Opinión

La elección del Rector: lecciones para los universitarios ¡Qué pena!

Por Martha Gloria Morales Garza

Qué pena, tenía razón el Rector cuando afirmó en Consejo Universitario, ante una pregunta expresa de un estudiante de Psicología, que la Universidad es reflejo de la sociedad.

Mi pensamiento normativo, o quizá mi idealismo, me llevó a refutar su afirmación y decir que la Universidad es la luz en la oscuridad, el punto de referencia de la sociedad para orientar su cambio.

Siguiendo el pensamiento de Barrios Sierra siempre he pensado que la Universidad es el espacio de creación no sólo de nuevo conocimiento sino también de nuevas prácticas. Las aulas son un espacio de formación, no sólo de obtención de habilidades y de conocimientos sino sobre todo un espacio formativo.

Más de 30 años dedicados a la enseñanza universitaria y vengo a darme cuenta de que no es así, de veras que soy lenta e ingenua…

La elección de rector ha sido todo un espectáculo.

A pesar de que hay propuestas; por lo menos dos visiones de la Universidad: una que propone seguir el mismo camino y otra que nos llama a afrontar los nuevos retos, que nos propone cambiar de rumbo para hacer de la Universidad un espacio de construcción de vínculos con la sociedad. Un proyecto que ofrece “experiencia” y otro que ofrece el cambio.

A pesar de esto, no hay debate de ideas, no hay reflexión; unos arrinconados en la inacción porque el proyecto no representa sus expectativas y otros porque ni siquiera han leído las propuestas, ni siquiera asistido a las presentaciones.

Otros también arrinconados, pero en el activismo, para promover a uno de los candidatos, pero sin capacidad para debatir, sólo para hacer campañas negativas, que aunque no permean a la base universitaria, sí descalifican a quienes las hacen y a quienes las promueven.

Los menos, reflexionando con la comunidad sobre cómo hacer para que la Universidad se convierta en un espacio democrático y generador de nuevos conocimientos para realmente hacer de la Universidad la luz que la oscuridad de nuestro país requiere.

La elección del Rector, aunque gane el de nuestra preferencia, no significa que las cosas cambien, el cambio lo haremos nosotros, pero con la diferencia de que elijamos a alguien que lo impulse o a otro que lo frene, ésa es la diferencia.

Las campañas negativas expresan la pobreza de pensamiento de quienes las promueven, qué pena que no podamos debatir, que no podamos pensar en algo mejor que lo que tenemos. Qué pena que pensemos que somos el reflejo de una sociedad marchita, atrapada en un discurso democrático sin fondo, con prácticas clientelares y corruptas que todos los días se manifiestan en la sociedad, desde la mordida hasta la corrupción inaudita de los tribunales para impartir justicia. Qué pena que nos quejemos de tener políticos de cuarta que dicen representarnos y que en realidad no hacen más que representarse a sí mismos y que permitamos repetir los modelos de elección de la sociedad en nuestra Universidad, ¡Qué pena!

Los candidatos son, sin duda, universitarios comprometidos, pero con diferentes visiones de la Universidad, todas ellas respetables pero al mismo tiempo elegibles, es nuestro trabajo decidir, no que decidan por nosotros, que no intenten o logren comprarnos con promesas vanas. ¿Cómo es posible que sigamos pensando que el voto es una mercancía que se vende y se compra? ¿Cómo es posible?

*Profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro. Email: garza@uaq.mx

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