La decadencia de la democracia liberal: ¿el fin de la Historia?

Una de las premisas más importantes de la última década del siglo XX fue la que hizo Francis Fukuyama en su ensayo más polémico “¿El fin de la Historia?” (2015, publicado originalmente en 1989), que con el colapso del comunismo en la Unión Soviética [URSS] afirmaba “Lo que podríamos estar presenciando no es simplemente el fin de la Guerra Fría o la desaparición de un determinado período de la historia de postguerra, sino el fin de la historia como tal: esto es, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano” (p. 40). Su principal postulado era que la democracia liberal como modelo de gobierno había logrado vencer a las formas de gobierno del “corto siglo XX” -término que utiliza Eric Hobsbawn (1994) en su libro “Extremes. The shorttwentiethcentury1914-1991”- las dictaduras, el fascismo y en mayor importancia el comunismo.
Contemplando que han pasado 37 años desde la caída del muro de Berlín, la derrota del comunismo y la desintegración de la URSS, su postulado sobre que todos los países tarde que temprano, tendrían una transición a la democracia liberal, siguiendo el modelo de occidente y que era el último proyecto al que debería de aspirar la humanidad, no logró dar respuesta a las demandas de las sociedades del siglo XXI y peor aún, generó que viejos enemigos del siglo XX regresaran con mayor fuerza: el populismo y el nacionalismo.
Aquellas ideas de la democracia liberal que generarían un período de paz, prosperidad y libertad para el “nuevo orden global” que nacía en 1989, parece que cada vez muestran más una decadencia que el triunfo que proponía Fukuyama. El aumento de los gobiernos populistas o nacionalistas, el resurgimiento de grupos supremacistas blancos, el proteccionismo económico -aranceles, bloqueos y sanciones económicas- y el genocidio que se está llevando en Palestina, hacen creer que el liberalismo económico y la democracia como modelo político-económico, en la práctica no tuvo un efecto duradero para generar tiempos de estabilidad y paz.
En efecto, la crítica a la democracia liberal es una crítica al sistema político estadounidense, en específico a su política expansionista e imperialista, que en palabras de Noam Chomsky en su libro “Sobre el poder y laideología” (1988) es “la mayor preocupación de la política exterior estadounidense es la de garantizar la libertad para robar y explotar” (p. 10). Cuando algún país decide no alinearse o someterse a las políticas estadounidenses, se convierten automáticamente en enemigos de la “democracia” y la manera de resolver el conflicto por Estados Unidos es por medio de la guerra, muerte y destrucción -Afganistán, Irak, Siria, Libia, Palestina (ayudando al Estado de Israel) y recientemente a Irán, como algunos ejemplos de intervención que han llevado en el siglo XXI, pero la lista es larga.
Ante este escenario de caos político, el aumento de gobiernos nacionalistas en Europa, la presencia de líderes populistas en América Latina y el presidente Donald Trump que se cree comandante del mundo, donde se genera una política de un “ellos” vs “nosotros” y su retórica que llama al odio, exclusión y miedo; hoy más que nunca es necesario pensar en los desafíos que se tienen para seguir peleando por los ideales democráticos, no es una crítica a las libertades políticas, sino, el papel que ha tenido el liberalismo económico dentro de las democracias y que solo ha beneficiado la política expansionista de Estados Unidos. No fue el final de la Historia, sino la perpetuación del imperialismo estadounidense.



