La encrucijada de la oposición pólitica en México

El enojo de la oposición política contra todo lo que sea o huela a Morena es grande e inocultable. Es muy evidente que les molesta la llamada Cuarta Transformación.
Sin duda, hay varios elementos que explican este enojo. Uno de ellos, tal cual sostenía López Obrador, se debe al fuerte cariz clasista y racista de la oposición, que no resiste un movimiento que, con todos sus muchos y grandes defectos, en la percepción favorece a las clases populares. Les choca todo lo que huela a pueblo.
Una segunda explicación, también obvia y sostenida por no pocos, es que Morena ha tocado intereses sensibles, principalmente aquellos ligados a la connivencia entre el poder político y el económico, desnudando y desbaratando algunos de los negocios hechos al amparo del poder público. Cierto, pero tampoco Morena ha sido una revolución que haya acabado con todos los intereses, ni tampoco es claro que no se haya podido acomodar a esta connivencia. Creo que algunos personajes del partido oficial le saben bastante bien a este oficio.
Pero, lo que creo que realmente les molesta es que Morena los arrasó ya dos veces – con miras a volverlo a hacer, según la más reciente encuesta publicada por el Universal, en las elecciones del próximo año – con las reglas que ellos mismos, diseñaron. Y que, según la previsible correlación de fuerzas de la próxima legislatura, no habrá manera de modificar, con lo que la oposición no sólo no compite, sino que se obliga a redefinir, a la baja, sus expectativas.
Desde que empezó la transición a la democracia, las fuerzas políticas debieron generar instituciones que favorecieran al consenso, pero hicieron lo contrario, se empeñaron en mantener instituciones favorecedoras del mayoritarismo. A pesar de que en 2006 estas instituciones – además del injerencismo del gobierno y sus adláteres – casi rompen el sistema político con el conflicto postelectoral. Ahora que les vendría bien tener reglas que los incluyeran, lo que tienen son reglas, que hacen poco necesarios a unos e irrelevantes a otros.
Están en una verdadera encrucijada, de no fácil solución. Necesitan modificar las reglas que ellos crearon, pero no pueden porque no les alcanza. Desde luego, en este escenario, Morena tiene pocos incentivos para equilibrar la cancha. De hecho, como es lógico en el ejercicio del poder, intentara tener más.
Así, lo que vemos es una oposición desesperada intentando desenterrar el conflicto por “la lucha democrática” que se vivió a finales del siglo pasado del que ya nadie, más que algunos intelectuales rancios, se acuerda. Y por eso recurren a cadáveres políticos como los expresidentes Zedillo y Fox. ¿Quiénes serán los siguientes muertos a resucitar, los Salinas -Pliego y de Gortari-?



