Opinión

La falacia de la eliminación de diputados plurinominales

La política y la ciencia

Por: Martha Gloria Morales Garza

El 26 de agosto, el presidente del PRI, César Camacho, anunció la intención del PRI de someter a una consulta popular la propuesta de eliminar 100 diputados y 32 senadores de representación proporcional. Retomo el argumento de un artículo de la doctora Soledad Loaeza, titulado «De Jesús Reyes Heroles a Alfonso Martínez Domínguez», que apareció la semana pasada en la Jornada.

Más allá de la inconformidad ante proponer otra consulta popular (asunto que, como dice González Llaca, «ya es mitote, ahora todo se quiere poner a consulta popular»), lo que está aquí en la palestra de la discusión es la intensión de disminuir el número de diputados plurinominales.

El argumento de Camacho alude a una forma de disminuir el gasto público como si fuese ésta la mayor fuente de él; cada vez que quieren hacer una reforma política, utilizan este argumento mezquino de «el costo de la democracia» sin ahondar en lo realmente importante: ¿Para qué tenemos a los diputados de representación proporcional?

El PRI tendría que recordar que, antes de desmantelar una institución, hay que saber por qué se construyó. Aludiendo a Reyes Heroles -quién fue el padre de aquella importantísima reforma en 1977-, México y la reforma política (en particular, la de 1977) se proponía captar -y cito textualmente a Loaeza- el complicado mosaico ideológico nacional que el propio Reyes Heroles describió como una corriente mayoritaria y de pequeñas corrientes que difieren de la mayoritaria, pero que forman parte de la nación.

Ahora bien, en la actualidad, las corrientes que difieren de la mayoritaria ya no son tan pequeñas como en 1977. La idea de que la mayoría tiene derecho a imponerse y quitarle derechos a la minoría es algo que se discutió en México y se resolvió en aquel mismo año. La mayoría no puede quitarle derechos a la minoría y la mayoría tiene la posibilidad de tomar decisiones, pero ninguna que altere los derechos de la minoría, porque forman parte de la nación.

A partir de ese momento comienza la configuración de lo que serían los diputados de representación proporcional. La intención de que Reyes Heroles era que la reforma no solamente dotaría a la nación de diputados de representación proporcional, sino que supuestamente estaría asentada sobre la idea de suponer -cito textualmente a Soledad otra vez- que la mayoría prescinde, es decir, no usa los medios encaminados a limitar o constreñir a la minoría e impedirles que puedan convertirse en mayoría.

Estos son dos elementos fundamentales para todos aquellos que piensan que es viable y aceptable quitar a los diputados de representación proporcional», según tres argumentos falaces: primero, cuestan mucho dinero… Todos cuestan. Siendo así, quitemos también a los de mayoría. Dos, no representan a nadie… Ninguno representa a nadie. Tenemos una crisis severa de representación. El tercer argumento dice «nadie los votó»… Eso tampoco es estrictamente cierto; no los votamos a ellos en persona, pero votamos al partido para que los pusiera.

El asunto verdaderamente importante no es el costo, sino que los diputados de representación proporcional son esas minorías que también representan, y forman parte, también, de la nación. No las podemos eliminar. Podemos hacer muchas cosas; por ejemplo, que los partidos que tengan diputados de mayoría no tengan diputados de representación proporcional… Podemos hacer lo que queramos, pero lo cierto es que los diputados de representación proporcional representan a ciertas minorías -nos caigan bien o no nos caigan bien, de derecha, de izquierda o de centro- que no tienen diputados de mayoría o tienen muy pocos, y que se expresan a través de la representación proporcional

Pero, además, el otro gran problema, lo que no ha sucedido en este país (a pesar de que ya casi la reforma -y la democracia- se ha convertido en un acto burocrático): no es cierto que la mayoría prescinde de los medios para limitar a las minorías, no nada más de llegar a ser mayoría, sino incluso para expresarse. El reciente y trágico caso de Puebla así lo comprueba.

Esto habla de que seguimos teniendo la necesidad de diputados de representación proporcional que permitan a la gente presentar las propuestas de la sociedad que no son parte de la mayoría. La mayoría tiene el derecho de gobernar, la mayoría tiene el derecho, incluso, de votar leyes que no compartimos, pero la mayoría no tiene el derecho de eliminar la presencia de la minoría, porque formamos parte de la nación… y esto es lo que significaría quitar, 100, 200 -o los que fueran- diputados de representación proporcional.

La reforma política es quizás uno de los temas más importantes que están logrando una centralización de la política y la concentración del poder de la mayoría; tiene mucho que ver con este tema, aparentemente marginal (aunque probablemente no se va a aprobar). Otra vez, el tema de la eliminación de los diputados plurinominales manifiesta la intención subrepticia del PRI de volver a una época dorada donde no había necesidad de negociar, no había que aguantar a los maestros del SNTE que protestaran, ni nada. Ellos eran la mayoría y tomaban las decisiones solos. La reforma política, entonces, tiene muchos rasgos que nos hacen pensar en este proceso de la centralización del poder.

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