Opinión

La crisis de las ciudades

El jicote

Por: Edmundo González Llaca

Las ciudades nacieron como bastiones de seguridad ante los riesgos del ámbito rural; representaron el triunfo de lo artificial creado por la humanidad sobre la naturaleza. Pero sobre todo, las ciudades nacieron para imponer un orden rígido a la convivencia social. La desgracia es que ahora no hay nada más inseguro que una gran ciudad; el triunfo sobre la naturaleza ha sido ciego y repercute en la salud física y mental de sus habitantes. Las ciudades han crecido desordenadamente, imponiéndose los intereses de los fraccionadores y el comercio, los problemas desbordan a las autoridades y sólo se solucionan con la colaboración de los habitantes. La crisis se refleja en problemas urgentes que requieren respuesta inmediata y la necesidad de la participación social, la que perfecciona las respuestas pero que hace más lentas y complejas las decisiones políticas.

La crisis de la solidaridad 
Vivimos una crisis de la solidaridad social por varias razones. La primera es el sistema del liberalismo económico, que tiene como principal motor de su funcionamiento la competencia, la lucha contra quien desea lo mismo. Semejante actitud provoca la envidia, el dolor por el triunfo del otro.  Son también  tiempos de las selfies, palabra muy cercana a selfishness (egoísmo). Para tener solidaridad se requiere de la compasión, compartir con el prójimo la misma pasión, la misma circunstancia, el mismo dolor. Ni la competencia, ni la envidia, parientes cercanos a la vanidad, son el marco propicio para la solidaridad. El individualismo, la insensibilidad y la indiferencia, parecen dominar ampliamente las relaciones sociales en la época actual.

Crisis del tiempo libre 
El tiempo ausente del trabajo es el tiempo libre, más familiarmente llamado ocio, y en la medida en la que el trabajo produce menos satisfacciones, Carlos Marx consideraba que el ocio era el tiempo de la dignidad humana. La desgracia es que ahora es un tiempo acaparado por la tele, el internet y el mercado. Es el tiempo de los deportistas de tele: el Twitter ha sustituido a la tertulia; los centros comerciales a los parques y a las plazas públicas. El gobierno ha olvidado su responsabilidad de ofrecer alternativas que colaboren al desarrollo físico e intelectual de los trabajadores. El resultado es una atmósfera social de pasividad, soledad, evasión y consumo compulsivo. Cuando debería de ser el tiempo de la actividad física, la convivencia familiar, la cultura, la capacitación, la educación permanente, el trabajo cívico voluntario.

 

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