Opinión

La docencia y las enfermedades profesionales

Por: Ángel Balderas Puga

En el pasado número de Tribuna de Querétaro dimos algunos elementos de reflexión acerca de las enfermedades profesionales, es decir, aquellas enfermedades que se derivan del tipo de empleo que uno desarrolla. En la Ley Federal del Trabajo, en el artículo 513 se enumeran toda una serie de enfermedades. Por ejemplo, los trabajadores de la industria textil pueden desarrollar afecciones como neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas, precisamente por la aspiración de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral.

La docencia, una profesión compleja

Visiones simplistas fuera del mundo escolar, como por ejemplo la de grupos como “Mexicanos Primero” (que promovió el documental “¡De panzazo!”) consideran a la enseñanza como una actividad fácil. En cambio, en ambientes especializados (por ejemplo, en el National Research Council de los Estados Unidos) se reconoce cada vez más que la enseñanza es un proceso bastante complejo que implica interacciones no banales entre el docente, los estudiantes y el saber.

Para ilustrar parte de la complejidad de tal proceso consideremos un caso específico: la enseñanza de la matemática. El Sistema de Enseñanza de la Matemática (SEM), a nivel internacional mantiene toda una serie de relaciones con otros sistemas y otras disciplinas. El SEM está formado por cinco grandes áreas: la formación docente; el desarrollo curricular; las clases; textos y materiales didácticos; y la evaluación.

Una visión ingenua de la enseñanza de la matemática, aún hoy bastante difundida en muchos ambientes, sostiene que para enseñar matemáticas basta saber matemáticas, visión que, desde inicios de los años ochenta del siglo pasado la investigación en didáctica de la matemática ha desmentido mediante pruebas empíricas.

Los docentes de matemáticas que hacen bien su trabajo deben saber matemáticas pero también epistemología y filosofía de las matemáticas, historia de las matemáticas, pedagogía, psicología, sociología, lingüística, ciencias naturales e informática además de considerar también los nuevos aprendizajes de una sociedad dinámica.

Evidentemente, las consideraciones anteriores, con las naturales adecuaciones son válidas para la didáctica de otras ciencias como la física, la química o la biología pero también para las ciencias sociales.

Dentro de las enfermedades profesionales del docente, en el artículo anterior, dimos datos acerca del síndrome del burnout y mencionamos las causas que provocan tal síndrome en los profesores. Revisamos ahora algunas de ellas con un poco mayor de detenimiento.

Grupos demasiado numerosos

Una de las causas de tener grupos numerosos, además de la masificación de la educación, es la baja inversión por parte de nuestros gobiernos. Esta situación aumenta el desgaste de los docentes.

Sólo por poner un ejemplo.

En una de mis investigaciones sobre el trabajo docente con uso de instrumentos informáticos entrevisté a profesoras mexicanas e italianas de nivel medio superior. Ante la pregunta “¿cuántos estudiantes atiende al día?” una profesora queretana del Colegio de Bachilleres señaló 50 estudiantes por grupo y atendía ocho grupos diarios, por lo que de manera cotidiana tenía que trabajar con 400 estudiantes, lo que implica un desgaste excesivo y una imposibilidad de poder rendir lo mismo con los últimos grupos atendidos durante el día.

Al mismo tiempo, una profesora italiana se quejaba del “número excesivo” de alumnos. Atendía sólo tres grupos diarios con 25 estudiantes cada uno, 75 estudiantes contra los 400 que tenía que atender la profesora mexicana.

Con una diferencia sustancial entre ambas profesoras. En Italia prácticamente todos los docentes son de tiempo completo con un salario mensual promedio de 37 mil pesos mensuales contra los ocho mil pesos que ganan profesores mexicanos por hacer el mismo trabajo, casi ¡cinco veces menos!

La precariedad laboral

Entre los factores profesionales que provocan el síndrome del burnout se halla la precariedad laboral.

En este caso se hallan, por ejemplo, los profesores contratados “por honorarios”. Tienen bajos salarios (hasta 30 pesos la hora para docentes con un posgrado) y ninguna prestación laboral (sin seguridad social, sin aguinaldo, sin pago de vacaciones, sin una jornada laboral máxima, sin derecho a jubilación, sin trabajo estable, sin prima de antigüedad, sin derecho a capacitación, sin acceso a créditos sociales para vivienda, sin derecho de preferencia, sin derecho a asociarse en sindicatos y gozar de un Contrato Colectivo de Trabajo, sin derecho de hacer huelga para defender sus derechos laborales, sin pago de tiempo extra, sin pago de días de descanso, etcétera). Es natural que en estas condiciones el estrés, la incertidumbre y el desgaste físico atentan fuertemente contra la salud del profesor.

Y esta situación, desgraciadamente, se agudizará con la reciente contrarreforma laboral impuesta por el PRI y por el PAN incluso a sus propios electores, los que fueron engañados durante la última campaña electoral, pues ahora los legisladores sacan una agenda oculta que, en caso de haber mostrado, les habría impedido obtener una curul.

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