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La fetichización del Parque Libertad en el pueblo de Felipe Carrillo Puerto, Querétaro

¿De dónde vienen las cosas que usamos y a dónde van a parar cuando las desechamos?; ¿qué le pasa a la naturaleza y a las personas, en todo el proceso? Éstas son preguntas que han guiado varios proyectos de la Casa de la Vinculación Social, de Felipe Carrillo Puerto, Querétaro, y que se inspiran en el concepto de “fetichización de la mercancía” de Carlos Marx.

Este concepto permite reconocer cómo en nuestra sociedad de mercado solemos ver los objetos que nos rodean o usamos, desligados de los procesos que les dieron origen. En otras palabras, los tratamos como si estuviesen sueltos; como si hubiesen aparecido ante nuestros ojos en un “tris”, como por acto de magia; como sucede con esos niños que responden “del super” a la pregunta: ¿de dónde salió este litro de leche?

Annie Leornard expone muy bien esta desconexión de las cosas con respecto a sus productores, en su documental: “La historia de las cosas” (YouTube); también el poeta Bertolt Brecht, cuando pregunta: “¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas? En los libros aparecen los nombres de los reyes, ¿pero acaso fueron ellos los que acarrearon las piedras?”, o la feminista Katrine Marc, en su libro “¿Quién le hacía de cenar a Adam Smith?”.

Revisar la historia de las cosas, de los espacios y de los sujetos que les dieron lugar, o husmear lo que sucede tras bambalinas, es un aprendizaje fundamental, para comprender las reacciones de la gente que pueden parecer “desconcertantes”, para quienes no conocen su contexto.

Esto viene al caso, pues, como comenté en mi artículo anterior, los pobladores de Felipe Carrillo Puerto están sufriendo un nuevo despojo, ya que el Municipio de Querétaro se apropió de casi la mitad del “Parque Libertad” (espacio por el que la población luchó por más de 30 años), para construir en él un CIBA (Centro Integral de Bienestar Animal (o “perrera” como le llaman los vecinos). Lo hace en el mismo lugar en donde se había proyectado un auditorio para la promoción cultural, la organización comunitaria y para albergar a la “Banda sinfónica infantil de viento Vivache”, patrimonio cultural de Carrillo Puerto.

Es una pena que Luis Bernardo Nava, que conoce bien la historia, la haya olvidado tan pronto y no haya informado a los funcionarios y voluntarias cuidadoras de los animalitos, que ahora consideran ese espacio como “su proyecto” (luego de cuatro años de ocuparlo). ¿Por qué apenas ahora reaccionan los carrillenses? Porque, a pretexto de la pandemia, trabajaron a puerta cerrada, sin dar aviso ni consultar a la población y, a penas ahora que entran grandes máquinas, se tiran árboles y se construye una barda divisoria, queda al descubierto lo que ahí sucedía.

Los llamados “invasores” por los carrillenses están muy desconcertados ante su extraña reacción de rechazo, pues se reconocen como profesionistas serios que hicieron “un diseño de primer mundo, para dignificar al pueblo de Carrillo” (sic), que además “traerá desarrollo al lugar” (sic); creyendo que “el diálogo los llevará a enamorarse del nuevo proyecto” (sic). Hace más de 50 años, lo mismo dijeron a los carrillenses, los gobiernos que abandonaron al campo en favor de la industria, obligando a emigrar a sus agricultores; lo mismo les dijeron los industriales que los despojaron de su agua y la regresaron altamente contaminada, y arrasaron con sus milpas y campos de flores para colocar enormes planchas de cemento para sus fábricas y plazas comerciales.

Es una pena que quienes toman decisiones en nuestro municipio no conozcan los lugares que gobiernan ni puedan entender, por qué los pobladores dicen NO a su invitación a “dialogar”. ¿Se puede dialogar con quien sólo espera que su interlocutor acepte su imposición?

Si los funcionarios pudieran presentar un proyecto suficientemente convincente que devuelva a Carrillo las áreas verdes que la industria le arrebató y que resarza el daño por el nuevo despojo, los afectados aceptarían dialogar.  Pero si “la obra no va a parar, pues el municipio ya firmó contrato con la constructora” (en asignación directa, sin licitación) y la alternativa sólo es “dar mantenimiento al parque” (lo que es obligación municipal), ¿qué ganan los carrillenses?

Desde el privilegio que da el poder, es fácil pretextar que “esta gente no quiere progresar, ni sabe dialogar”. 

Se activa una bomba de tiempo para la nueva administración; algo más que una “papa caliente”. 

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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