Opinión

La comunicación freak

Por: José Luis Alvarez Hidalgo

“Hay que elegir entre renunciar a ser un hombre o volverse un evidente alienado”

Antonin Artaud

El epígrafe anterior, dictado por un artista de locura genial y profética, viene a cuento por el hecho incuestionable de que la comunicación humana se transforma día con día, ya sea en un sentido evolutivo (tratando de ser optimistas) o, en el peor de los casos, involutivo, aun cuando se me tache de pesimista-nihilista-apocalíptico. Esto lo vamos a tratar de demostrar analizando los más recientes fenómenos comunicacionales de los mass media en la vorágine mediática que se suscitó a raíz de la aprobación de las dos últimas reformas estructurales del régimen de Peña Nieto y sus secuaces, y que, en su fase de leyes secundarias, resultaron ser el bocado predilecto de los voraces miembros de la clase política y empresarial que nos mal gobierna. Es el Star System el que nos convierte en esos seres alienados, en palabras de Artaud, ante la imposibilidad de renunciar a ser un hombre, ese hombre unidimensional al que alude el filósofo Marcuse. Comencemos…

Desde mi perspectiva como analista de medios y comunicólogo, distingo cinco estadios de la comunicación freak y que, debido a razones de espacio, sólo podré enunciar brevemente:

a) La twitterización de la política.- La anterior se caracteriza por el discurso de la brevedad al que nos obligan los 140 caracteres de esta red social y que se ha convertido en el medio paladín justiciero de aquellos señores de la clase gobernante que “algo” tienen que decir cuando ocurre algún suceso de mediana trascendencia, les involucre directamente o no. Es la recuperación del memorable telegrama pero ahora en su versión de velocidad cibernética y de impacto inmediato masivo. Lo destacado de esta forma expresiva es que se convierte en una ventana al mundo, dada la cantidad de seguidores que puede tener el emisor del mensaje y en donde radica su popularidad, y no necesariamente su eficacia o genio comunicativo. El twittero puede ser un genial Juan Villoro, un populachero Miguel “El piojo” Herrera o un alicaído gobernante como Peña Nieto. Un amplio abanico comunicativo que le convierte en el medio más politizado y mediocre de la actualidad.

b) La cultura del slogan: Esta tendencia ya existía desde hace algún tiempo, pero ahora se cultiva con mucho más esmero y no sólo en el espacio idóneo de la campaña electoral sino en cualquier declaración banquetera o en la más alta tribuna del país. Se trata de frases breves y efectistas que pretender expresar un argumento político y resultan tan huecas y simplistas como un slogan publicitario de cualquier producto o servicio mercantil. Por lo regular suele ser estentóreo y de carácter festivo, y viene a suplir al razonamiento abstracto y complejo para convertirse en simples fórmulas vacías que le permiten al gobernante o legislador en turno “salir al paso” en alguna controversia o declaración importante. Es la banalización de la política y está en pleno auge. Las más prolíficas se sucedieron durante el proceso legislativo de la aprobación de las reformas en telecomunicaciones y energética, en donde los congresistas del PRI y del PAN hicieron gala de sus habilidades mercadotécnico-políticas para decir nada e inhibir el auténtico debate.

c) El lenguaje eufemístico: Se trató de una constante nefasta y apabullante. En la sesión plenaria tanto de la Cámara de senadores como de diputados, en la habitual declaracionitis que les caracteriza, en las entrevistas publicadas en la prensa y en noticiarios radiofónicos y televisivos y en todo su torpe proceder comunicativo, los legisladores disfrazaron el concepto real y lobuno para investirlo con el inocente ropaje de la oveja. Para seguir con la metáfora animalesca, nos quisieron dar gato por liebre, y para ilustrar con el ejemplo más emblemático durante la farsa que montaron en el Congreso de la Unión, se trata de la modificación del vocablo “expropiación” que se omite, y en su lugar aparece la expresión “ocupación temporal de tierras”, para hacernos creer en el cuento de la Caperucita Roja, por aquello de lo “temporal”, cuando en realidad se trata de un vil despojo y una usurpación definitiva.

d) La divulgación de la mentira: Otro de los elementos característicos de esta freakeada comunicación es el de la divulgación de la mentira como si se tratase de una certeza científica debidamente corroborada o de un argumento sólidamente justificado desde la ciencia y la praxis política; pero no, la mendacidad es el discurso prioritario de aquellos que ocultan la verdad porque se opone a sus intereses personales y de partido y porque les parece el lenguaje más seductor y faciloide para que el receptor pasivo de los medios de comunicación se las trague sin chistar y caiga en la trampa mediática. Las falacias más divulgadas en el proceso de aprobación de las reformas fueron las referidas a que los precios de la gasolina, el gas y la electricidad van a disminuir drásticamente. Además de mostrar como un gran logro la minucia de que ya no se va a pagar la larga distancia nacional. Migajas y mentiras conforman el coctel cotidiano del discurso de la derecha.

e) El triunfalismo mediático: Todavía pernocta en la memoria colectiva el gesto procaz y tristemente célebre del jefe de la bancada priísta en la Cámara de Diputados en los años 90, al celebrar la aprobación del aumento del IVA en contra del pueblo de México y que la ingeniosa prensa nacional bautizo como “la Roque señal”. Éste es el ejemplo emblemático del triunfalismo político exacerbado que tuvo expresiones gestuales aproximadas cuando se decreta la aprobación de la ley reglamentaria de la reforma energética en el Senado: aplausos, gritos de júbilo, calurosos abrazos y jetas sonrientes por doquier son la tónica de comunicación de la derecha traidora y entreguista que festeja el haber privatizado nuestro petróleo, electricidad y demás recursos energéticos para masacrar a nuestra maltrecha soberanía nacional. Las declaraciones de los Penchyna, los Beltrones y los Lozano son de una estridencia festiva tal, que resultan falaces tanto por el contenido como por las formas expresivas: “Aquí el único ganador es el pueblo de México”. Ese es el nivel.

Me quedo con la añeja sabiduría del loco teatrista francés Antonin Artaud y me uno a su causa: renuncio a ser un hombre, ese hombre y me declaro aquejado de una espantosa enfermedad del espíritu. No digo más.

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