Opinión

La figuración del padre

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

@rivonrl

PARA DESTACAR: Un padre es muchos padres en la mente de sus (los) hijos; si un mismo padre es muchos padres en la mente de un solo hijo (tiempo y circunstancias lo resignifican constantemente), qué no será cuando la red humana en la que se despliega la paternidad incluye otros personajes.

La figura del padre, las múltiples figuras del padre tienen una densidad inabarcable en la vida personal y más aún, en la dinámica de lo social. Un padre es muchos padres en la mente de sus (los) hijos; si un mismo padre es muchos padres en la mente de un solo hijo (tiempo y circunstancias lo resignifican constantemente), qué no será cuando la red humana en la que se despliega la paternidad incluye otros hijos, la madre-esposa, abuelos, hermanos (la familia ampliada), los amigos y enemigos.

El afán de comprender tal complejidad ha dado pasos firmes pero lentos. Así, de la descripción clasificatoria se brinca a la prescripción aspiratoria: padres ausentes, presentes, abdicantes, huidizos, desinteresados, reaparecidos, tradicionales, ambivalentes, padres nuevo modelo, padres igualitarios (para los que la paternidad ya no es un poder, sino un servicio y una relación, paternidad que hay que promover desde lo cotidiano hasta las políticas públicas). El padre amo, el padre patrón-educador, el padre periférico, etc.  (Luis Bonino)

Forzando aquí la presencia de Octavio Paz, no puede faltar el “padre académico de las ideas sobre paternidad”, padre que, a veces sin matices, a veces encubierto, te dice con frecuencia la frase “yo soy tu padre” (porque ‘yo sé más que tú’, porque mi causa ennoblece tu vida), así, sin ningún sabor paternal, ni para protegerte, resguardarte u orientarte, sino para imponer superioridad, para humillar. Síntesis de  agresividad y violencia, impasibilidad invulnerable.

La mayoría llegamos a la paternidad sin experiencia, o con la confusa experiencia de lo que vimos en la casa nuestra y la de nuestros amigos,  aprendimos a ser los padres que somos guardando culpas y remordimientos en costales de lo que debió haber sido padres a costa de grandes esfuerzos, a costa de dolorosos fracasos.

Con íncipits y éxipits ejemplifiquemos parte de lo dicho:

(No menciono los autores a propósito)

 

UNO

Queridísimo padre:

Hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe darte una respuesta, en parte precisamente por el miedo que te tengo, en parte porque para explicar los motivos de ese miedo necesito muchos pormenores que no puedo tener medianamente presentes cuando hablo. Y si intento aquí responderte por escrito, sólo será de un modo muy imperfecto, porque el miedo y sus secuelas me disminuyen frente a ti, incluso escribiendo, y porque la amplitud de la materia supera mi memoria y mi capacidad de raciocinio.

Como es natural, las cosas no pueden encajar unas con otras en la realidad como encajan las pruebas en mi carta, la vida es algo más que un rompecabezas; pero con la corrección que resulta de esa objeción, una corrección que no puedo ni quiero exponer con detalle, se ha llegado, a mi juicio, a algo tan cercano a la verdad que nos puede dar a ambos un poco de sosiego y hacernos más fáciles la vida y la muerte.

 

DOS

Vine a Comala  porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:
-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
-Así lo haré, madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.

-¿Qué entiende usted?
Nada -dije. Cada vez entiendo menos -y añadí-: Quisiera volver al lugar de donde vine. Aprovecharé la poca luz que queda del día.

 

Finalmente, decidir si la fuente más confiable de figuración de paternidades son los padres mismos, o los hijos o las madres o todos juntos, sería una imputación destinada a caducidad, más aún si apostamos por la academia pretendidamente científica en donde encontramos abundantes casos de padres fracasados.

 

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba