Opinión

La crisis de las encuestas

Por: Daniel Martínez Muñoz

PARA DESTACAR: Resulta más eficiente tener esa capacidad de leer lo que pasa en el entorno. Las encuestas son el mal de las democracias, la simplificación tecnológica en el análisis de datos no toma en cuenta la complejidad que termina siendo emitir un voto.

El 2018 es un punto en la historia política de México que no se podrá analizar con las encuestas patito que harán los principales diarios de México.

El pasado 7 de noviembre, un día antes de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, ‘El Universal’ publicó una encuesta donde pone a la cabeza de las preferencias electorales en México para el 2018 a Margarita Zavala. Sí, la aspirante de Acción Nacional aventajaba por cinco puntos de diferencia a López Obrador.

No es que “el gran diario de México” se haya equivocado en la tendencia, sino que se equivocaron de día para sacar su medición que a simple vista se ve por demás patito. La tendencia que determinaron hubiera estado bien para el día miércoles 9, siempre y cuando la Elección de Estados Unidos hubiera sido para Hillary, sin embargo, la fiesta de la democracia mediática se arruinó cuando Donald Trump ganó las elecciones el martes 8.

Todos estaban preparados para ver el curso de la historia: la primera mujer en gobernar a la nación más poderosa del mundo; durante todo el proceso, la mayoría de los medios importantes la daban como ganadora con 10 o hasta 12 puntos de ventaja; pero la realidad fue aplastante, el nefasto empresario le ganó no solo a ella, le ganó a toda una maquinaria mediática, demostrando así que en las democracias occidentales, los medios de comunicación se convierten en un estorbo.

México es otro ejemplo del nefasto papel que cumplen los medios de comunicación. Alardeando de una credibilidad impoluta, se aliaron para hacer presidente de facto a Peña Nieto con el uso de encuestas; el mensaje que mandaron en 2012 fue claro: háganle como quieran, el próximo presidente será Enrique Peña Nieto. ‘Milenio’ lo llegó a poner hasta con 18 puntos de ventaja sobre López Obrador, el sistema tuvo que mover toda su maquinaria para hacerlo llegar a la presidencia… el resultado final fue de 3 puntos a favor del priista.

Y a menos de dos años de las elecciones presidenciales de México, vamos a empezar a ver todos los meses las mediciones de preferencias electorales. Resultados diseñados más en los consejos editoriales que a través de metodologías confiables. ‘El Universal’ se subió al tren de la supuesta victoria de Hillary, y como tenemos la visión del patio trasero, si Estados Unidos iba a tener a una mujer gobernando, lo que seguía en México, es que pasara lo mismo con la esposa de Felipe Calderón. Las encuestas no sirven para medir tendencias, sirven para fijar la posición de un diario o una televisora frente a panoramas políticos venideros.

Las encuestas tienen el objetivo de crear la tendencia, no de medirla, ¿por qué no dejar que los procesos electorales terminen en lo que tengan que acabar? ¿por qué tratar de influir generando ese ambiente de falsos triunfalismos? Se tiene tan poca capacidad de análisis que se cree que a nadie le gusta estar con el perdedor, por eso resulta fácil decir con simpleza que cierto candidato ganará, y el ejemplo de la crisis de la democracia en base a sondeos se representó en la pasada elección norteamericana.

Es bastante divertido que el día después salgan los medios a explicar por qué se equivocaron con ese tufo de conocimiento científico con que les gusta hablar. Para no parecer idiotas, los analistas que se equivocaron toman un tono petulante y minimizan todos aquellos factores que le dieron la victoria al que no ganaría en las encuestas.

En el caso contrario, está la manera como el cineasta norteamericano Michael Moore pronosticó acertadamente la victoria de Donald Trump cuatro meses atrás. Sin hacer mediciones ridículas, Moore echó a andar su tremenda capacidad de análisis para leer de manera cualitativa la atmósfera política. Y sin ocupar métodos científicos explicó por qué Trump ganaría. Analizó el eje del discurso de Trump que impactaría directamente en estados sumamente industriales; analizó la personalidad de Hillary y su desgastada imagen; analizó el abstencionismo y la motivación de los votantes; analizó de forma acertada todo lo que terminó pasando. Trump ganó las elecciones por encima de las encuestas.

Resulta más eficiente tener esa capacidad de leer lo que pasa en el entorno. Las encuestas son el mal de las democracias, la simplificación tecnológica en el análisis de datos no toma en cuenta la complejidad que termina siendo emitir un voto; sí, esa simpleza con la que se tacha una boleta electoral es un complejo acto que va más allá de medir tendencias electorales. Que nos sirva de experiencia, el 2018 es un punto en la historia política de México que no se podrá analizar con las encuestas patito que harán los principales diarios de México.

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