Guerrero y en Chiapas hubo paro parcial, en el primero paró el 25 por ciento y en el segundo apenas el 17 por ciento (y eso que ahí nació la CNTE y ese era uno de sus grandes bastiones, junto con Oaxaca, Guerrero y Michoacán). De ahí en fuera los paros en otros estados fueron verdaderamente ridículos: paró el 5 por ciento en Michoacán y el 0.46 por ciento en la Ciudad de México, epicentro de las protestas.
Lo anterior explica porque las protestas de la CNTE en la capital deben llevarse a cabo con maestras y maestros de Oaxaca, Zacatecas y Guerrero y con mini grupos de otros estados. No secundan a la CNTE las y los maestros de la Ciudad de México ni del Estado de México, ni de estados circunvecinos con fácil accesibilidad a la capital (Morelos, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato o Michoacán).
Más que un paro nacional se trató de un paro de Oaxaca trasladado a la capital del país. Tan es así que apenas Oaxaca levantó el paro se acabó el supuesto paro “nacional”.
Si la CNTE quiere aumentar su representatividad debería comenzar por participar en las elecciones de su sindicato, el SNTE, y buscar ser los representantes legales y legítimos de las demás 56 secciones que no controlan. Hasta antes de esa fecha sólo habían ganado las elecciones en las secciones 7 y 10, de Chiapas, y en la 22 de Oaxaca. A finales de 2024 lograron vencer las elecciones en las dos secciones de Zacatecas (la 34 y la 58). Ese es el camino, sobre todo si hablan de democracia sindical.



