Opinión

La democracia cubana ¿Una experiencia valiosa para América Latina?

Por: Martagloria Morales Garza

Ayer en la primera plana del periódico, apareció la declaración de Alejandro González Iñárritu, cuando le entregaron el Oscar a la mejor película por su trabajo en Birdman, quien dijo; “Ruego porque nuestro país encuentre al gobierno que merecemos”. Más abajo, en la misma primera plana, este comentario se combinó con la declaración del aún Presidente uruguayo José Mújica, quien afirma que el capitalismo ya llegó a su fin y ahora es el tiempo del Socialismo Democrático.

¿Cómo sería un socialismo democrático?

La democracia en América Latina es de muy mala calidad básicamente por tres motivos; porque las instituciones democráticas son muy débiles, porque los poderes fácticos son muy poderosos y porque los ciudadanos no están organizados y en buena medida están desinformados y son apáticos en relación con la política.

Obviamente el caso de México no es la excepción, incluso actualmente el nivel de corrosión  en las instituciones democráticas es de tal magnitud que los ciudadanos han perdido las esperanzas,  y eso es un aliciente muy importante  para los gobiernos autoritarios.

Cuba es sin duda un país socialista, quizá el único que subsiste en el mundo. Para sus detractores es autoritario y para sus defensores es democrático.

Los que lo acusan de ser autoritarios enfatizan sobre todo en la falta de libertad de expresión, y quienes aluden a su carácter democrático hablan de la extensión de los derechos humanos de tercera generación, es decir los derechos económicos; vivienda, salud, alimentación y educación, todo ello garantizados por el Estado y gratuitos.

¿Quién tiene la razón? Como siempre, la respuesta no es fácil.

La libertad de expresión es la piedra angular de la concepción democrática de occidente, y ciertamente esta no existe como tal en Cuba, pues no existe la propiedad privada[1] y los medios de comunicación son del estado, tanto los medios impresos que hay varios como los electrónicos[2].

Lo que sí existe en Cuba es un sistema electoral con elecciones cada 2 años y medio, a través de las cuales se elige a los poderes populares municipales, provinciales y cada cinco años a la Asamblea Popular Nacional.

Cualquier cubano mayor de 16 años puede votar y ser votado para convertirse en delegado municipal y provincial y deberá tener 18 para ser diputado nacional.

En estricto sentido, es un sistema parlamentario pues para ser parte del gobierno se requiere ser delegado o diputado nacional. Una de las ventajas del sistema cubano es que no hay partidos, los ciudadanos solo se registran para ser candidatos y son votados y si alcanzan la mitad más uno de los votos de su respectiva circunscripción serán delegados.

Las campañas son reuniones con los vecinos de la circunscripción en la cual son electos y por lo tanto no se requiere campañas en el estricto sentido de la palabra, pues es como si te eligieran en tu barrio, los vecinos saben quién eres, de quien eres hijo, lo que haces lo que estudias y sobre todo como te comportas, y en función de ello de apoyan o no.

Para los funcionarios electos no hay salarios diferentes, sólo se obtiene el mismo que ya se tenía, y lo que sucede es que se te comisiona para el puesto público que se ocupará durante los siguientes años. No hay separación entre la vida pública y la privada. Aunque hay oficinas públicas, en realidad un delegado pertenece a su barrio y es ahí donde los ciudadanos lo buscan y le plantean los problemas o las propuestas y él es el responsable de plantearlas en la Asamblea Municipal.

Como no hay salario adicional o diferente por ser funcionario público, no existe profesionalización de la política, algunos delegados se reeligen, se puede hacer, y otros no. En las últimas elecciones sólo se reeligió el 40% de los delegados y de los diputados.

La actividad política en Cuba parece más bien como un compromiso con la comunidad y con la sociedad, pues su salario es una aportación de la empresa, o de la institución en donde labora.

La otra debilidad de la democracia en América Latina y en México es el bajo nivel de organización de la sociedad y su bajo nivel de información y de interés por la política. Esto también está resuelto en Cuba, los ciudadanos son altamente informados, en primer lugar porque la educación es totalmente gratuita y el nivel de escolaridad promedio es muy alto, pero además porque desde el inicio de la revolución se fomentó la organización de base territorial y en los centros de trabajo.

Este modelo incluye prácticamente a toda la población y el nivel de participación es muy alto. En 2008, Raúl Castro llamó a todas las organizaciones sociales a la reflexión sobre el sistema económico cubano,  a discutir los problemas económicos de Cuba y a plantear soluciones.  Me toco estar en la Isla durante este proceso, fue muy impresionante, durante un mes, todos los centros de trabajo, todas las organizaciones de barrio y todas las organizaciones gremiales fueron convocadas y discutieron y emitieron un documento. A partir de las reflexiones de los ciudadanos el gobierno hizo un documento el cual fue nuevamente llevado a las organizaciones sociales y ellas lo revisaron y lo aprobaron con modificaciones, todos los cambios recientes en el sistema económico cubano estaban entre las propuestas de los cubanos.

Esto evidentemente legitima al sistema político cubano y a sus autoridades, es decir les consultan y hacen lo que la gente opina, aunque claro no a la velocidad que los cubanos querían. Pero al final, el sistema está cambiando fuertemente por lo menos en el ámbito económico.

Ciertamente la cereza del pastel es la libertad de expresión, la cual existe pero en una escala muy limitada, pues no hay acceso a internet para toda la población, los medios de comunicación son del estado y no hay medios privados.

Los poderes fácticos no son poderosos,  pero en cambio el Estado no tiene límites. ¿Cómo resolver este dilema? Los federalistas norteamericanos estaban tan preocupados por evitar que el Estado no respetara los derechos de los ciudadanos, que otorgaron más derechos a los particulares que a la nación misma.

Los gobiernos socialistas están tan preocupados por los poderes fácticos y el poder de manipulación que el dinero otorga, sobre todo en poder de los medios de comunicación,  que los volvieron del estado.

En este contexto deben ser analizados los casos de Edward Snowden  en Estados Unidos y el caso de Antonio Ledezma, alcalde mayor de Caracas en Venezuela.

Como resolver este dilema; quizá en una sociedad tan escolarizada, tan organizada y tan participativa en la vida pública como la cubana, el acceso general a las redes sociales por internet, que parece que ahora se podrá lograr con la nueva relación con EEUU y con la propuesta de inversión extranjera en esta rama de la economía, pudiera ser una forma de tener libertad de expresión sin crear poderes fácticos que luego son tan difícil de detener y que socaban tan profundamente la democracia como la propia ausencia de la libertad de expresión. Quizá es el tiempo que Cuba inicie una reforma en este ámbito y que abra sus puertas a esta opción de comunicación entre pares, procurando evitar que los intereses norteamericanos y privados penetren de manera decisiva por esta vía.

Fuera de esto, el modelo de democracia cubana debe ser reflexionado, la base territorial de la elección tiene muchas ventajas porque los candidatos siempre serían conocidos por la comunidad a la que representaría y se podrían evitar las campañas, el mantener el salario de la empresa donde trabaja me parece que pudiera ser un aliciente para evitar el distanciamiento de los políticos de la sociedad que representan y para evitar también el deseo de profesionalizarse en la política.

El sistema parlamentario tiene ventajas sobre el sistema presidencial, pues lo hace más sensible a los cambios de posición de los electores, pero además torna colectivo el ámbito de la toma de decisión.

Si queremos encontrar el gobierno que merecemos debemos buscarlo, y es ahí donde la reflexión sobre lo que existe resulta valioso.


[1] Recientemente, como parte de los cambios en el sistema económico se ha reconocido la existencia de la propiedad privada para ciertos ámbitos de la economía pero siempre en muy pequeña escala.

[2] Entre los medios impresos existe una amplia variedad, algunos de ellos son más oficiales que otros, hay revistas críticas tanto académicas como de difusión, pero todos son propiedad del estado y por lo tanto regulados por este.

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