Opinión

La confusa y sospechosa “libertad” de nuestros tiempos

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Septiembre genera múltiples reflexiones en torno a las ideas de libertad, soberanía, independencia y autonomía. Estas ideas se han considerado tan valiosas a lo largo de la historia, que millones de personas en todo el mundo han estado dispuestas a dar su vida por ellas, pues “vale más vivir de pie, que morir de rodillas”.

En esa reflexión, importa reconocer, sin embargo, que muchas guerras “patrióticas”, son motivadas en buena medida por intereses egoístas, económicos e imperialistas de determinados grupos. Así, nuestra independencia no sólo se debió al espíritu libertario y heroico de los mexicanos frente a sus condiciones de opresión, sino también a la enorme confusión y vacío de autoridad, que vivía la incipiente España en aquel tiempo, a la invasión napoleónica; al encarcelamiento de Fernando VII; a que las Cortes de Cádiz habían proyectado una constitución liberal-republicana, buscando limitar los poderes de la monarquía y la nobleza; a que los acaudalados clérigos y aristócratas criollos sentían amenazados sus privilegios, si esa constitución se adoptaba también por la colonia, y entonces independizarse era la mejor forma de preservarlos. Muchas condiciones, pues, convergieron, para generar esa emancipación.

En otro contexto, las guerras emprendidas por el “país de la libertad” (EEUU), siguiendo su “destino manifiesto de llevar la democracia a todos los rincones”, es un ejemplo diáfano de la perversa manipulación que se ejerce sobre los jóvenes, para que den su vida por la patria y sientan orgullo, matando a otros. En el fondo lo que más busca el imperio es preservar y aumentar su poderío.

Los intelectuales al servicio de ese imperio proclaman que “en la libertad está la clave del progreso” y que “la combinación de libre empresa con la no intervención del Estado es el mejor sistema económico posible, por lo que todo mundo habrá de someterse a él (¿?)”. Sin embargo esa “libertad” (del Gran Capital) está impidiendo a las mayorías, vivir con dignidad.

So pretexto de “autonomía” el Estado abandona a sus propias fuerzas a la población (en cambio protege a los más pudientes). Doscientos años después de la consumación de la independencia en México, se descubren por doquier nuevos brotes de esclavitud y de abismal desigualdad, solo que hoy, a muy pocos convoca una lucha heroica por la liberación (otra cosa es a ser sicarios). Más que el valor de la libertad, parece imperar la necesidad de protección y dependencia.

El actual vacío de autoridad (por la “libertad” neoliberal y la pérdida de credibilidad que sufren los gobiernos y partidos políticos), es llenado por poderes fácticos (consorcios trasnacionales o delincuencia organizada) que “atienden” las necesidades de la población, a cambio de su pleitesía. Por su parte, los marginados se enredan en revueltas populares, para sobrevivir, manifestar su repudio al statu quo o sacar provecho en el caos desatado.

Esta confusa realidad contradice reiteradamente los discursos oficiales, según los cuales, los conflictos en México son “casos aislados”. Desde la experiencia de los muchos afectados estamos ante una “cuarta guerra mundial, que se libra por todos lados, sin enemigos, sin campo de batalla, y sin final; una guerra, producto del terrorismo neoliberal”.

¿Qué nos toca hacer a los ciudadanos frente a esta realidad?

La confusión de nuestros tiempos es buena oportunidad para aguzar la inteligencia y estar alertas, para articularnos unos con otros, buscando intersticios desde los que podemos incidir para impulsar la transformación.

No bastan las múltiples manifestaciones de enojo social (de los parientes de los 26 mil desaparecidos, de los maestros disidentes, del paro nacional contra el gobierno de EPN). Junto a esas expresiones requerimos tejer un firme camino de largo alcance, hacia una clara dirección.

Esto intentan impulsar los Jóvenes ante la emergencia nacional, los promotores de la Nueva Constituyente Ciudadana y Popular, los universitarios del manifiesto “Reconstruyamos nuestra nación” y muchas organizaciones más, con las que vale la pena conversar.

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