Opinión

La decadencia

Por: Daniel Muñoz Vega

La decadencia del sistema político tiene una lógica: pedir tu voto ante la situación actual que vive México, resumida en recortes económicos al gasto social y falta de crecimiento, en el desolador panorama de inseguridad ante el aberrante funcionamiento de nuestras instituciones públicas y la evidente y desbordada corrupción en todo el aparato del estado. A lo único que puedes aspirar es a ir a tachar a alguien en una boleta sabiendo de antemano que representa otros intereses que no son los tuyos.  Sólo queda ir a votar nuevamente por la paradoja, es decir, los que han llevado a este país a semejante circunstancia son los mismos que nos prometen que esto va a cambiar.  Esto representa el total agotamiento de nuestro sistema de partidos, ir a votar significa seguir dándole vida algo que ya nos resulta perjudicial.

A finales del mes de enero, un grupo de investigadores de la UNAM, de la Universidad Iberoamericana y del Colmex, llevaron a cabo un foro titulado “entre los ecos de la violencia y las movilizaciones sociales”, donde concluyeron, tomando como contexto la actual situación, que estamos ante las peores clases políticas de la historia contemporánea. Ivonne Acuña Murillo, doctora en Sociología del Colmex, afirmó que cuando la ciudadanía o parte de ella constata que votar no sirve para nada, la democracia está en tensión y en riesgo. Ya vemos la avalancha de spots propagandísticos donde tratarán de persuadirnos. El dinero de las campañas, es dinero tirado a la basura. Sí bien es claro que el abstencionismo siempre será debatible, nunca había encontrado mayor número de razones para no votar que para hacerlo. El abstencionismo hoy es una clara manifestación de protesta, siempre y cuando se realice de manera masiva.

¿Cómo podríamos entender a una clase política decadente? Podrían teorizarse miles de maneras para comprender la putrefacción del sistema, pero un simple video que se hizo viral en redes sociales y que dura menos de un minuto, lo explica todo. Los integrantes de la banda El Recodo, quienes lucen camisa negra y saco amarillo, son los encargados de amenizar la fiesta de cumpleaños del Presidente Municipal de San Blas, Nayarit, Hilario Ramírez Villanueva. El dato es contundente, quince millones de pesos gastados en el festejo. Se compraron 50 mil cartones de cerveza y se cocinaron cincuenta cabezas de res para hacer birria. Datos de la prensa afirman que el solo presupuesto anual para seguridad pública del municipio es de 15.9 millones de pesos.

Los datos podrían explicarlo todo, pero no, ¿Qué mas podría ser nota en el festejo del polémico alcalde, quien para llegar al puesto nuevamente dijo que en su anterior gestión sí había robado pero poquito? La noticia se hizo viral por la escena donde, el festejado, baila con una mujer a la cual le levanta dos veces la falda frente a una multitud que se escucha alborotada entre risas y carcajadas.  Decadencia total, tanto del que ejerce el poder como de quienes asisten a recibir las dádivas de un engreído elevado al rango de Dios.

No sé si los mexicanos hayamos visto todo, o no sé qué más necesitemos ver para entender de manera profunda y clara lo que es la clase política en nuestro país. Cuando no hay mucho entendimiento, cuando no vemos con claridad, cuando se tiene nula capacidad crítica y de análisis, es cuando el pueblo se desborda para ir a un baile, patrocinado por el gobernante, a comer y a beber gratis, a costa de endiosar y empoderar más al déspota.

Desde que tengo uso de razón, he escuchado sobre la decadencia de nuestro sistema político. De 1988 a 1994 fuimos testigos de un priismo arraigado que siguió con la construcción comenzada durante el sexenio anterior de un nuevo modelo económico. Si bien la corrupción ya era exorbitante, el nuevo modelo empoderó a una clase empresarial que llegó con ganas de repartirse el gran pastel que era México. Tener al hombre más rico del planeta en medio de una base de sesenta millones de pobres, ¿no es vivir en un sistema decadente? 1994 fue el monumento a la decadencia del sistema político: guerrilla, crímenes, narcotráfico y crisis económica fue el saldo de la implementación de ese novedoso modelo. Veintiún años después ¿podríamos decir que México está mejor? no. Hemos perdido oportunidades de cambios y hemos consolidado el actual régimen de privilegios con demagógicos discursos y simulada transparencia. Los que cargaron con la bandera de la democracia y la alternancia en el año 2000, fueron tan corruptos como los que dejaron el poder.

¿Somos los ciudadanos responsables de la decadencia de nuestro sistema político? sí, somos los encargados de degradar nuestro sistema cultural. Navegamos con la idea de que nada se puede hacer. La única forma de cambiar el contexto no es por medio de las urnas; lo que hay que hacer es organizar y plantear nuevas formas de vivir, hacer política desde abajo; es decir, encontrar nuevas formas de consumo, de justica, de movilidad, de sustentabilidad, de solidaridad para que hagamos esto habitable, equitativo y estable.

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