Opinión

La democracia y sus retos: la armonización de los derechos humanos

La política y la ciencia

Por: Martha Gloria Morales Garza

El proceso de construcción del Estado moderno, que hoy denominamos democracia, surge para derrocar a las monarquías absolutas. Este proceso, sin embargo, tuvo varias rutas; una de ellas, la más famosa, la revolución francesa; las otras dos son el modelo inglés, las monarquías constitucionales y el modelo pactista español.

De tal manera que el Estado Moderno surge con la idea de derrocar una forma de organización política: las monarquías absolutas, y una forma de organización económica: el feudalismo. Esto da origen al capitalismo como forma de organización económica dominante, y a varias formas de organización política, la democracia y las monarquías constitucionales.

En este artículo trataré solamente el caso de la revolución francesa. Esta revolución abarca un periodo comprendido entre 1789 y 1799. En la primera etapa de la revolución se aprueba, por la Asamblea Nacional, el documento denominado “ La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano”, en 1789, y la primera Constitución de Francia, en 1791.

“La Declaración” constituye el prefacio de la Constitución y es el símbolo del nuevo modelo de organización política de la democracia mundial. En este sentido, es un documento histórico.

Esta Declaración está integrada por 17 artículos, donde se plantean los derechos naturales del hombre; la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión; se plantea que la fuente de la soberanía es la nación y se plantean la libertad, la igualdad y la tolerancia como los pilares del nuevo régimen político.

Con este marco de referencia, quiero tratar de entender o quizá platear hipótesis sobre lo que está sucediendo en Europa oriental y occidental, a partir del 7 de enero del 2015, cuando se sucede el asesinato de doce personas, entre ellos los caricaturistas y editores del semanario Charlie Hebdo. Me refiero al conjunto de manifestaciones masivas, a favor y en contra de este suceso, tanto en Francia y en toda Europa occidental y oriental.

El argumento de los asesinos es que el semanario faltaba el respeto al profeta Mahoma, y en las manifestaciones en Chechenia gritaban “nadie quedará impune a la falta de respeto al profeta”.

¿Cómo armonizar la Libertad de expresión consagrada en los artículos IV y XI de la Declaración de Derechos antes citada, con la tolerancia, consagrada en el artículo X, entendida como el respeto a las creencias de los otros?

La libertad, como está planteada en “La Declaración”, no es absoluta y sin límites, el propio artículo IV dice “el uso de la libertad no puede causar perjuicio a los demás, no puede molestar a los demás en sus opiniones y creencias.

Por supuesto, esto no pretende ser una justificación al uso de la violencia y del asesinato, sino una reflexión en torno a la necesidad de ponderar los límites de la libertad de unos, frente al respeto de las creencias de los otros.

Una libertad sin límites es tan fanática como una creencia que se supone absoluta y verdadera. Lo que está pasando en Europa es el choque de dos fanatismos, los que pretenden que la libertad es absoluta, y los que pretenden que su creencia es la única y verdadera; cada una de las partes cree en su verdad y con esto se rompe el pacto de la democracia.

La democracia muestra signos de derrumbe en su cuna, no sólo en la periferia, y esto es grave. Armonizar los derechos, no sólo los expresados en el documento revolucionario, sino todos los derechos denominados de segunda y tercera generación, es el gran reto de la democracia actual.

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