Opinión

La credencial para votar ¿Se atrevería usted a prenderle fuego a 250 pesos?

Por: José Armando Noguerón Ríos

 

¿Para qué nos sirve una credencial de elector? Son muchas sus funciones y posiblemente no es valorada en su justa dimensión por algunos. La actual credencial para votar expedida por el Instituto Nacional Electoral, es un esfuerzo de las instituciones de nuestro país que otorga muchas utilidades a un documento que no es para nada barato. A continuación haremos un breve recorrido por su historia y su valor real como documento electoral y de identidad.

La antigua «IFE», como es llamada aún popularmente, es una identificación que ha evolucionado desde sus primeros vestigios en 1953. En ese tiempo apareció un papel que debía ser llenado con pluma y que servía sólo para votar. Su utilidad no era ni por asomo la de identificar personalmente a un ciudadano. Muchas versiones fueron tomando lugar desde entonces hasta que a principios de los años 70 se instala como un documento con huella digital. A finales de esa década la credencial se convierte por primera vez en un plástico y es expedida por la Comisión Federal Electoral que en ese entonces ya tenía conformado un Registro Nacional de Electores. La credencial no toma su color naranja sino hasta finales de los 80, y es a principios de los 90 cuando surge por primera vez la credencial para votar con fotografía.  Más de alguno recuerda la campaña de publicidad que contenía la famosa frase «ven y tómate la foto». Poco después, el Instituto Federal Electoral se ciudadaniza y deja de depender de la Secretaría de Gobernación. Estos hechos marcaron un hito en la historia evolutiva de México.

 

Hoy, la Credencial para Votar es un documento personal que además de ayudarnos a ejercer nuestro derecho al voto, nos garantiza muchas cosas más. ¿Quién no ha cambiado un cheque en el banco utilizándola para asegurar identidad? ¿O quién no la ha empleado para identificarse en un trámite legal? ¿O como una manera de asegurarse de que esa es la firma oficial de una persona? Muchos jóvenes la utilizan incluso para comprobar que han alcanzado la mayoría de edad. Con el tiempo, la Credencial para Votar ha ido adquiriendo muchos elementos de seguridad que la hacen cada vez más difícil de falsificar; hologramas, marcas de agua, diseños, colores, sello seco, etc. No obstante el costo que representa también ha ido incrementando de la mano de la tecnología que se aplica.

 

Es importante señalar que existe una normatividad muy rigurosa que está siendo acatada por funcionarios del Instituto Nacional Electoral, pues detrás de la tecnología empleada en el plástico que los mexicanos cargan consigo para identificarse y votar, existe mucha experiencia y capacitación para proveer el documento a cada ciudadano. Son muchos los recursos invertidos en la credencialización que podrían aprovecharse  mejor. ¿En qué manera? Quizá este es un punto importante para hacer consciencia. En los primeros tres meses de este año han tenido que destruirse miles de credenciales  que no fueron recogidas con oportunidad por quienes las solicitaron a lo largo y ancho de la República. Este es un procedimiento obligado y que es supervisado por los Consejeros de extracción ciudadana. Si tomamos en cuenta que el costo de cada credencial es de más de 250 pesos, la pregunta aparece como el rayo: ¿cuánto dinero se está triturando y destruyendo? ¿En qué otra cosa podría ser empleado ese dinero?

 

Por último dejo a usted, amable lector, un ejercicio de consciencia utilizando la imaginación. Tome usted dos billetes, uno con la efigie de Sor Juana Inés de la Cruz y el otro con la impresión del Generalísimo José María Morelos y Pavón. Ambos representan 250 pesos; poco menos de lo que cuesta cada credencial y el trabajo de aproximadamente dos días y medio de un chofer que gana el salario mínimo. Tome ambos billetes, empápelos con el combustible de su preferencia y préndales fuego con un encendedor o un cerillo. A continuación observe cómo toman diferentes formas y cómo cambian sus colores hasta tornarse en cenizas. ¿Para qué hubiera servido ese dinero? La respuesta es infinita; desde alimentación familiar, hasta ropa, medicinas o gastos en la escuela de los niños. Este también es el costo de una cena moderada en un restaurante de mediano nivel.  Ahora imaginemos que esta operación se repite 10 veces. Si podemos, imaginémosla multiplicada por 100. ¿Que se sentiría multiplicada por mil? ¿O por 10 mil? ¿O por 50 mil veces? Ahora bien, si usted paga por la hechura de un pantalón, una blusa o unas cortinas, ¿se atrevería a no pasar por ese artículo que ya pagó?

 

Por todo esto, concluyo con una invitación a reflexionar acerca de recoger lo que se pide, de solicitar una reposición de credencial de manera consciente o de cuidarla dentro de sus pertenencias. Después de todo la Credencial para Votar nos ha acompañado desde hace más de veinte años en la forma en que la conocemos y nos otorga muchos beneficios además de poder ejercer nuestro derecho a sufragar por quien nos parece adecuado.

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