…La corrupción sin palabras

Llueve y llueve bonito, les parece, amigo lector y mientras llueve, escribo lo que ahora lees, aunque muchos fanáticos afirman que una imagen vale por mil palabras, pero nunca he visto a ninguno de ellos, por ejemplo, mirar la tele sin volumen porque las imágenes muchas resultan insustanciales. ¡Hágase la luz! Y la luz se hizo cuando el Señor la nombró.
La historia humana comenzó cuando logramos transformar el gruñido primario en palabras articuladas y dijimos hambre, dijimos lluvia, dijimos frío, dijimos fuego. Hay pensamientos en mi memoria sin palabras. Sin ellas no hay pasado, ni presente, ni futuro, y es por eso que cuando un nuevo ser llega al mundo, lo primero que hace es nombrarlo para otorgarle reconocimiento y espacio en la dimensión humana.
Pero sucedió que un día nos percatamos de que, entre la infinita variedad de seres vivos que pueblan la tierra, solo a nosotros se nos otorgó el don de la palabra, y en ese momento, inflados de soberbia, construimos la torre de Babel para llegar hasta el cielo con objeto de que nos diéramos cuenta de que aún nos faltaba mucho por aprender. Dios mandó la confusión de las lenguas y nos obligó a empezar de nuevo.
Aprendimos la lección y nos obligó a la confusión; al recuperar el uso de la palabra, nos entendimos, nos organizamos y obramos prodigios, leyes, religiones, historia, poesía, para darle esplendor y permanencia. Escribimos las palabras, nacieron los libros y reformamos las bibliotecas donde preservar la quinta esencia del pensamiento. Conscientes del poder de la palabra, quisimos hacernos oír y, más y más allá de la voz, inventamos el radio, el teléfono, la televisión y el internet para que la comunicación no tuviera límites.
Los teléfonos celulares rápidamente se volvieron imprescindibles para mantenernos comunicados con el mundo desde cualquier lugar en que nos encontremos; el W.C., las nubes o incluso desde otro planeta. Hoy que la distancia ya no es impedimento, los mejores comunicólogos del mundo se ufanan por encontrar el lenguaje que nos permita comunicarnos con los extraterrestres cuando tropecemos con ellos. Orgullosos de nuestros logros, nos llamamos a nosotros mismos los reyes del universo.
No es extraño, por lo tanto, que con objeto de recordarnos que las torres en el cielo se crearon un día, cayeran en la humillación (con música del trío Los Diamantes); el Señor haya permitido la destrucción de las torres de la llamada Babel de Hierro. Aún no se sabe si podremos, si podremos superar esta prueba, por evidente que, perdido el don de la palabra, hemos vuelto a caer en la confusión y el caos basta visitar un antro para constatarlo: “Me cai que sí, güey”, guey” “que pedo guey”, ¿Te late! Pos ta’ chido… “ni madres guey”, ta’ gachisimos. Pues igual y sí, igual, no hombre. O sea… que no hay pedo guey. Tanta invención de neurona de los comunicólogos para que, en un alarde de organización mental, los chavos reciban a los extraterrestres preguntándoles ¿Qué onda o qué?… si después de pasar por Cervantes y los Borges que en el mundo han sido, el Señor ha dispuesto que retrocedamos al gruñido primario. Hágase, Señor, tu voluntad; si has dispuesto que retrocedamos, debe ser por eso que no encuentro palabras filosas, duras como piedras, para arrojarlas a los legisladores panistas y priistas, que anteponiendo sus intereses a los del país, igualmente a los “morenazos” del señor López, siento como si nos hubiera negado a todos los mexicanos, ¡me cai que sí!…
Y nos aclaran otra “onda”: “Que la corrupción llegó con los españoles, y que se quedó para siempre entre nosotros, básicamente entre los políticos. Ha llegado a tal grado que, si no se asume una actitud combativa en aquellos que la cometen, la sociedad civil encontrará, ya lo está haciendo, instrumentos adecuados para hacerlo rebasar a todos los partidos políticos y a las propias autoridades, que han demostrado sus ineficiencias para enfrentar esta realidad incontrovertible. Indigna observar tanta corrupción en políticos que no tienen ética, como algunos que conocemos en la administración de “Felifer” y algunos dirigentes de partidos políticos que, aprovechando el cargo, hacen negocios sucios en contra de la ecología, a la que dicen defender.
Pero eso no es nada, pero sí indigna a los queretanos, sobre todo a los que pagamos impuestos, estamos manteniendo a tantos flojos que, con el pretexto de tener la dirigencia de un partido, se les entrega cierta suma de lana en efectivo para que realicen sus actividades propias del partido, pero bien se sabe que muchos realizan actividades no para el partido en cuestión. Aunque lo anterior no lo tengo confirmado. La ética del comportamiento político califica o adjetiva los actos humanos y, en especial, la justificación moral de la conducta de un político.
Ideales y valores se conjugan para producir la conducta, pero frente a este apotegma, surgen los intereses materiales que llevan a los políticos a cometer, no solo un acto de corrupción, sino que llevan a otros actos. Paralelamente a estos personajes, anda otro protegido por el gobernador, a quien se le atribuye ser autor de un libro que él no escribió, sino otro que, si sabe de estas cosas, a quien se la compró…
TRAPITOS… al sol
Mientras tanto, no olvidemos que son pocos los políticos que sí escriben libros… a la Tribuna



