Opinión

La comunicación ¿al centro?

Por: Darwin Franco Migues

Hoy muchas de nuestras interacciones cotidianas suceden con y a través de la mediación de algún dispositivo tecnológico. Es tal la presencia de estas pantallas que algunos han precisado que la sociedad atraviesa un periodo de mediatización en el entendido de que los medios y sus artefactos tienen una gran influencia (como tecnología cultural y como proceso) en todas las esferas de la sociedad.

Esto, a su vez, ha derivado en la creencia de que “la comunicación” puede situarse como vórtice para entender y explicar los múltiples cambios que suceden en la sociedad; sin embargo, no existe en estas aseveraciones conceptuales una clara diferenciación entre lo que es la comunicación (en cuanto teoría, ciencia, disciplina –todas categorías por discutir) y lo que implica hacer comunicación.

Este debate y la forma en cómo se comienza a mirar el estudio de la comunicación y los medios (a veces tomados como sinónimos) fue retomado por la Asociación Internacional de Comunicación (ICA, por sus siglas en inglés) quien optó por nombrar a su conferencia del 2010: “Communication at the center”.

Esta decisión pretendió abrir la puerta para que muchos de los escépticos y nóveles interesados en el estudio “emergente” de la comunicación pudieran discutir con “los comunicólogos” (permítaseme tal expresión) la presunta centralidad de la comunicación en términos no sólo prácticos y científicos sino también epistemológicos, ontológicos e ideológicos (Gross, 2011).

¿Pero realmente está la comunicación al centro o es la tecnología la que está dándole dicha centralidad? Sea una u otra la circunstancia ¿qué significaría estar al centro y qué implicaciones tiene esto para el estudio de la comunicación?

Partiendo de estas incertidumbres quiero enfatizar que “no es lo mismo comunicarse que saber de comunicación” (Piñuel y Lozano, 2006), pues la primera se refiere a una acción humana básica y la segunda a una actividad científica que aspira a realizar un proceso meta-comunicativo que sirva de insumo para entender el rol, las implicaciones y el papel de la comunicación en la vida social, ya sea a través de sus procesos de mediación y/o mediatización.

Esta presunta centralidad, a mi entender, se originó debido a dos factores elementales: 1) la constitución de la información como nueva moneda de cambio y la instauración –a través de ella– de la llamada sociedad de la información, y 2) la convergencia tecnológico-digital que no sólo está uniendo a las industrias culturales (los medios) con la informática y las telecomunicaciones sino que además está generando nuevos procesos socio-culturales al modificar los esquemas de participación y colaboración de las audiencias (Jenkins, 2008), pues éstas ya no sólo son receptores de contenidos sino, a su vez, medios de “auto-comunicación masiva” capaces de autogenerar contenidos para ponerlos, potencialmente, a disposición de una audiencia global que es, anticipadamente, seleccionada por éstos (Castells, 2009; p. 88).

Es decir, la convergencia no es únicamente un asunto tecnológico sino principalmente un proceso sociocultural que deber ser analizado más allá del creciente reduccionismo teórico-conceptual que orilla a pensarla, ya sea a través de una visión tecnológico-industrial o de una empresarial-financiera.

De acuerdo a Carlos Scolari (2009), “una mirada teórica sobre las dinámicas que anima el ecosistema de medios no debería limitarse a los procesos centrípetos de confluencia” (p. 55). Al contrario, se debería prestar mayor atención “a los movimientos centrífugos de divergencia”; es decir, “a los efectos colaterales e inesperados” que nacen como consecuencia de la convergencia.

Uno de estos “efectos colaterales” es la centralización de la comunicación y la necesidad de hallar en ella alguna explicación de la creciente mediación de nuestras prácticas cotidianas y a la cada vez más significativa mediatización (en tiempos, modos y formas) de la que dependen las instituciones para operar y ser valoradas en lo social (Brants y Voltmer, 2011).

Estas dos circunstancias permiten comprender el creciente interés que ha cobrado la comunicación dentro de las ciencias sociales, las cuales –por cierto– parecen estar interesadas solamente en el fenómeno no así en los estudios o en los procesos históricos que han rodeado a “las fundaciones y fundamentos” de la comunicación (Vidales y Fuentes, 2011). Insisto.

La responsabilidad (y en consecuencia la búsqueda) que estamos realizando para superar la centralidad (en la que nos han metido y de la que no hemos querido salir) debe partir de y a través del conocimiento acumulado, debe atravesar todas sus dimensiones y sentidos para restituir, en la medida de lo posible, esa diversificación de significados que tienden a confundir comunicación con información y, recientemente, también con tecnología.

Por tanto, se debe evitar ser parte de la misma centralidad que hoy opera para muchos como vórtice interpretativo de la realidad, pues no podemos (así en plural) irnos con la finta e igualmente suponer y creer que la comunicación es el ombligo del mundo porque no es así, ya que ni los fenómenos emergentes ni la revolución tecnológica conforman o hacen de la comunicación un campo ni más ni menos científico de lo que ya es ahora.

El reto está y estará en continuar el debate sobre la centralidad de la comunicación, no para aceptarla sino para usarla a nuestro favor y tomar a ésta como impulso y regenerador de nuestro andar investigativo.

 

Referencias:

Brants, K. and Voltmer, K. (2011): “Introduction: Mediatization and De-centralization of Political Communication” in Political Communication in Postmodern Democracy. Challenging the Primacy of Politics, UK: Palgrave Macmillan, pp.1-16.

Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Madrid: Alianza Editorial.

Gross, Larry (2011). “ICA Call of papers: Communication @ the center”. Disponible en: http://www.icahdq.org/conferences/2011/2011CPF.pdf. Consultado el 30/04/12.

Jenkins, Henry (2008). Converge cultura. La cultura de la convergencia de los medios de comunicación. Barcelona: Paidós.

Piñuel, J. y Lozano, C. (2006): Ensayo general sobre la comunicación. Barcelona: Paidós.

Scolari, Carlos A. (2009): “Alrededor de la(s) convergencia(s). Conversaciones teóricas, divergencias conceptuales y transformaciones en el ecosistema de medios”, Signo y Pensamiento No. 54, pp. 44-55.

Vidales, C. & Fuentes, R. (2012). Fundaciones y fundamentos del estudio de la comunicación. Monterrey: CECyTE NL.

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